Al pan, pan, pero no había vino.

Faltan sólo tres días para el inicio de la temporada mayor en Colombia y aún sin iniciarla ya se han despertado airadas polémicas, debates, suspicacias y enconamientos de toda índole. Pasado el 12 de noviembre, el sistema ha vuelto a exhibir sus grietas y la cercanía de la temporada (que debió iniciar el 14 de diciembre) le ha sacudido fuertemente.

La más reciente de todos estas discusiones surgió a partir de una crítica hecha por el bloguero “El Loco Barrera” al periodista Guillermo Rodríguez, quien tiene a su cargo la sección Tendido 7 de Caracol. Diría uno que, en medio de un sistema podrido, donde nada parece ser lo que se ve, criticar una página o portal, que se supone es el más profesional y exigente dentro de los estándares de calidad de un medio nacional como Caracol, no es más que una nimiedad, un desafuero más de un sistema que a veces no tiene ni cabeza, ni cola. Pero no, no es así. La responsabilidad que se asume en ese tipo de espacios es completa: con la afición, con el medio, con la verdad, con el oficio y especialmente, con el lenguaje.

Y es ahí donde quiero terciar. Personalmente, no conozco al Loco Barrera más allá de cruzar tweets muy ocasionalmente. Deduzco que su oficio es el periodismo o en su defecto alguna actividad relacionada con la comunicación. A Guillermo Rodríguez tampoco lo conozco, más allá de oídas y con tristeza, tortuosas leídas, como periodista y editor en jefe de Tendido 7. Bien supongo que no sufre de halitosis, pero también comprendo a cabalidad la figura que utiliza barrera para ilustrar la escritura de Rodríguez.

En el ejercicio del periodismo, las fuentes son un bien invaluable, las conexiones lo son todo en un buen periodista, sea de radio, de televisión, de prensa escrita, bloguero o tradicional. Un periodista sin conexiones, sin fuentes, es un faro sin bombilla. Tendido 7 bien ha dado informaciones antes que muchos medios y los años de Rodríguez en el ambiente taurino le permiten saber cosas que los de a pie muchas veces no tenemos acceso. Por eso, visitamos Tendido 7 con cierta regularidad, buscando datearnos en la cosa taurina. Pero si las fuentes son ese bien incalculable que enriquece la credibilidad de un periodista, su habilidad comunicativa, en este caso, escrita, es el cimiento de este bien llamado información. El correcto uso del lenguaje, sus normas, sus figuras y la correcta aplicación y revisión del estilo no son adorno, sino cuerpo de lo que se quiere comunicar. Ahí es donde señor Rodríguez peca con frecuencia.

Ahora, en un mundo interconectado y de acceso abierto a la información, los medios han sido democratizados, dando paso a plataformas de publicación abierta y las personas con cierto interés por un oficio y una labor como el de comunicador o crítico hemos podido acceder a nuestros propios espacios, sin ningún control o limitación. Como toda tecnología, no es ella la trae los problemas y la carga negativa. Es el uso que cada uno le da y por ello, la responsabilidad pública que cada uno debe asumir al enfrentarse a la libertad de expresión y un ejercicio de la escritura y la crítica. Aunque los blogs iracundos y pésima manufactura sin abundantes, le democratización de los medios en lugar de traer caos y desorden, ha dado voz a miles de personas, y especialmente en nuestro entorno taurino a blogueros, periodistas y críticos independientes, enriqueciendo así el panorama informativo y la riqueza y variedad en el flujo de información y opiniones. Así, basta con dar una rápida mirada a portales y blogs taurinos, tanto aficionados como profesionales, que son de buena calidad y fin un gran uso del lenguaje, siendo un gusto leerlos. Si estos blogueros son capaces de editarse a ellos mismos, corregirse, trazar una línea editorial y forjar un estilo propio, asumiendo la labor de jugador y arbitro, no veo por qué un periodista, que toma el control de lo que pudo considerarse el principal espacio taurino, hacer el mismo ejercicio y revisar el estilo y la ortografía de sus columnas, cumpliendo con el estándar de calidad del medio al que se afilia y aún, si así no fuese, el rasero más estricto de todos: el propio.

