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Bravura, hambre y resistencia: los puntos claros.

Los taurinos bogotanos, entre los que me incluyo por vivir aquí hace 11 años, vivimos tiempos aciagos, llenos de incertidumbre por una ciudad y una afición que el despotismo de un Alcalde ha destruido, buscando tapar la incompetencia en su gestión con autoritarismo y demagogia. Han pasado tres años y lo que parecía una decisión sin fundamento y que pronto se iba a caer, se ha convertido en un gigante sin cabeza y no sabemos qué diablos hacer con él. Ninguno de nosotros se imaginó ver la Santamaría cerradas porque sí durante tres largos años, vejada, olvidada, burlada. Pensamos que la Corte solucionaría esto rapido. Que habrían de cuidarla por ser Patrimonio Nacional. Y tres años después, poco o nada les ha importado. ¿Por qué habría de importarles ahora?

Esta entrada se llama Bravura, hambre y resistencia primero, en honor a 8 admirables novilleros que se valieron de su fuerza juvenil para plantarse durante día y noche a defender sus derechos y los de todos los taurinos, sin importar la clase, el oficio, los matices y las preferencias. Y segundo, porque bravura, hambre y resistencia son tres palabras que creo nos deben guiar en nuestra lucha por conservar una Fiesta, a veces decadente, pero que de vez en cuando se levanta poderosa, encastada, como un Toro de leyenda.

1.

La bravura, primero, es esa condición obligada y única que sustenta la fiesta de los toros. El Toro Bravo es un animal como ninguno, un animal poderoso, temerario y acojonante. La bravura es la condición deseada por todo ganadero, por todo aficionado cabal, por todo torero valiente, porque es la bravura lo que legitima la tauromaquia. Es esa argamasa que lleva la moralidad del toreo al infinito, a lo fuera de este mundo, a lo increíble, a lo sobrehumano. Es la condición que convierte al Toro en un dios y al torero en un super-hombre. La bravura es una palabra que nos cuesta encerrar en una sola definición, pero cuando la vemos, la entendemos, admiramos su presencia, tanto en el ruedo como en la vida. Ahí está, simplemente es real, como la condición primaria de este ritual extraordinario.

2.

Ahora, segundo: el hambre. El hambre durante décadas y siglos pasados hacía parte de la lucha por ser torero, por ser un super-hombre, por ser alguien en la constelación taurina. En estos tiempos, muchos aficionados nos quejamos de la falta de hambre de novilleros, de los toreros más modestos, o de las mismas figuras. El hambre es recurrente en nuestras tertulias tarde a tarde. En el mundo de la abundancia y de la globalización, añoramos el hambre y el sufrimiento como catalizadores de una expresión artística que depende de la deriva y de la incertidumbre para ser excelsa. Y hoy, 8 novilleros colombianos han visto en el hambre auto-impuesta como la respuesta más valiente y torera para defender fuera del ruedo aquello que por derecho les pertenece. Decidieron pararse frente a esas profundas cornadas que da el hambre y poner a prueba su resistencia física y mental, como gesto y gesta del sentirse torero. Esa hambre encarna todos los valores del hambre de antaño, donde todas las privaciones eran un medio para lograr el fin más grande: luchar y sobrevivir, aún con el estómago vacío.

3.

Y por último, la resistencia. Esta parece ser una palabra relativamente nueva para la mayoría de los taurinos e incluso extraña a nuestra naturaleza contemplativa. Pero que debemos incorporar a nuestro canon de valores, como norte y soporte de nuestra lucha por la más bella de las tradiciones. Particularmente, siempre he entendido la tauromaquia como una resistencia, por su carácter de lucha, por su carácter de acto que desafía la lógica del enfrentamiento. La tauromaquia ha sido una resistencia popular, ha representado los valores y la hombría en la cosmovisión de un pueblo. Siempre ha sido una resistencia contra la mentira, la manipulación, contra el miedo, contra la falsedad. La tauromaquia ha sido la resistencia de la Verdad ante la corrupción, ante el fraude. Hoy se erige como una resistencia ante los valores del mundo posmoderno donde la virtualidad y lo inmediato superan a lo real y a lo profundo, incluso a lo trágico.

