Archivo de la categoría: Sobre la Fiesta

Un recuerdo a José Cubero “El Yiyo”

Todas las artes tienes sus genios precoces, que se fueron, para el imaginario colectivo, demasiado pronto. Andrés Caicedo en nuestra literatura, James Dean, en el cine, Janis Joplin o Kurt Cobain en la música. En el toreo, uno de los niños precoces de Madrid, El Yiyo, a quien un toro le partió el corazón hace 30 años hoy, en la Plaza de Colmenar Viejo.

De esas figuras nunca sabremos cómo hubiera añejado su talento, y tal vez es de las cosas que más nos duele. Sin embargo, “dejar obra”, como lo repetía Andrés Caicedo, en tan poco tiempo, es una invitación para todos nosotros mortales que la vida es frágil y sobretodo, que la verdad está en el presente.

Les dejo con este corto video, que muestra la entrevista a José Cubero “El Yiyo” y sus impresiones después de la trágica muerte de Paquirri, 11 meses antes de su partida. La cornada, ampliamente recordada, fue fulminante.

 

Abadía Vernaza.

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Por qué ir a toros? El arte del birlibirloque.

(Hace casi 10 años, el periodista taurino Antonio Caballero publicaba este texto en un suplemento taurino para la Temporada Grande en Colombia. Al no encontrar su fuente original, lo reproduzco).

Una niña de unos 10 años bostezó interminablemente en el tendido, y cuando hubo terminado por fin le preguntó a su padre:”Papá ¿y por qué venimos a los toros?”.

El padre hizo unos gestos vagos, se encogió de hombros, señaló el redondel, en donde no sucedía nada de interés, balbuciño unas palabras imcomprensibles y se dio por vencido. Respondió: “No sé”.

La pregunta de la niña es sin duda la más pertinente de todas las que pueden hacerse en torno al espectáculo taurino, y a su misterio. Porque lo de torear se entiende: el placer, el peligro, la adrenalina que se desborda, y un ojo puesto en la embestida y el otro puesto atrás, en el tendido: a ver si me está mirando esa. (Decía Luis Miguel Dominguín que no existiría el toreo si no hubiera mujeres en los tendidos). Torear tiene su gracia. Pero ¿por qué ir a toros? Suele ser aburridísimo, salvo para quien es la “esa” de marras y se pasa la corrida en un “¡Ay!”, tarareando para sí misma la letra de un pasodoble:

“En los carteles han puesto un nombre

que no lo quiero mirar:

Francisco Alegre y olé,

Francisco Alegra y olá…”

Repito: los toros suelen ser aburridísimos. No voy a negar esa evidencia. Pero cuando no son aburridísimos son absolutamente maravillosos. Un buen toro, bello y bravo; un buen torero, valiente y artista; la confluencia de los dos, su acople en armonía, en un juego de hermosura impredecible, siempre nueva, siempre recomenzada, como el mar.

José Bergamín, un poeta que comprendía el misterio del toreo, tituló uno de sus libros al respecto El arte del birlibirloque. Y eso es: el arte de lo asombrosamente inesperado. Dice el diccionario sobre la palabra “birlibirloque”: “Por arte de encantamiento. Por arte de magia. Sin que se sepa cómo ha ocurrido”. Pero ha ocurrido ahí, delante de nuestros ojos incrédulos, y nos los frotamos todavía como para hacer penetrar lo visto más hondo en la retina. Ha ocurrido ahí, en ese mismo redondel en donde unos momentos antes no pasaba nada de interés en medio de los bostezos de los niños y el tedio de los padres.

A la pregunta de su niña, el padre de esta anécdota hubiera debido responder diciendo: “Vinimos a esperar”.

Antonio Caballero.

[Fragmento tomado de TOROS; No. 1, Diciembre de 2006].

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El fracaso no es lo que parece.

Desde ayer algo no me cabe en la cabeza y es pensar que la corrida fue un fracaso. Cierto es que nadie va a una Plaza de Toros a pasarla mal, ni deseando que a Pepito le vaya mal. Vale la cara larga porque la verdad es que Fandiño no estuvo a la altura, las razones las sabrá él. ¿Pero un absoluto fracaso? La corrida fue un lleno total, conjugación de apuesta y hierros, se habló antes, durante y después. Las 6 ganaderías apostaron tanto como Iván y salieron también crucificadas al no tener los animales lo que sus criadores creían que tenía. Lo mismo que Fandiño quiso dar al anunciarla y no pudo. Pero que no haya orejas, o puerta grande o que salgan no toros facilones no deja de hacer de la tauromaquia lo que es. Es ingenuo creerlo. El torero perdido, el toro manso, el toro complicado hace parte de la grandeza y dificultad de la Fiesta. Todo seríamos toreros o ganaderos si así no fuera.