No voy a adentrarme en la tarea ya hecha por ambos, de ser el cazador de gazapos. Si bien, todos cometemos errores y ningún ejercicio es perfecto, me quiero sumar a la crítica de Barrera, haciendo un llamado a la humildad periodística del señor Rodríguez, ya que no es un ataque infundado, al contrario, cuenta con mucha razón. Utilizando un lenguaje taurino, estas líneas no buscan ser necesariamente un quite a Barrera, pero sí otro puyazo a Rodríguez, quien a mi modo de ver, debería revisar dos veces antes de darle clic al botón de Publicar.

De las otras polémicas, ya se hablará más.

Abadía Vernaza
@canaveralito.

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Manifiesto Libertario (A. Caballero)

(Mi única intención al reproducir este texto de Antonio Caballero es simplemente suscribir al pie sus palabras).

Para nosotros, los aficionados a los toros, el toreo es una manifestación de alta cultura. No porque lo hayan cantado los poetas o pintado los pintores, ni porque Francia, burocráticamente, lo haya declarado patrimonio cultural intangible de su tierra. Sino porque es una actividad que se expresa de muchos modos y es a la vez muchas cosas: una fiesta, un rito, un espectáculo, un combate, un sacrificio, un juego. Y un arte.

Las artes se definen por sí mismas, sin necesidad de demostración teórica: son como el movimiento, que se demuestra andando. Y en consecuencia se defienden también por sí mismas. Pero el arte del toreo, como todas las artes, tiene un enemigo, que es el poder. El de la Iglesia lo ha perseguido durante siglos, el de las autoridades civiles ha querido prohibirlo en muchas épocas y lugares, tanto cuando son despóticas – dictaduras o monarquías de derecho divino –como cuando se pretenden democráticas en virtud del derecho de las mayorías a gobernar. Olvidando el otro elemento esencial de la democracia, que es el respeto por las minorías.

Es esta última modalidad de acoso la que nos tiene reunidos hoy aquí, ante esta plaza de toros de Santamaría arbitrariamente clausurada por el capricho de un alcalde, que lo justifica en nombre de la estrecha aritmética que le dio el triunfo electoral.

Los aficionados a los toros somos una minoría, y sabemos que nuestros gustos no son universalmente compartidos. Por eso no aspiramos a imponerlos sobre los de otras minorías haciéndolos obligatorios, ni queremos tampoco prohibir los suyos, que pueden ser tan variados como la ópera o las carreras de motocicletas o la práctica del espiritismo, las procesiones religiosas o las maratones de marcha a pie. Sólo pretendemos que, recíprocamente, no nos impongan los suyos ni nos supriman los nuestros. No queremos ni mandar ni prohibir. Pero nos resistimos a que nos prohíban y nos manden.

No se trata únicamente de reclamar el derecho a asistir como espectadores a las corridas de toros. Se trata también de defender el derecho a elegir el propio oficio. En este caso, la profesión de torero, como lo desean estos jóvenes novilleros que llevan meses acampando frente a las puertas cerradas de la plaza de toros, como refugiados de una guerra. 

O como lo hicieron estas figuras del toreo venidas de España, México y Francia, y por supuesto también de Colombia, para acompañarlos en persona en una manifestación de solidaridad con ellos y de coherencia con sus propias vidas. Estamos aquí, en suma, para exigir la libertad. La libertad de expresión. La libertad de elección. La libertad del placer. Contenidas todas en el eterno sueño libertario que es la prohibición de prohibir.

Quien quiera suscribir este Manifiesto, bienvenido sea. Ya lo haga por su afición a los toros, o por su interés en el arte, o por su tolerancia hacia los gustos ajenos, o por su respeto por los derechos de las minorías, o por su amor a la libertad. Este es un Manifiesto para hombres libres.

Suscribo al 100%

Abadía Vernaza
“Cañaveralito”

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Bravura, hambre y resistencia: los puntos claros.

Los taurinos bogotanos, entre los que me incluyo por vivir aquí hace 11 años, vivimos tiempos aciagos, llenos de incertidumbre por una ciudad y una afición que el despotismo de un Alcalde ha destruido, buscando tapar la incompetencia en su gestión con autoritarismo y demagogia. Han pasado tres años y lo que parecía una decisión sin fundamento y que pronto se iba a caer, se ha convertido en un gigante sin cabeza y no sabemos qué diablos hacer con él. Ninguno de nosotros se imaginó ver la Santamaría cerradas porque sí durante tres largos años, vejada, olvidada, burlada. Pensamos que la Corte solucionaría esto rapido. Que habrían de cuidarla por ser Patrimonio Nacional. Y tres años después, poco o nada les ha importado. ¿Por qué habría de importarles ahora?

