Los aficionados exigen…

La verdad no pensaba escribir nada sobre la corrida de rejones en Bogotá, 4ta. de abono. Por múltiples razones, pero sobretodo porque no soy muy del toreo a caballo -me pregunto si se puede llamar toreo en el sentido estricto de la palabra, no sé. Pero cómo siempre lo he creído, uno debe ir a todos y cada uno de los festejos que se celebren, al menos dentro de una Temporada Grande -como acá en Colombia no son muchas, ni muy largas, es algo relativamente posible- porque uno nunca sabe qué se va a encontrar. El mundo de los toros da para todo. Y dio mucho de qué hablar.

Evidentemente, cosa para nada rara, no está relacionado con el rejoneo. De esto poquísimo podemos decir. Simplemente que es, en contadas ocasiones, un bonito espectáculo, vistosísimo para aquellos que no viven la Fiesta. Alguna bonita muestra de buen amaestramiento del caballo, una perseguida larga del toro codicioso, cosas así. Los toros de Dosgutiérrez sacaron la buena cara. El 3ro, en 4to y el 5to fueron buenos toros. Con bravura al caballo, con nobleza y con prontitud. Se vieron bien, pues al menos en lo que pa’ mí cabe en una tarde de mancitos toreando a caballete. Del cartel de hoy, Joao Moura (hijo) tuvo la mejor actuación -obteniendo la única oreja, cosa rarisisisima en un festejo orejeril como son los rejones. J.R. Restrepo, nada que ver, un rejoneador que siempre ha creído, cree, y seguirá creyendo que los rejones de castigo se colocan en las patas. Pero bueno, Y un reemplazante Piraquive que salió con la voluntad del que está ahí por arepa. No lo hizo mal, pero como en todo esto, poca práctica, pocas posibilidades, sobretodo en la muerte. Hizo lo que su limitada técnica y plazeo le permiten. Fue llamado a reemplazar al Moura papá, y ahí cumplió. Pero es esto lo que provocó todo el revuelo en esta tarde en la Santamaría. La ausencia de Joao Moura por una supuesta incapacidad médica -reportada el viernes en la noche, según dicen.

Pero antes de entrar a hablar del tema, quiero hacer una aclaración que mi honestidad me demanda. Una aclaración que debo hacer para estar acorde con el tono de este post. La situación es que YO, Abadía Vernaza, asisto a la Plaza de Toros de la Santamaría de forma “gratuita”. Mejor dicho, trabajo para la logística que es contratada por la Corporación Taurina de Bogotá. Es la única forma que mi presupuesto me permite asistir a la Temporada Taurina en Cali -en la cual sí me abono- y después a la de Bogotá, que es donde actualmente resido. En esta soy un aficionado -ese título no se compra, ni se vende, así como el cariño verdadero-, más no soy abonado. Pero tampoco estoy dentro de la Corporación, no tengo contacto con ningún directivo o miembro de Junta Técnica, y ni siquiera estoy bajo órdenes directas. El punto de esta aclaración, es que como lo hacían los aficionados abonados bogotanos, exigían respeto, yo también lo hago a viva voz en Cali. En Bogotá “debo” callar -sin embargo, muchas veces se me hace incontrolable; la verdad, la mayoría de la veces. Entonces, como Aficionado que también paga en otra plaza, entiendo lo que es sentirse burlado por la Empresa y por la Mafia que hay alrededor de cada Plaza -al menos, en el 99% de éstas. Y apoyo la protesta de los abonados y las peñas en esta tarde de 6 largos toros de rejones.

La situación en Bogotá fue la siguiente: Habíase anunciado los J.Moura, junto al J.R. Restrepo ese. Y en todo momento se mantuvo este, sin notificar la ausencia del patriarca de los Moura, y su intercambio -para nada humanitario- por J.L. Piraquive (un rejoneador que había tenido un rotundo fracaso anteriormente y como es imaginable no brindaba ninguna garantía de arte y profesionalismo). La Empresa alegó que el mencionado Moura papá notificó su enfermedad apenas el viernes. Una enfermedad que como están las cosas ahora en la fiestica, uno duda que sea de tantísima gravedad -alguna gripita como la que tengo ahora, y sin embargo, la pucha, que yo SÍ debo ir a estudiar, así como la del Juli pa’ Cartagena, o Danko que se jodió a puerta cerrada su manita- dejan muchas dudas y mucho tufito a “mieditis” (amigo Betialai, otra enfermedad más, acaso). No sé, la verdad pocos toreros -y “rejoneros” too- tienen las güevitas pa’ torear estando a punto de morirse de migrañas o de fiebre -Castellita, las resacas caleñas no cuenta. Ahora solo recuerdo la de Víctor Puerto, hace unos 7 años en Cali. Salió del hospital para la Plaza, con una altísima fiebre -con el acá conocido “abrazo del pato”, una enfermedad que nos dio a todos y creánme que era una pesadilla: fiebres, dolores de cabeza y de músculos, mareo, etc. Una gripe ni la ….-. Mi amigo Puerto, torero que respeto por su entrega sincera hacia la Afición caleña, es una excepción a las reglas de ahora. Del hospital al ruedo, y de ahí pa’l hospital de nuevo. ¡Que güevas!