Así para mi, en línea con el valioso argumento de la variedad por el futuro de la Fiesta, me parece un despropósito aquellos que están apuntando al fracaso “torista” de la encerrona. Es ridículo, los toros cumplieron en presentación y un par de ellos tenían juego para ser toreados y así lo exigían. Pero como al parecer quieren toros de carril, tontos y noblones, pues ahí ves cómo se cargan su pachanga táurica. El fracaso no está en que no haya salido el torito “amorantao” para cortar orejitas y armar la chupipandi. Lo más duro fue para Fandiño. Más que fracaso, la tauromaquia le dio una bofetada a su momento, cosa que no es nueva y hace parte de la cruda realidad del rito más cruel y hermoso de todos. Ahora, que la gente se indigne porque hay toros difíciles frente un torero limitado por su propia humanidad y que por esto no haya triunfo y olé, ese es el verdadero fracaso de la tauromaquia actual. Lo demás, es parte de la Fiesta. Y doy gracias por eso.

Foto de @fueradecacho. Toda la propiedad es suya. Creo que es una buena representación de un importante corrida de toros.

Abadía Vernaza. (@Cañaveralito).

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Al pan, pan, pero no había vino.

Faltan sólo tres días para el inicio de la temporada mayor en Colombia y aún sin iniciarla ya se han despertado airadas polémicas, debates, suspicacias y enconamientos de toda índole. Pasado el 12 de noviembre, el sistema ha vuelto a exhibir sus grietas y la cercanía de la temporada (que debió iniciar el 14 de diciembre) le ha sacudido fuertemente.

La más reciente de todos estas discusiones surgió a partir de una crítica hecha por el bloguero “El Loco Barrera” al periodista Guillermo Rodríguez, quien tiene a su cargo la sección Tendido 7 de Caracol. Diría uno que, en medio de un sistema podrido, donde nada parece ser lo que se ve, criticar una página o portal, que se supone es el más profesional y exigente dentro de los estándares de calidad de un medio nacional como Caracol, no es más que una nimiedad, un desafuero más de un sistema que a veces no tiene ni cabeza, ni cola. Pero no, no es así. La responsabilidad que se asume en ese tipo de espacios es completa: con la afición, con el medio, con la verdad, con el oficio y especialmente, con el lenguaje.

Y es ahí donde quiero terciar. Personalmente, no conozco al Loco Barrera más allá de cruzar tweets muy ocasionalmente. Deduzco que su oficio es el periodismo o en su defecto alguna actividad relacionada con la comunicación. A Guillermo Rodríguez tampoco lo conozco, más allá de oídas y con tristeza, tortuosas leídas, como periodista y editor en jefe de Tendido 7. Bien supongo que no sufre de halitosis, pero también comprendo a cabalidad la figura que utiliza barrera para ilustrar la escritura de Rodríguez.

En el ejercicio del periodismo, las fuentes son un bien invaluable, las conexiones lo son todo en un buen periodista, sea de radio, de televisión, de prensa escrita, bloguero o tradicional. Un periodista sin conexiones, sin fuentes, es un faro sin bombilla. Tendido 7 bien ha dado informaciones antes que muchos medios y los años de Rodríguez en el ambiente taurino le permiten saber cosas que los de a pie muchas veces no tenemos acceso. Por eso, visitamos Tendido 7 con cierta regularidad, buscando datearnos en la cosa taurina. Pero si las fuentes son ese bien incalculable que enriquece la credibilidad de un periodista, su habilidad comunicativa, en este caso, escrita, es el cimiento de este bien llamado información. El correcto uso del lenguaje, sus normas, sus figuras y la correcta aplicación y revisión del estilo no son adorno, sino cuerpo de lo que se quiere comunicar. Ahí es donde señor Rodríguez peca con frecuencia.