Esta entrada se llama Bravura, hambre y resistencia primero, en honor a 8 admirables novilleros que se valieron de su fuerza juvenil para plantarse durante día y noche a defender sus derechos y los de todos los taurinos, sin importar la clase, el oficio, los matices y las preferencias. Y segundo, porque bravura, hambre y resistencia son tres palabras que creo nos deben guiar en nuestra lucha por conservar una Fiesta, a veces decadente, pero que de vez en cuando se levanta poderosa, encastada, como un Toro de leyenda.

1.

La bravura, primero, es esa condición obligada y única que sustenta la fiesta de los toros. El Toro Bravo es un animal como ninguno, un animal poderoso, temerario y acojonante. La bravura es la condición deseada por todo ganadero, por todo aficionado cabal, por todo torero valiente, porque es la bravura lo que legitima la tauromaquia. Es esa argamasa que lleva la moralidad del toreo al infinito, a lo fuera de este mundo, a lo increíble, a lo sobrehumano. Es la condición que convierte al Toro en un dios y al torero en un super-hombre. La bravura es una palabra que nos cuesta encerrar en una sola definición, pero cuando la vemos, la entendemos, admiramos su presencia, tanto en el ruedo como en la vida. Ahí está, simplemente es real, como la condición primaria de este ritual extraordinario.

2.

Ahora, segundo: el hambre. El hambre durante décadas y siglos pasados hacía parte de la lucha por ser torero, por ser un super-hombre, por ser alguien en la constelación taurina. En estos tiempos, muchos aficionados nos quejamos de la falta de hambre de novilleros, de los toreros más modestos, o de las mismas figuras. El hambre es recurrente en nuestras tertulias tarde a tarde. En el mundo de la abundancia y de la globalización, añoramos el hambre y el sufrimiento como catalizadores de una expresión artística que depende de la deriva y de la incertidumbre para ser excelsa. Y hoy, 8 novilleros colombianos han visto en el hambre auto-impuesta como la respuesta más valiente y torera para defender fuera del ruedo aquello que por derecho les pertenece. Decidieron pararse frente a esas profundas cornadas que da el hambre y poner a prueba su resistencia física y mental, como gesto y gesta del sentirse torero. Esa hambre encarna todos los valores del hambre de antaño, donde todas las privaciones eran un medio para lograr el fin más grande: luchar y sobrevivir, aún con el estómago vacío.

3.

Y por último, la resistencia. Esta parece ser una palabra relativamente nueva para la mayoría de los taurinos e incluso extraña a nuestra naturaleza contemplativa. Pero que debemos incorporar a nuestro canon de valores, como norte y soporte de nuestra lucha por la más bella de las tradiciones. Particularmente, siempre he entendido la tauromaquia como una resistencia, por su carácter de lucha, por su carácter de acto que desafía la lógica del enfrentamiento. La tauromaquia ha sido una resistencia popular, ha representado los valores y la hombría en la cosmovisión de un pueblo. Siempre ha sido una resistencia contra la mentira, la manipulación, contra el miedo, contra la falsedad. La tauromaquia ha sido la resistencia de la Verdad ante la corrupción, ante el fraude. Hoy se erige como una resistencia ante los valores del mundo posmoderno donde la virtualidad y lo inmediato superan a lo real y a lo profundo, incluso a lo trágico.

Nuestra resistencia debe cada día dar más el pecho, cargar la suerte, dejar los complejos. Nuestra resistencia debe cada día tener más hambre, pasar más hambre, llevarla lejos sin importar las privaciones que el mundo, la sociedad o los gobiernos nos quieran imponer. Nuestra resistencia debe cada día ser más brava, más encastada, crecerse ante el castigo, ante la humillación, porque sólo así podrá ser consecuente con los valores excelsos que el Toro, el Torero y toda la Tauromaquia predican como únicos y verdaderos.

Bravura, hambre y resistencia, el canon de nuestra propia defensa.

Abadía Vernaza. (@canaveralito)

¡No olviden dejar su voz de apoyo con el hashtag #FuerzaNovilleros y una foto.

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Elegía por lo olvidado. – 1ra. Abono.

