Archivo de la etiqueta: David Mora

Ve, mirá, volvimos a esto de los “toros”.

A mitad de año me lamentaba por la situación de la Fiesta, representada en los tejemanejes entre la Alcaldía y la Corporación Taurina de Bogotá y el incierto futuro de la Santamaría. De alguna forma me despedía de un año taurino sin rumbo, porque Bogotá se ha convertido en la Plaza de mis cariños, algo decorosa, en medio de tanto barullo y pseudo-tauromaquia. Ya es conocido que decidí nunca volver a Medellín y su plaza posmoderna, sin muchas ganas de ir a Manizales a ver, generalmente, toros brochos y facilones, sin coincidir con las pocas fechas de Duitama y sin planes para volver al suplicio que se había convertido la plaza de Cali, así me quedaba sin rumbo taurino. Pero, gracias a las siempre bien recibidas vacaciones colectivas, terminé regresando a mi tierra, a la Sultana del Valle, y como le decía ayer a mis compañeros de corrida, Cañaveralejo tiene el mejor gancho de mercadeo para hacerme volver: la Feria y mis amigos. El eslogan comercial de esta plaza reza “Feria sin toros no es Feria”, pero siempre me he preguntado qué sería de la Temporada Taurina en Cali sin la Feria. Así que, arrastrado por los amigos, el plan después de la cabalgata, la bota, las risas y la pequeña esperanza de que la actual intervención de la Plaza, la salida de sus rectores y la llegada de una nueva Junta Técnica vele por la integridad de esta decadente plaza, volví.

Confieso que este año ni los carteles conocía, no les había parado bolas. Por ahí supe del aburrimiento que fue la corrida “Pre-Feria” y de la pésima corrida del 25 con los Puerta de Hierro. Pero, aunque ya estaba en Cali, ni por la Plaza me había asomado. Hasta que ayer me convencieron y así compré entradas para todos los días, del 26 al 30. Tampoco eran tantas.

La corrida de ayer, pasando por ser un Festival, no dejó mucho de qué hablar. Se lidiaron 6 Fuentelapeña para 6 matadores: Antonio Ferrera, Paco Perlaza, David Mora, Luís Bolívar, Iván Fandiño y Javier Castaño. Los animales muy irregulares, tirando a la mansedumbre pero con fuerza, excepción ahora que debería ser regla. Al menos, no se vieron toros sentados, algo que ahora destacamos. Too bad.

De los de a pie, Ferrera cirquero, bullicioso, ejecutó todas las suertes él mismo, a un mocho duro. Con ganas de armar foforro, se llevó dos orejas larguísimas, medidas a cuenta “de festival”. Ahí van sumando. Después, Paco Perlaza, que uds. saben, jamás he entendido su concepción del toreo, ni me he conectado con algo que realice en el ruedo. Ayer entramos en una interesante discusión sobre los toreros de arte, los de técnica, los de poder y sobre qué sensibilidad y qué empatía se debe tener para lograr algo en esa difícil profesión, a propósito de Perlaza. Sobre lo realizado en el ruedo, lo vi arrastrado por toda la Plaza, sin poder mandar un burraco del que poco vimos. Ah, le dieron una oreja, vaya uno a saber por qué. Creo que después vino David Mora. O no? Ya no sé. Al rato salió Luís Bolívar, con voluntad lidió bien a un burlaco repetidor y aguantador, que le siguió el paso durante casi 20 minutos de faena y que Cañaveralejo, blandito, trataba de indultar. Pero Presidencia y torero, y unos pocos buenos aficionados, supieron que no reunía las condiciones para tan “perrateado” premio y entró estoquear. Le dieron dos orejas, que a la medida de lo mostrado por Ferrera y Perlaza, pues valían algo más. Me parece que lo hizo bien, con aguante, mandando, dando distancias, con la buena izquierda. En general, bien y con gracia y cabeza. Después vino Iván Fandiño, que no vio a su toro y lo despachó rápido, armando la discusión y el descontento en los Tendidos. Para mi, hubo algo de displicencia. Pero quién soy yo. Después del calor de la discusión, uno espera más de un torero como Fandiño. Cerró Javier Castaño, dejando ver cosas buenas de torería a un mansurrón, propinando una estocada recibiendo, como a 5 metros de distancia, algo desfigurada pero con intención y vale por ella.