Ahora, en un mundo interconectado y de acceso abierto a la información, los medios han sido democratizados, dando paso a plataformas de publicación abierta y las personas con cierto interés por un oficio y una labor como el de comunicador o crítico hemos podido acceder a nuestros propios espacios, sin ningún control o limitación. Como toda tecnología, no es ella la trae los problemas y la carga negativa. Es el uso que cada uno le da y por ello, la responsabilidad pública que cada uno debe asumir al enfrentarse a la libertad de expresión y un ejercicio de la escritura y la crítica. Aunque los blogs iracundos y pésima manufactura sin abundantes, le democratización de los medios en lugar de traer caos y desorden, ha dado voz a miles de personas, y especialmente en nuestro entorno taurino a blogueros, periodistas y críticos independientes, enriqueciendo así el panorama informativo y la riqueza y variedad en el flujo de información y opiniones. Así, basta con dar una rápida mirada a portales y blogs taurinos, tanto aficionados como profesionales, que son de buena calidad y fin un gran uso del lenguaje, siendo un gusto leerlos. Si estos blogueros son capaces de editarse a ellos mismos, corregirse, trazar una línea editorial y forjar un estilo propio, asumiendo la labor de jugador y arbitro, no veo por qué un periodista, que toma el control de lo que pudo considerarse el principal espacio taurino, hacer el mismo ejercicio y revisar el estilo y la ortografía de sus columnas, cumpliendo con el estándar de calidad del medio al que se afilia y aún, si así no fuese, el rasero más estricto de todos: el propio.

No voy a adentrarme en la tarea ya hecha por ambos, de ser el cazador de gazapos. Si bien, todos cometemos errores y ningún ejercicio es perfecto, me quiero sumar a la crítica de Barrera, haciendo un llamado a la humildad periodística del señor Rodríguez, ya que no es un ataque infundado, al contrario, cuenta con mucha razón. Utilizando un lenguaje taurino, estas líneas no buscan ser necesariamente un quite a Barrera, pero sí otro puyazo a Rodríguez, quien a mi modo de ver, debería revisar dos veces antes de darle clic al botón de Publicar.

De las otras polémicas, ya se hablará más.

Abadía Vernaza
@canaveralito.

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Manifiesto Libertario (A. Caballero)

(Mi única intención al reproducir este texto de Antonio Caballero es simplemente suscribir al pie sus palabras).

Para nosotros, los aficionados a los toros, el toreo es una manifestación de alta cultura. No porque lo hayan cantado los poetas o pintado los pintores, ni porque Francia, burocráticamente, lo haya declarado patrimonio cultural intangible de su tierra. Sino porque es una actividad que se expresa de muchos modos y es a la vez muchas cosas: una fiesta, un rito, un espectáculo, un combate, un sacrificio, un juego. Y un arte.

Las artes se definen por sí mismas, sin necesidad de demostración teórica: son como el movimiento, que se demuestra andando. Y en consecuencia se defienden también por sí mismas. Pero el arte del toreo, como todas las artes, tiene un enemigo, que es el poder. El de la Iglesia lo ha perseguido durante siglos, el de las autoridades civiles ha querido prohibirlo en muchas épocas y lugares, tanto cuando son despóticas – dictaduras o monarquías de derecho divino –como cuando se pretenden democráticas en virtud del derecho de las mayorías a gobernar. Olvidando el otro elemento esencial de la democracia, que es el respeto por las minorías.

Es esta última modalidad de acoso la que nos tiene reunidos hoy aquí, ante esta plaza de toros de Santamaría arbitrariamente clausurada por el capricho de un alcalde, que lo justifica en nombre de la estrecha aritmética que le dio el triunfo electoral.

Los aficionados a los toros somos una minoría, y sabemos que nuestros gustos no son universalmente compartidos. Por eso no aspiramos a imponerlos sobre los de otras minorías haciéndolos obligatorios, ni queremos tampoco prohibir los suyos, que pueden ser tan variados como la ópera o las carreras de motocicletas o la práctica del espiritismo, las procesiones religiosas o las maratones de marcha a pie. Sólo pretendemos que, recíprocamente, no nos impongan los suyos ni nos supriman los nuestros. No queremos ni mandar ni prohibir. Pero nos resistimos a que nos prohíban y nos manden.

No se trata únicamente de reclamar el derecho a asistir como espectadores a las corridas de toros. Se trata también de defender el derecho a elegir el propio oficio. En este caso, la profesión de torero, como lo desean estos jóvenes novilleros que llevan meses acampando frente a las puertas cerradas de la plaza de toros, como refugiados de una guerra. 

O como lo hicieron estas figuras del toreo venidas de España, México y Francia, y por supuesto también de Colombia, para acompañarlos en persona en una manifestación de solidaridad con ellos y de coherencia con sus propias vidas. Estamos aquí, en suma, para exigir la libertad. La libertad de expresión. La libertad de elección. La libertad del placer. Contenidas todas en el eterno sueño libertario que es la prohibición de prohibir.

Quien quiera suscribir este Manifiesto, bienvenido sea. Ya lo haga por su afición a los toros, o por su interés en el arte, o por su tolerancia hacia los gustos ajenos, o por su respeto por los derechos de las minorías, o por su amor a la libertad. Este es un Manifiesto para hombres libres.

