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De media casta le viene al toro.

Me he atrasado en la reseña. Fue por pura pereza. El día 29 de diciembre se lidió un encierro de Ernesto Gutiérrez, muy en su tipo, para Diego González, El Juli y Luís Bolívar.

Cuando me refiero a muy en su tipo, fue un encierro mínimo, con lo suficiente para embestir, ir y venir, permitir el arrimón y salir por ahí, caminando fresco. Un toro de media casta, tailor made. A eso me refiero con que el dicho ahora debe rezar “de media casta le viene al toro”.

Como director de lidia estuvo Diego González, esa pérdida de la tauromaquia colombiana, sacudiendo el lote más complicado de este encierro facilón. Digo pérdida porque González perdió en la suerte suprema, que nunca logró dominar, la oportunidad de ser figura, que su manera y forma de torear le brindaban. Fue un buen torero, con profesión, conocedor de su arte, pero débil matador de toros. Así, nunca reventó y se diluyó en décadas de poco toreo. Al primero lo lidió con decoro y despachó mal. En su segundo recibió un tope y un puntazo, que pudo ser peor. También lidió sin descollar y pinchó varias ocasiones. Así fue, así ha sido y así será.

El Juli estuvo bien pantallero, haciendo un toreo pop que la Plaza celebraba a rabiar pero la dichosa espada llevo a su lugar justo y después de pinchar y mal descabellar aplacó un bullicio descomunal. En el segundo estuvo aún más populachero, congraciándose con un público que le premiaba el buscar a una mula aquerenciada diciendo “míralo cómo se entrega aunque siendo un dios no le debe nada a nadie. Otro lo despacha”. Supuesta honestidad donde no hubo nada. El efecto se terminó con una terrible estocada riñonera, cazando al bicho en afán de no perder los regalos. Aún así, no sirvió.

Bolívar también reventó a la Plaza en dos lidias parcas, pero que Parrandaveralejo coreaba. En el primero, la espada también se hizo Comandante, acabó la diversión y mandó a parar. En el último estoqueó bien y así se cerró una corrida que casi llena la Plaza pero como muchas cosas en Cali, tampoco fue suficiente. La nota es que durante esa faena escribí la reseña del día anterior. Nunca me había pasado, ya verán la emoción.

(No dejo de escribir, así a nadie interese que ya murió la Feria).

Abadía Vernaza

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3ra. corrida en Bogotá (Rejones).

3ra. corrida de abono: rejones. (Quienes me leen con frecuencia saben que ahí está todo. O casi todo).

Sólo quiero decir que, con contadísimas excepciones que siempre deben haber, la práctica actual del rejoneo es un espectáculo circense que ha perdido el respeto por el animal, tanto al toro como al caballo. Sé que es atrevido, y en el toreo de a pie también sucede. Pero, a mi humilde modo de ver las cosas, el rejoneo hace gala de esta ausencia de honor y gallardía.

Abadía Vernaza.

PD: La segunda corrida de abono fue para mí una mansada insufrible, con un novillo en suerte a El Juli que estuvo espantoso, a puro control remoto. El Fandi, sin torear. Y Solanilla, a seguir entrenando, sobretodo, la suerte suprema.

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