Pero bueno, volvamos a la bogotana trifulca en la corrida de rejones. Los aficionados más serios no dudaron en abuchear y gritar hacia el Palco de Empresa, por el atropello que estaban cometiendo con ellos. Las peñas, en actitud que aplaudo y suscribo, voltearon sus pancartas usuales, y colgando en ellas otras que decían:

LOS ABONADOS EXIGIMOS RESPETO.

LOS AFICIONADOS EXIGIMOS MEJORES GARANTÍAS.

LA EMPRESA IGNORA LOS INTERÉSES DE LA AFICIÓN.

y siempre se inundaron los silencios con el grito de: ¡PAGAMOS Y EXIGIMOS!

Protestando, con toda la razón del mundo, por una jugarreta sucia que se armaron los del Taurineo. De entrada, no es posible comparar un rejoneador portugués, de experiencia, como debe ser el señor Moura, con las posibilidades de un criollo que apenas y torea en alguna que otra placita, por más ganas que le meta. Pero no es solo eso. Es lo blando que son las Empresas, que en su afán de ganar más billullo, ceden en todas la demandas de los figurines, y si en alguna forma no ceden, se les caen de los carteles como si esto fuera una cuestión de armar ferias provisionales. Pa’ eso anunciemos a Changó, el gran putas, y después, cuando los boletas estén re-vendidas les ponemos Pepito Colador, que clava esa espada como si fuera un el cojín de la costurera. Pero pilas, que eso se llama Publicidad engañosa, pero como cualquiera se consigue un Certificado Médico, pos pobrecitos los debilísimos toreros, que se recuperan de la real y verdadera cornada en 15 días, pero no pueden torear porque tienen moquitos. Hay que tener más firmeza para organizar y hacer respetar una plaza. Pero sobretodo, a una verdadera afición que tiene derecho a ver un espectáculo digno, justo y verdadero.

Si al menos se armase una temporada con Toros de verdad, ahí sí venga y vaya que Juanito Torero o Rejonero se atreva a metérsele a un animalote de esos. Ahí sí, qué me vale que al Niño Torero le dé culillo arriesgar sus Euros, y un valiente Pedro Sin Marquesina, se le pare con toda. Estrellita el uno; TORERO, el otro. Pero como ahora vivimos de las corridas mass-media -y ahí Josesito T. se las pica a no TV, pero eso es más showsudo que el Super Bowl. Deberían hacer algo así como un Box-Office de las corridas más taquilleras de la Temporada, con nombre así re.guay. Pero como ni toros ponen, ahí sí, pues la puteada se la ganan pero con ganas.

Falta mucha, muchísima seriedad en la Empresas que arman las Temporadas. Pero sobretodo, falta respeto hacia el Aficionado y hacia la Fiesta misma. No sé, qué hacer en estos casos. Exigir razones de verdadero peso pa’ “caerse” del cartel. O aplazar el festejo hasta que las condiciones (para la integridad de la Fiesta) estén dadas. No sé. Pero no armar un temporada de mentiritas, donde hasta los más ingenuos y desentendidos terminan tumbaos -a pesar de que no se dan cuenta. Que se cayó por culo de cornada, son los gajes de la Fiesta. Que le dio “mieditis” pues, salite no toreés, niñito. La afición paga y tiene todo el derecho a exigir. A exigir condiciones apropiadas, mecanismos de control, sanciones estrictas, transparencia en la organización y, más que todo, respeto por una Fiesta que gira alrededor del Toro y bravura. Alrededor de la majestuosidad de un animal que entrega su vida en una lucha honesta y valerosa. Porque los toreritos figurines parecen haber olvidado la magia y el ritualismo sacro de una pelea entre hombre y bestia. Todo respeto y profesionalismo -la pasión- hacia una Fiesta que exige hombres de verdad, ante animales de asombro.

Es por esto que vale la pena escribir sobre la corrida de rejones. Porque este jueguito nos ha pasado a todos los que metemos algo de nuestra platica en una actividad que la mayoría de las veces no dejan NOS DEJA (corrijo fatal errata) cabizbajos, pero con verdadero gusto volvemos a hacerlo al año siguiente, esperando ese algo que pague todas las tardes de aburrimiento, decepción, insulto y rabia.

Y como alguna vez me enseño mi papá: “El verdadero aficionado va a todas la corridas que pueda, y como pueda, porque uno nunca sabe qué pasará”. Y pues ahí voy. Como pueda, cuando pueda, las veces que sean, porque nunca es suficiente, nunca hay de más.

Abadía Vernaza

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Archivado bajo Abadía Vernaza, Corridas, Santamaría, Sobre la Fiesta

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