Estando en la Plaza, la primera mitad de la corrida la resumía con una palabra: Dureza. El primer toro, llamado Gitanito, había resultado manso y peligroso, una alimaña, que Castaño tapaba para poder torear. El segundo, Sasaimuno, marcaba un interesante bravura, que exigía, y a la segunda tanda propinó dos certeros pitonazos que resultaron en grave cornada a Alberto Aguilar. Y el tercero, Palmireño, brindó una brava lidia y hacia el final J.F. Alzate vivió una guerra para poderle estoquear, sonando los tres avisos. Era una corrida muy dura, si lo reducíamos a lo acontecido. Pero después, vinieron otros matices y con el pasar de los minutos empecé a dudar si eso que ahora llamamos aspereza y dureza simplemente es la misma bravura que se ha perdido de las Plazas de Toros y los aficionados, cabales y palmeros, casi no hemos vuelto a ver.

Oyendo las reacciones después de las corrida, ciertas vertientes tachaban a la corrida de tosca, de desclasada, de falta de alegría. Y por otro lado, algunos la exaltaban por pavorosa, por seria, por verdadera. Acertadamente, se reivindicaba el miedo como ingrediente fundamental de la Fiesta Brava. Porque el miedo viene con una emoción única, un halo especial que cubre el ruedo y hace que hasta el más farolero no pueda quitar los ojos del ruedo. Desde el día antes de la corrida le decía a dos veterinarios de la Plaza de Cañaveralejo que cuando un Toro salta a la arena, la Plaza respetuosamente calla o aplaude enardecida al grito de ¡Toro! Cuando salta un novillo, el público pita, se enbronca y le llama a la madre hasta del chino de las puertas. Y siendo así, cuando saltó Bienvenido, lidiado en 4to. lugar con 568kgs., la Plaza hizo ¡Uhhh! y se empezaron a escuchar los aplausos, algo que no debería ser la excepción sino la regla. Bienvenido iba de largo, con potencia, se quería comer el capote de Castaño y cuando llegó la suerte de varas, este Mondoñedo demostró lo que tenía imponiendo su ley, ante 3 picas con 2 tumbos. El ruedo de Cañaveralejo mostraba una estampa antigua con dos caballos en el suelo y decenas de hombres y capotes controlando el caos que provocaba una bestia brava. Yo como aficionado, me fui 100 años atrás y gritaba ¡caballos, caballos!, tratando de vivir por unos segundos una tauromaquia que ya suena antiquísima. Lo más miraban con cara de quién es este loco y otro pocos y tímidos aprobaban con su mirada nuestra reacción ante el espectáculo de poderío que nos daba el toro en el ruedo. Todo esto parecía una excepción, bastante incómoda, de lo que ya dije es una tauromaquia antiquísima.

Foto por Andrés Rivera.

Segunda vara y segundo tumbo. (Foto por Andrés Rivera).

Para cerrar vinieron Canciller y Tejedor, dos toros en ley, de miras uno logra saber quién es el tío que salió de ese hoyo negro que antes llamaban de los sustos. Canciller tenía una embestida poderosa, un toro que algunos dirán que de poca “toreabilidad” pero al que se le plantaba pelea y se podía llegar a la cima en sus lomos. Se comió vivo a J.F. Alzate. Después vino Tejedor que si volvemos al término inicial, traía más dureza y también desbordó al poco toreado Alzate, que con dos corridas en el año encontró hueco en este torrente de bravura dura.