Suscribo al 100%

Abadía Vernaza
“Cañaveralito”

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Bravura, hambre y resistencia: los puntos claros.

Los taurinos bogotanos, entre los que me incluyo por vivir aquí hace 11 años, vivimos tiempos aciagos, llenos de incertidumbre por una ciudad y una afición que el despotismo de un Alcalde ha destruido, buscando tapar la incompetencia en su gestión con autoritarismo y demagogia. Han pasado tres años y lo que parecía una decisión sin fundamento y que pronto se iba a caer, se ha convertido en un gigante sin cabeza y no sabemos qué diablos hacer con él. Ninguno de nosotros se imaginó ver la Santamaría cerradas porque sí durante tres largos años, vejada, olvidada, burlada. Pensamos que la Corte solucionaría esto rapido. Que habrían de cuidarla por ser Patrimonio Nacional. Y tres años después, poco o nada les ha importado. ¿Por qué habría de importarles ahora?

Esta entrada se llama Bravura, hambre y resistencia primero, en honor a 8 admirables novilleros que se valieron de su fuerza juvenil para plantarse durante día y noche a defender sus derechos y los de todos los taurinos, sin importar la clase, el oficio, los matices y las preferencias. Y segundo, porque bravura, hambre y resistencia son tres palabras que creo nos deben guiar en nuestra lucha por conservar una Fiesta, a veces decadente, pero que de vez en cuando se levanta poderosa, encastada, como un Toro de leyenda.

1.

La bravura, primero, es esa condición obligada y única que sustenta la fiesta de los toros. El Toro Bravo es un animal como ninguno, un animal poderoso, temerario y acojonante. La bravura es la condición deseada por todo ganadero, por todo aficionado cabal, por todo torero valiente, porque es la bravura lo que legitima la tauromaquia. Es esa argamasa que lleva la moralidad del toreo al infinito, a lo fuera de este mundo, a lo increíble, a lo sobrehumano. Es la condición que convierte al Toro en un dios y al torero en un super-hombre. La bravura es una palabra que nos cuesta encerrar en una sola definición, pero cuando la vemos, la entendemos, admiramos su presencia, tanto en el ruedo como en la vida. Ahí está, simplemente es real, como la condición primaria de este ritual extraordinario.

2.

Ahora, segundo: el hambre. El hambre durante décadas y siglos pasados hacía parte de la lucha por ser torero, por ser un super-hombre, por ser alguien en la constelación taurina. En estos tiempos, muchos aficionados nos quejamos de la falta de hambre de novilleros, de los toreros más modestos, o de las mismas figuras. El hambre es recurrente en nuestras tertulias tarde a tarde. En el mundo de la abundancia y de la globalización, añoramos el hambre y el sufrimiento como catalizadores de una expresión artística que depende de la deriva y de la incertidumbre para ser excelsa. Y hoy, 8 novilleros colombianos han visto en el hambre auto-impuesta como la respuesta más valiente y torera para defender fuera del ruedo aquello que por derecho les pertenece. Decidieron pararse frente a esas profundas cornadas que da el hambre y poner a prueba su resistencia física y mental, como gesto y gesta del sentirse torero. Esa hambre encarna todos los valores del hambre de antaño, donde todas las privaciones eran un medio para lograr el fin más grande: luchar y sobrevivir, aún con el estómago vacío.

3.

Y por último, la resistencia. Esta parece ser una palabra relativamente nueva para la mayoría de los taurinos e incluso extraña a nuestra naturaleza contemplativa. Pero que debemos incorporar a nuestro canon de valores, como norte y soporte de nuestra lucha por la más bella de las tradiciones. Particularmente, siempre he entendido la tauromaquia como una resistencia, por su carácter de lucha, por su carácter de acto que desafía la lógica del enfrentamiento. La tauromaquia ha sido una resistencia popular, ha representado los valores y la hombría en la cosmovisión de un pueblo. Siempre ha sido una resistencia contra la mentira, la manipulación, contra el miedo, contra la falsedad. La tauromaquia ha sido la resistencia de la Verdad ante la corrupción, ante el fraude. Hoy se erige como una resistencia ante los valores del mundo posmoderno donde la virtualidad y lo inmediato superan a lo real y a lo profundo, incluso a lo trágico.

Nuestra resistencia debe cada día dar más el pecho, cargar la suerte, dejar los complejos. Nuestra resistencia debe cada día tener más hambre, pasar más hambre, llevarla lejos sin importar las privaciones que el mundo, la sociedad o los gobiernos nos quieran imponer. Nuestra resistencia debe cada día ser más brava, más encastada, crecerse ante el castigo, ante la humillación, porque sólo así podrá ser consecuente con los valores excelsos que el Toro, el Torero y toda la Tauromaquia predican como únicos y verdaderos.