Así, pasó la primera noche de corrida. Yo no sé si son los faroles, previos a la corrida, los colores borrosos en medio de las luces de la Plaza, pero las corridas nocturnas no son iguales. Todo pasa en medio de una opacidad extraña. Esta tarde vuelve el sol. Nos vemos.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Abadía Vernaza, Cañaveralejo, Corridas, Reseña

¿Cómo se viven los toros?

De la 2da. de abono, mi amigo Felipe Botero, El Botija, sacó esta columna sobre cómo se vive la Fiesta Brava. La polémica siempre hará parte de este mundo, contradictorio y mágico. Se las dejo, con gusto. –A.V.

Comparto el punto de Antonio Caballero que dice que una corrida de toros debe tener tres componentes para poder serlo, en lo mas ontológico de la palabra. Los Toros, los toreros y la gente, completan la terna que hace una corrida. Como todo en las corridas va obviamente de a tres.

Ya decía Paquirrí que para torear había que ser consciente de las mujeres que te veían desde la barrera. No lo asumo desde el sensacionalismo pop que generaba este torero, sino porque es, en últimas, el público que va a las Plazas quien permite mantener viva esta Fiesta, tan manoseada en opiniones políticas como “moralistas”.

Quisiera contar entonces lo ocurrido el domingo pasado en la segunda de abono de la Santamaría. No acababa de llegar a mi trono en los tendidos altos de sol -porque comparto la idea que los toros se deben ver desde sol-, cuando expresé en voz alta y ante mis compañeros de corte, que lo que más me aburría de la tarde era volver a ver a David Mora, a quien ya había bautizado en Cali como el Paco Perlaza de España. Hago la aclaración que, desde mi humilde opinión, Paco se conforma como la decadencia del torero a quien no le cabe una sola oportunidad más para “demostrar” eso que tiene, o que en su caso particular no tiene: alma torera.

Al acabar mi frase sentí una mirada de esas degolladoras que provenía de apenas unos cuantos centímetros al lado izquierdo de mi nuca. Al verla, vi una de esas mujeres que se visten para ir a la Santamaría y que dejan sin aliento a los toros, los toreros y a la gente. Me senté junto a ella sin comentar más mi posición sobre el español, con ese sentimiento de pena que siempre me ha cararacterizado al decir en voz alta uno de mis comentarios ácidos. No sólo apenado, también intimidado por tanta belleza. Luego pensé: “Ella es solo una más que viene a tirar farándula a la Santafarandulería“.

La corrida empezó y la vecina de mirada de descabello me dejó sin palabras. No por lo guapa sino por sus comentarios. Mencionaba por nombre propio el encaste Domeq de Agualuna, comentaba los pases del quite de Mora por su nombre español y decía con burla “o Cacerina como les llaman acá”. Reconoció, con la velocidad de torero de muchas tardes, los defectos y virtudes del toro: “este es noble pero por lo flojo de remos no va a haber faena”. Efectivamente, esos comentarios eran de alguien que sabía de toros y que había recorrido ese hermético y extenso mundo taurino.

Sin embargo, olvidándose de su conocimiento y dejándose llevar por la pasión, aplaudía sonoramente y se paraba en el tendido con cada una de las tandas de David Mora, mientras yo seguía orgulloso de mi comentario anterior, pues este corría la mano a velocidad de Nascar mientras que el noble iba sin generar peligro siguiendo su recorrido a paso de carretón. Para comentar algo de la corrida, puedo asegurar que las tandas de Mora se compusieron de los pases con mas ínfulas de querer ser arte, pero lo menos templados que he visto en mi corta vida. Menos templados que la hamaca que hay en mi casa; eso ya es mucho decir.

