¡El 26 vimos… aguas!

Desde que inicié el largo trayecto ubicado entre el Hotel de Lujo en el cual me hospedo (Hotel Mama 5 Estrellas, vale la pena aclararlo, porque los patrocinios de los fieles lectores de este blog no dan para que mi compadre Abadía y yo, nos regodeemos al lado de los matadores y sus espectaculares levantes en los pasillos y habitaciones del Raddison…. TODAVÍA) y la Plaza de Toros, por cuestiones de política intergalácatica, el cielo decidió mandar una gran comisión de gotas embajadoras y consulares a esta ,su Sucursal.

La plaza estaba vestida de de azul y amarillo, pues se desempolvaron las viejas capas que empresas como Voz a Voz y Comcel regalaban en los albores de la comunicación celular (cuando mi madre parecía tener un radio-teléfono en vez de celular) y ni siquiera estas lograron evitar que los aficionados regresaran a su casa emparamados, pues la inolvidable mojada no se sentía solo en la ropa sino también en el huesito del coraje.

El mero macho de Ignacio Garibay -¿será que alguien me puede explicar porque el mariachi Arturo Macías no decidió venir acá?- y no es que confunda los matadores, pero es que Don Garibay se fue en deuda. Me quedé con ganas de ver a un mexicano pero de esos bien charros que no le tienen miedo a nada y no un torero que le faltaron güevitas para pegársele a toro y sacarle los poquitos pases que la mansa bestia podía otorgar. Para rescatar, podríase decir que la buena capa de los mexicanos, pues aunque lo que le vimos a este no fue espectacular, fue mas notoria y vistosa a lo que normalmente vemos en el inicio del tan desvalorado primer tercio.

Lo único para rescatar de la húmeda y fría tarde, pues eso implica una certera diferencia, (húmeda y caliente… ehhhh bueno pues enhorabuena) fue el regreso del colombiano francisco Rivera a su ciudad natal convertido en matador de toros. Yo siceramente no me acordaba de él, pero una vez inició el paseillo desmonterado volvió la imagen del novillerito de la Escuela de Cali… y solo dije: “PÉRDIDAS ESTA TARDE”. Sin embargo el hombre supo pararse frente al toro, ante mis atónitos ojos se había desabrochado el par de patines que don Alfonso VAsquez II le obsequia a cada uno de los chavales que ingresan a la escuela -¿será que está tan dudoso del exito que el patinaje puede ser una segunda opcoión?. Pegó el mentón al pecho y extendió con firmeza las manos de su capote, y este sí, haciendo honor a la escuela donde pasó su último tramo como novillero dejó mejor plantado los suelos y las capas mejicanas que su director de lidia. Con la muleta no estuva nada mal, obviamente con las limitaciones de alguien que torea su segunda tarde como matador de toros, lo cual se comprobó en la suerte suprema, suerte que no manejan quienes poco matan…. Así que señores empresarios a dejar torear a este, de quien tengo la duda, la buena duda.

El Botija

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Archivado bajo Cañaveralejo, Corridas, El Botija

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