Pero ¿por qué me explayo con estos detalles, insistiendo en la dureza de su bravura? Porque con el pasar de los minutos empecé a entender que eso que ahora muchos quieren clasificar como aspereza, falta de alegría y toreabilidad, exceso de miedo, es lo que le falta a esta Fiesta tan estúpida a veces. El torear no se ha planteó nunca como dar pases, cual si se jugara con el perro de la casa, que va tras una tela, queriendo morderle. El toreo se ha planteado siempre como la lucha mortal entre un toro y un torero. La bestia pavorosa, a primera vista más apabullante que el hombre, se ve enfrentada y burlada por la sapiencia torera de un hombrecillo de a pie. Es más,en el Diccionario de nuestra querida lengua, la 2da. acepción  de Lidiar dice “batallar, pelear” y la 3ra. dice “Hacer frente a alguien, oponérsele”. Si estar frente al toro hubiese sido cómodo, el verbo lidiar jamás hubiese cargado esos significados, es más, jamás hubiese existido en nuestro idioma. En ese orden, decir “dureza” es más bien un adjetivo paliativo hacia una condición que debe ser intrínseca de la Fiesta Brava, eso que la constituye y la encumbra en la más grandes de las artes. Lo que ayer se vivió en Cañaveralejo, que parece una excepción que algunos tratan de desprestigiar por exceso, es lo necesario para volver a situar un espectáculo complejo entre los hombres y mujeres que poco o nada han aprendido del dolor, del sufrimiento, del miedo, de la garra, del valor. Porque en una tarde como la de ayer podremos discutir por horas los pormenores técnicos de una tarde de toros, pero lo único cierto es que a todos nos entregó una lección de miedo y verdad que hace rato no vivíamos. Nadie espera o desea que un torero como Alberto Aguilar pague con su sangre el vestirse de torero, pero así es la tragedia de los toros. Una cornada no es en ningún momento una deshonra. Por el contrario, ese cristo caído, llevado por sus compañeros hacia la enfermería es la imagen del hombre que se paró donde casi ninguno otro se quiso parar y con su sangre recogió una herida de grandeza. Sasaimuno, un toro bravo, propinó la cornada que le ordenan sus instintos en su condición de Toro y también pagó cara su muerte ante el pasaporte casi inmediato del director de Lidia. Pero así son los toros.

Foto por Andrés Rivera.

Así iniciaba toreramente Alberto Aguilar. Se intuía una faena. (Foto por Andrés Rivera).

Foto por Andrés Rivera.

Al iniciar la segunda tanda, Sasaimuno II prendió a Aguilar. Cornada grave. (Foto por Andrés Rivera).

Castaño y Alzate, se vieron desborbados por esta casta que ya parece de otro tiempo. Que está desajustada al canon contemporáneo, y por lo tanto, incomoda. 5 de los 6 toros de Mondoñedo fueron, a mi juicio, toros bravos. Pero no la bravura de nuestros tiempos, alegrona, bobalicona y exceso afable. Esa dichosa bravura “dura”, que exige hacer el toreo. Al final comprendí, más que nunca, que es la misma bravura de siempre, que ahora tratamos de llamar dura, pero que no es más que el instinto más poderoso del Toro de Lidia.

Abadía Vernaza.

Coda:

La galería fotográfica se puede en la página Fiesta del Toro. No se pierdan todas sus fotos.

Video completo de la corrida, con reseña en Banderillas Negras. Y reseñas por la afición todo el abono.

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Lamento por los ignorantes.

Así respondemos a la lamentable columna escrita por C. Villasuso, el “director” de Mundotoro. Léanla bajo su responsabilidad y prestos a sentir una maligna efervescencia.

Yo sólo digo que hoy rompo mi silencio para unirme a este lamento, por los ignorantes “taurinos” que no entienden esta Fiesta más allá de unos jaleos y mantazos a un animal. Pocos somos los que vemos esto como algo ritual, algo incómodo, algo que nos cuestiona nuestra moral y sentido de la belleza, que nos presenta la muerte, tajante y sin tranzas, contradiciendo la vitalidad que todos llevamos dentro. Estoy seguro que muchos de nosotros acá presentes hemos muerto un poco en la Plaza de Toros. Hemos puesto nuestra humanidad en los pitones de un toro. E incluso tal vez soñado con esa muerte ideal, bajo el yugo del animal bravo. Yo no sé quién es Villasuso. Tampoco me interesa. Cada quien con su majadería. Sin embargo, hoy quiero defender la muerte digna del toro de lidia. Si está debe dejarse para que sobreviva la tauromaquia, que sea esa misma muerte la que se la lleve para toda la eternidad. Y así, simbólicamente, morimos todos junto a ella.

¡Olé!

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Corrida dura, toreo blando: sobre la corrida de Mondoñedo

Esta vez decidí tomarme un tiempo para escribir sobre la corrida de Mondoñedo, sus incidencias y también un poco de reflexión sobre su significado. Del domingo a hoy se conocen ya varias opiniones sobre este día, acordando todas en la calidad del encierro, en cuanto a presentación y casta. Yo no soy la excepción. La corrida de Mondoñedo fue todo lo bueno que ya se ha escrito.