Pasado ya Mora y habiendo transcurrido de largo y sin mucho que recordar la faena del primero de Luis Bolívar -a excepción de los Maicitos-, salió Pablo Hermoso e hizo rugir la Plaza. Ese rugido típico que genera cualquier rejoneador y más aún porque se trataba de Pablo, el rejoneador Superstar, que ha llenado las plazas de Colombia y que ahora, tristemente, lleva las dos orejas sumadas a su estadística desde el paseíllo. Me duele decirlo pero Pablo me había reconciliado el año anterior con el rejoneo, pero en éste, sus actuaciones parecen las de Castella en sus años de Cali, una copia, un video de Youtube.

Y aquí se desató la polémica en la fila de abajo. Uno era juzgado por grinch y el otro, por torerista. Al Grinch nada lo complacía y al torerista todo lo excitaba. Yo invitaba a la bota y a la reconciliación del guaro pa’ poder seguir viendo el encierro, pero la tensión no paró incluso concluida la corrida.

Mientras la polémica estaba desatada, mi vecina ni siquiera oía los argumentos de parte y parte, sólo se tapaba la cara y hacía gestos de llanto antes del segundo de Mora. Ella tenía un miedo superior al del que vestía de luces. ¿Miedo a qué? ¿A perderlo? ¿A perder su amor, su amistad? Nada de lo anterior me consta pero se sabía que era cercana al “mataor”. Ella estaba extasiada y paniqueada, no me atrevería a decir que disfrutando pero por lo menos se quedó hasta el arrastre del último.

Los de la polémica seguían cada uno parado en su punto. Uno alegó toro tras toros y encontró defectos obvios para cualquier espectador concentrado, mientras que el otro aplaudió cada paso del trapo así fuese trompicado, cada quiebre del caballo así estuviera a metros. ¿Disfrutaron? No lo sé, pero ambos se quedaron hasta el arrastre del último…

Ese tercer componente de las corridas, LA GENTE, es tan disímil como similar. Cada quien tiene su torero, su ganadería, su aproximación, su propio entendimiento, pero lo mas importante, su forma de disfrutar. Hay quienes se emocionan de sólo estar allí. Hay quienes la mezcla de miedo, arte y amor los hace esperar, odiar, amar y temer. Y hay otros que su búsqueda eterna de lo verdadero los hace disfrutar el paso de cada tarde fallida. Al final de cuentas todos somos aficionados a los toros y todos nos quedamos hasta el arrastre del último. Como diría el mítico Gallo, entre los toreros y los espectadores: “Cá uno es cá uno“.

El Botija.

Post en respuesta a esta entrada de Abadía Vernaza en este blog  y a otra de nuestro amigo Andrés Rivera.

Encierro:

  • 4 de Agualuna, buen trapío, nobleza a excepción del segundo, pero indudablemente faltos de bravura y fuerza.
  • 2 de Ernesto Gonzales, nada qué decir, lo mismo de siempre.

Luis Bolívar: Oreja y Aplausos.
David Mora: Oreja y aplausos.
Pablo Hermoso: Dos orejas y aplausos.

P.D.: Nuevamente pido excusas por la ausencia. Debo aceptarlo: no tengo la disciplina. Si A.V. lo permite y me regala un espacio, en algunas ocasiones seguiremos escribiendo a là limó.

4 comentarios

Archivado bajo El Botija, Santamaría, Sobre la Fiesta

¿De qué va todo esto? Sobre la Fiesta y la 2da. de abono.

Estuvimos ayer en la 2da. de abono en Bogotá, con un lleno de esos que ahora sólo parecen darse cuando hay rejoneo. Y es que sigo insistiendo que cuando la principal “atracción” de una Feria es un rejoneador, esto ya dice mucho de la decadencia que está viviendo la Fiesta. Pero vamos por partes, que hoy quiero dejar claro a qué va todo esto de los toros dentro de mi.