Bravura, hambre y resistencia, el canon de nuestra propia defensa.

Abadía Vernaza. (@canaveralito)

¡No olviden dejar su voz de apoyo con el hashtag #FuerzaNovilleros y una foto.

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8 consideraciones sobre la corrida de Mondoñedo.

Para la corrida del 17 de febrero, la expectación es enorme entre la buena afición rola, no sólo por la ausencia de toros este año en Bogotá, sino también por el prestigio que precede a la ganadería de Mondoñedo (la más antigua y -por qué no- más importante de Colombia). Y siendo así, tengo unas consideraciones. Ustedes me dirán.

1.

Para empezar, es gratificante que una familia y una ganadería -Los Sanz de Santamaría y Mondoñedo-, que tanto han dado a la tauromaquia nacional, sigan al frente de ese compromiso tácito que adquirieron hace generaciones y permitan a los aficionados vivir la máxima expresión de la Fiesta, así sea sólo un día de corrida. Además, será en casa. Aplausos.

2.

Sin importar el transcurrir de esta tarde, ya que en este mundo nada está escrito, sabido o dicho hasta que el Toro y Torero se enfrentan, es una de las fechas más importantes los aficionados en los tiempos recientes, al homenajearnos y unirnos como la punta de lanza de la afición taurina en pro de la Fiesta. Coloquialmente, estaremos los que somos.

3.

Se vale creer que esto aún tiene sentido. Esperamos una corrida íntegra, no sólo en Toros (cuyas fotos ya hemos visto), sino también por parte de toreros, subalternos, picadores, Presidencia y durante toda la ejecución de la lidia. No pido un concurso de varas (¡que bonito sería!), pero sí una corrida completa, donde la pica vale por lo que es.

4.

¿No podrá ser esta corrida la manifestación de una verdad del Toro que se debería replicar año tras año? Sabiendo que en las Plazas de 1ra., por costo, convocatoria y jaloneos, es muy difícil una corrida de estas condiciones, ¿no es momento de pensar, guardando la proporción, en una especie de “Ceret” de nuestras tierras: una Plaza pequeña, sin ser una Temporada, un fin de semana, tal vez sólo un festejo, que celebre la afición que ama el Toro Bravo, al margen de las “capitales” taurinas en Colombia y que, incluso, refresque el calendario taurino? Yo me apunto.

5.

Recuerdo que Hemingway escribió que era “ideal” llevar a un neo-aficionado a una novillada, por ser una especie de corrida menor donde, por inexperiencia en general, se puede medir el valor del miedo y de la técnica. No estoy de acuerdo, pero me atrevo a decir que Don Ernesto no permitiría llevarlo a una de esas posmo-corridas de media casta. Ahora, por el contrario, si alguien quiere mostrar la emoción de un corrida a un futuro aficionado a cabalidad, está bien puede ser una espléndida ocasión, por el encierro, la afición, el ambiente.

6.

Se ha despertado un debate en la “taurósfera” colombiana[1][2][3][4][5][6], sobre las corridas incruentas y demarcando una supuesta brecha generacional, que seguro se encontrarán en una pequeña Plaza portátil. Sin jalar para un bando o para el otro (jóvenes o viejos, ya sabéis que acá nos importa es el Toro, ná má), creo que será una coyuntura especial y le da un matiz picante a un debate donde se sabrá quién es quién y para dónde pegan. Lo cierto es que sigue el jaleo y ojalá no empañe esta corrida. Claro, se sobreentiende que esta debería ser una ocasión que debe unir a la afición en pro de la Fiesta y la Verdad. Que así sea.

7.

Sabiendo lo difícil que es organizar un evento como este, ya vemos que no es imposible. Leguleyadas y otras maromas no nos harán caer.

8.

La Fiesta Brava está viva. Y seguirá viviendo mientras exista emoción, casta, bravura, arte, valor y técnica. Más claro no podría estar. Ahí verán.

Coda.

Don Fermín y Don Gonzalo, si ven esto, les deseo la mejor de las suertes y que de alguna forma estas humildes consideraciones se hagan una realidad. Gracias. Y olé.

Abadía Vernaza.

(Actualización) Se confirma que la corrida será en la Plaza Centro de Eventos Marruecos, Vía Subachoque, 1Km. Este cambio se debe a la temporada de lluvias e inundaciones que afectan la Dehesa. Esta Plaza es bajo techo, para comodidad de la afición.

Cartel:
Cartel 17 de Febrero - Mondoñedo.

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