Los 7 toros corridos de Mondoñedo se presentaron con una seriedad única, muy en su tipo de encaste, y que también iba rematada con una casta abundante. En Colombia sí hay Toros y esos son de Mondoñedo. Analizar este tipo de toro creo que se debe hacer con detalle. Trataré de hacerlo.

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“Ola ke ase? Si tiene ganas de torear o ke ase”.

Como aficionado, sé que la casta y la bravura son cualidades indispensables para el desarrollo de la lidia. Pero otra cualidad que debería ser obvia es su presencia. ¿Cuánto toro bravo y encastado se lidia, pero siendo algo más parecido a un gato que a un animal imponente? Yo no sé ustedes, desconocidos lectores, pero la tauromaquia tiene sentido si inspira respeto y admiración, como cualquier arte. Pero también, al ser una tragedia debe inspirar miedo. Miedo a la muerte presente. La habilidad del hombre para aplacar su miedo y superar a un animal, a todas luces más poderoso, es el valor del toreo. En esta tarde se respiraba miedo y respeto. Más el primero que el segundo, por eso los toros estuvieron por encima del toreo blando. Existió esa condición de imponencia, esencial en una tauromaquia que valga.

También estuvo la casta y en ocasiones, la bravura. Toros de embestida poderosa, que recargaron en tablas, persiguieron y fueron con ganas al caballo, alguno embistiendo de lejos, otro al relance, pero por el toreo blando. También repitiendo al caballo, sin aplacarse y buscando pelea. Y dando tumbos. Sí, yo sé, ya se los habían dicho. Creo que Mondoñedo nos deja tranquilos porque sabemos que en Colombia existe una ganadería seria. Y además es una ganadería -y una familia- fundacional del Toro en Colombia cuyo compromiso con la autenticidad del Toro está más vigente que nunca. Un homenaje al toro bravo, como título Caballero en su reseña en El Tiempo.

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“Y como enseñó mi madre, con fuerza al caballo”.

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“Vamos que aquí hay pelea”..

También nos tranquiliza la existencia de espacios alternos, como el Centro de Eventos Marruecos, aka. Plaza de Toros de Puente Piedra, para la celebración de corridas especiales o alternas al calendario taurino, ojalá alejada del triunfalismo necesario para mantener el interés de una Feria y más cercana a la verdad y a la perpetuación de un arte que ya no lo parece tanto. Pero que sigue existiendo. De paso, felicito al Sr. Londoño por su Plaza, impecable, coqueta, un lujo en las cercanías de Bogotá.

Ahora, ¿qué me preocupa? El toreo blando en general, que claramente no se hizo ausente frente a los Mondoñedo. Argumentos a favor del valor de un torero se encuentran por doquier. Ya lo decía Hemingway, casi todo torero se defiende diciendo que es él y no el espectador que arriesga la vida. Como quien dice “shut up and take it for granted”. Me preocupa la falta de oficio y el exceso de mañas. Lo digo de frente y lo sostengo a quien quiera. Grandes toros, ¿pero para quién? El cartel estaba compuesto por Paco Perlaza, Ramsés y remataba el español Eduardo Gallo. Durante toda la tarde, muchas de las cualidades de los animales fueron tapadas por trucos de destoreo, consecuencia de la falta de técnica y sitio o por espanto.

Por muchas razones, sobretodo lo especial de la tarde, procuré ir sin prejuicios y abierto a la sorpresa y a reconciliarme con mi propia afición. Paco Perlaza nunca ha sido de mis respetos. Y en esta corrida no cambió en lo más mínimo mi opinión. Algunos dicen que pasa por su mejor momento, yo no vi nada nuevo. Contando con suerte siempre en sus lotes, son toros que se diluyen en un toreo carente de sitio. Toreo salsero, pasa la mano, tres pasos y vuelve a empezar. No hay sitio. Tampoco hay sensibilidad. Total ausencia. Sus dos toros fueron desperdiciados, porque además de las condiciones ya expuestas, fueron nobles, algo que en la dureza del encaste no es muy abundante. El toro de Mondoñedo es difícil. En fin, dos toros dejados a un lado, por falta de atornillarse y torear. Dos animales que le sobraron en seriedad y presencia.