En esta corrida se echaron 4 animales de Agualuna, jamás vista y que así como vinieron, se fueron. Y 2 de Ernesto González Caicedo, santacolomas que les faltó mucho. Según escuchaba por ahí  -tampoco es que le pare muchas bolas a lo que dicen en la radio- la primera ganadería es de J.P. Domecq y administrada por Félix López, ex-picador y dueño de cuadras de caballos. Si es cierto o no, vaya uno a saber, hay más “enteraos”. Si son la sangre domecquiana de este lado, who knows. La verdad, es que los 4 “hidrolunares” -por joder- apenas podían sostenerse en sus 4 patitas. Torería moderna, de media altura y de posmo-torito besando el suelo. Ya una constante, lindos pero inútiles. O más qué inútiles, sin razón. Acá es donde empiezan los problemas.

Para mi, A.V., la tauromaquia es un ritual trágico. Un espacio de lucha intessa y poderosa… the clash! La corrida de toros se sustenta en el valor de la vida frente a la muerte y en la tensión mortal entre la razón humana y la fuerza animal. Un combate primigenio que poco tiene de condescendiente. Elemental, 2+2… Razón vs. Fuerza… Pero cuándo no hay fuerza, ¿de qué va todo esto? Sabemos que todos los de a pie -o como es de nuevo moda, a caballo- tienen la suficiente inteligencia para sortear los embates del toro, con adorno, gracia, chusquera y un poco de arrogancia. Son personas en sus 5 sentidos, capaces de lidiar a un burraco. Ahora bien, cuando se echa un mono de 500 kilos pero que apenas recibe el 1er. capotazo pierde sus manitas -y muchas veces sus patitas- la lucha ya pierde todo sentido para mi. Apenas y me interesa qué es lo que sucede en ese ruedo. No hay fuerza, no hay poder, no hay miedo, no hay respeto. Ahí nos podríamos quedar 50 tardes tirando mantazos y sumando orejas a modo de goles… Baaah, me aburro. Y no sólo eso, me causa lástima. Dirían que estoy siendo reduccionista y desnaturalizando la Fiesta. ¡No, my friends, yo no desnaturalizo la tauromaquia. Pido verdad! Un toro sin integridad animal, eso y una carreta es lo mismo 4 real. No le paro bolas, esa es la verdad. Soy demasiado conciente de las capacidades “toreras” de muchos de los que visten luces. Quisiera verlas ante TOROS. Aquí ya vamos desenrredando a qué voy.

Ahora, hablemos del monopuyazo… Si vamos a poner una sola entrada al caballo -insuficiente siempre para medir la bravura-, por lo menos pónganla bien. En lo alto del morro, midiendo al animal en su FUERZA y BRAVURA. Sin rectificar, sin barrenar, sin tapar la salida, manejando la cabalgadura. Voy a ser condescendiente por 2 segundos. Pongamos una bien y luego hablamos de poner más, ¿ok? No faltará quien diga “tirate y ponela vos”. Ojalá yo pudiera decir eso cuando la cago en mi trabajo… “Vení, y hacé esta campaña vos, diría”. Si se acaba la pica, no vuelvo. No tiene sentido. La belleza de la embestida del toro, la lucha, el poder de la fiera, del toro bravo. Es el primer escenario brutal, donde el protagonista es el Toro. No se la tiren, por favor.

Entonces, así, sumemos:  toros íntegros, con fuerza y entereza y puyas bien puestas como eje de la Fiesta. Se iría recomponiendo esto, ¿no?