Ramsés es un torero que conoce ya la ganadería y aunque en algún momento trató de sacar una lidia seria, que así exigían, se pegó una espantá de libro y no veía la hora de despachar y sacarse las luces. Sus dos animales estuvieron por encima también. La falta de oportunidad es comprensible en el toreo colombiano, pero también hay que saber aprovechar las oportunidades, superar el miedo y luchar como si no hubiera mañana. Pundonor. Ganarse el respeto o saberse retirar. Como en la vida misma. En su primero, luchó frente al que tal vez fue el toro más complicado, porfiando en ocasiones. En su segundo dirigió una lidia que se estaba descarrilando pero pronto se fue el valor y quedó el espanto. Pases cuidando las carnes y olvidando todo lo demás.

Eduardo Gallo, más curtido, venía con más carné, con más capacidades y de alguna forma, así lo hizo. En su primero estuvo ahí apenas, despachando rápido a un animal que tenía mucha cara pero aprendía y adquiriría mucha malicia y al que le faltó poder torero. En su segundo, luchó y dominó a un gran Mondoñedo, que según entiendo, se corrió en turno por la necesidad de apuntillar a Greñudo (2do.), al estrellarse con el burladero. Sudo una oreja, toreando al natural, de frente y recibiendo un fuerte levantón que asustó al tendido. Valía su faena y valió la vuelta al toro que fue bravo hasta el último suspiro.

Ya para terminar, cierro mi preocupación, como ya decía, por el oficio de las cuadrillas, que son las mismas presentes en todas las Ferias. No digo que no sepan lo que deben hacer, incluso hubo pares con nervio, sino que se encubren en una cantidad de mañas que descomponen la Fiesta y el sentido que cada acto tiene dentro de la Tragedia. Ejemplo, las dichosas banderillas y su empeño en poner sólo dos, desafiando a Presidencia y afición. O la capoteadera innecesaria. O la brega al relance. Apenas un saludo al tercio y poca brega para destacar. A los toros les dieron muy duro, arriesgando poco y castigando mucho. Les dieron muy duro, por culpa del toreo blando.

Al final, fue una corrida sin muchas sorpresas, que tranquilizan por el estado del ganado bravo, pero dejan otras preocupaciones, mañas de una tauromaquia blandita, que se replica por todas las plazas y que hace mucho daño al conocimiento y ejercicio de la lidia.

Eso sí, insisto que fue una rebelión de la verdadera afición, la primera cita de una grupo de amantes de la Tauromaquia. No puede ser la única. Hay que hacer esfuerzos para tener espacios legítimos, donde la integridad es lo más importante. De alguna forma siento que es por la periferia taurina por donde debe iniciarse el camino de la recuperación, celebrando corridas serias, buscando legitimidad, arte y valor, más que masas, triunfos y “apoteosis” contemporáneas.

Hay Toros en Colombia. Ahora, a recomponer lo demás.

Abadía Vernaza.

Nota: Todas las fotos son tomadas por Andrés Rivera de Fiesta del Toro.

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Fotos de los toros del domingo (por Andrés Rivera).

El portal Fiesta del Toro publicó una galería de imágenes que nos acerca aún más a la camada a lidiarse el domingo en La Holanda, municipio de Mosquera, Cundinamarca. No es una costumbre común en Colombia el que se conozcan imágenes de un encierro, previo a una corrida. Así, he aquí más imágenes que muestran la seriedad de esta corrida. Escojo dos fotos:

Mondoñedo - Espatero y Tocayito

Espatero, No. 219, 520kilos, junto a Tocayito, No. 211, 492 kilos.

 

Mondoñedo - Greñudo

Greñudo, No. 505, 506 kilos.

 

Como sabemos, la línea común de Mondoñedo procede del cruce entre una vieja procedencia Santa Coloma con encaste Contreras, venido directamente desde los Hermanos Peralta, predominando este segundo.

Todas las fotos las pueden ver acá. ¡Buenas fotos a buenos Toros!

Les dejo también 8 consideraciones que tengo sobre esta corrida. Uds. dirán.

Abadía Vernaza.

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(Actualización) Se confirma que la corrida será en la Plaza Centro de Eventos Marruecos, Vía Subachoque, 1Km. Este cambio se debe a la temporada de lluvias e inundaciones que afectan la Dehesa. Esta Plaza es bajo techo, para comodidad de la afición.

Nota: Dejo el enlace directo a la compra de boletas por internet: Acá la dirección web para comprar los boletos.

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