Ahora, ya que las banderillas (siempre que sean 3 de regla) y la lidia a pie siguen gozando de cierta coherencia -más allá de las ventajas que algunos usan-, me centraré a hablar del rejoneo. Igual Pablo Hermoso toreó el domingo y esta es la “crónica” de esa tarde. Comienzo diciendo que no puedo desconocer que el rejoneo es de las primeras formas de la tauromaquia y debe ser parte de la Fiesta. Tampoco, el valor que tienen la doma y la monta durante la faena y este arte, en general. Sin embargo, para mi, el rejoneo representa la vanguardia en la desnaturalización de la Fiesta -me gusta más decir “popculturización” torera. Aunque ejecutado en puntas  podría ser una suerte tan “peligrosa” como la pica antes del siglo XX y demasiado cruel para nuestros tiempos, dirían, traería verdad y mucho más detalle a la ejecución. Pero a consecuencia de esta “ventaja”, el rejoneo actual -prácticamente sin excepción- es tremendista y pantallero. Una mojiganga. Poco del parar, templar y mandar. Metiendo jamelgos por donde sea porque como el chasis es otro y no hay pitones. Y junto a ellos, en nuestras Plazas, no existe conocimiento de los tiempos de la lidia a caballo, no hay verdadero control. Si el que está a caballo bien quiere podrían quedarse ahí horas, música ON y banderillas. Muéstreme un Presidente de corrida que no esté inexorablemente a merced del rejoneador. Lo dicho una parranda, para público parranderos… Aún así debo decir que he visto en Pablo Hermoso de Mendoza algo más de seriedad en la lidia en algunas ocasiones, así este domingo no haya sido de mi agrado. Merece llamarse “torero” a caballo. Sin embargo, mientras que el rejoneo no sea en puntas, así como la falta de fuerza, no. Something is missing.

Y ya para cerrar, pocas líneas podré dedicar a lo que sucedió este domingo. David Mora no estuvo a la altura de una Plaza como la Santamaría. Y aunque poco valía lo que tenía enfrente, no encontró la mano suficiente para llevar al toro, siquiera con algo de gracia. En el que lidió, porque otro se despaturró. As usual (¿?).

Luis Bolívar salió a pasar el primero de su suerte, que tampoco venía con nada, menos fuerza. Lo manteó con decoro -lo poco que recuerdo- y listo. Creo que le dieron una oreja. ¿O no? Ya no sé. A Mora le dieron una por ahí. En su segundo, Bolívar tuvo el más viable de los “agualunos”. Fuerza, barely enough. Algo de casta y bravuconería. Pero con pesar, el panameño-caleño no logró embarcar DE VERDAD la embestida, no metió las güevas -que es lo mismo que cargar la suerte- y no hizo humillar al burraco con miedo, comprensible aunque no justificable, a que perdiera las manos. Torería a control remoto, con un par de metros entre el moreno y el azabache. ¡Qué bella expresión para una lidia sin mucho! No voy a negar el valor que debió tener para tirarse a matar sin más que el estoque. Así fuera para cerrar una faena desapretada. En primer intento, pinchazo y a volar. Segundo, en medio de los pitones, sin muleta, plantó una estocada que fue muy valerosa y certera. Agraciado con una oreja, algunos decían que por la “faena”, otros que por los huevos de la estocada. Más allá, me duele la inconstancia de Bolívar.

Foto por mi amigo, Andrés Rivera.

Y ya en el último turno, P.H. con toros de Ernesto González, oriundos de Cali, Valle, ve. Para ser breve, Pablo Hermoso salió con las orejas cortadas y poca verdad le vi en su lidia. Digamos que consecuencia de esas orejas y rabos regalados por el paso por Colombia. Eso como que sobra a cualquiera. Tuvo algún quiebre o paso del caballo por los terrenos del toro. Pero, con exceso, metió de más a los caballos, siendo alcanzado tres o cuatro ocasiones. ¿Menos mal y existe el afeitado? En su primero, correlón, pudo dar círculos, poner banderillas, mirar al tendido, armar jaleo y cortar dos orejas. En su segundo, un mansote con toda, tuvo que sacar más del libro, poner algo más de lidia, pero el bicho no daba. Desesperado con el rejón de muerte, echo a tierra y ahí quedó todo.

En fin, otra tarde más que nos fuimos con poco para la casa. Nos fuimos en medio de la discusión por la estocada de Bolívar, el pedido de 7mo. de Mora que no fue, los paseos entre tablas de Pablo Hermoso, el ruedo de la Santamaría, etc., pero olvidando que mientras no haya toros íntegros con fuerza y entereza, las poquísimas razones de esta mágica y trágica Fiesta se caen por su propio peso. Como quienes ya sabemos.

Abadía Vernaza.

4 comentarios

Archivado bajo Abadía Vernaza, Corridas, Reseña, Santamaría, Sobre la Fiesta