Nuestra resistencia debe cada día dar más el pecho, cargar la suerte, dejar los complejos. Nuestra resistencia debe cada día tener más hambre, pasar más hambre, llevarla lejos sin importar las privaciones que el mundo, la sociedad o los gobiernos nos quieran imponer. Nuestra resistencia debe cada día ser más brava, más encastada, crecerse ante el castigo, ante la humillación, porque sólo así podrá ser consecuente con los valores excelsos que el Toro, el Torero y toda la Tauromaquia predican como únicos y verdaderos.

Bravura, hambre y resistencia, el canon de nuestra propia defensa.

Abadía Vernaza. (@canaveralito)

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¿Qué carajos es esto?

Copio de Toro, torero y afición:

Artículo 61. Los picadores actuarán alternando, al que le corresponda intervenir, se situará en la parte más alejada posible a los chiqueros, situándose el otro picador en la parte del ruedo opuesto al primero.
Cuando el picador se prepare para ejecutar la suerte la realizará obligando a la res por derecho, sin rebasar el círculo más próximo a la barrera, el picador cuidará de que el caballo lleve tapado solo su ojo derecho y de que no se adelante ningún lidiador más allá del estribo izquierdo.
La res deberá ser puesta en suerte sin rebasar el círculo más alejado de la barrera y, en ningún momento, los lidiadores y mozos de caballos podrán colocarse al lado derecho del caballo.
La res podrá acudir al caballo únicamente por una (1) sola vez. Cuando la res acuda al caballo, el picador efectuará la suerte por la derecha, quedando prohibido barrenar, tapar la salida de la res, girar alrededor de la misma, insistir o mantener el castigo incorrectamente aplicado. Si el astado deshace la reunión queda prohibido terminantemente consumar otro puyazo inmediatamente.
(Decir que el toro solo puede ir una vez al caballo es lograr, con gran éxito, que le metan un puyazo que vale por tres o cuatro, lo que redunda en que el matador no pueda “medir” como reacciona el toro después del puyazo y determinar si necesita o no otro mas. Es, en la práctica, condenar la faena al fracaso.
Si el toro se deshace de la reunión, o sea que sale suelto, es por lo menos insensato el no volverlo a poner, pues el toro necesita sangrar para no morir de un problema bascular generado por la alta presión sanguínea que su actividad en el ruedo produce.
Este es un tema que deben consultar con profesionales idóneos, pues no es tan sencillo como parece a simple vista. El pasar un toro sin picar es MARTIRIZARLO mucho mas, que hacerlo sangrar un poco. Volviendo al estudio de la Universidad Complutense de Madrid, sufre mas el toro en una corrida incruenta que en su lidia natural y tradicional.)

Si la res no acudiere al caballo en el tiempo señalado para la suerte de varas, se continuará con el espectáculo sin tener en cuenta la aplicación de la suerte de varas.
(Esta parte si que es la “puntilla” de la Fiesta. Ningún matador, por modesto que sea, no digamos las figuras siquiera, acepta torear un toro sin picar. Y no creo que lo que el público quiera ver sea un circo romano representado por un torero “luchando” a brazo partido con una fiera indómita, si nos mas bien un toro “ahormado” presto a servir para el desarrollo plástico, estético y rítmico de una faena.)
En ningún caso cuando el picador falle con la pica o coloque la vara el mal sitio, este podrá rectificar
(Midamos consecuencias sobre este particular, pues lo que puede esto llevar es a que en el espectáculo se derrame mas sangre de la necesaria. Un puyazo mal puesto, un pulmonazo, ¿no se puede rectificar? Hay que terminar la suerte haciendo daño innecesario a la res. O Un puyazo delantero que puede afectar sus vértebras ¿Hay que continuarlo, pues según el proyecto no se puede poner de nuevo al caballo? Y si es trasero?)
El espada de turno solicitará el cambio de tercio después del primer puyazo o lo hará directamente el presidente de la corrida.
(El “monopuyazo” que algunas figuras han tratado de implantar ya ha demostrado su barbarie e ineficacia para el buen desarrollo del espectáculo. No les hagamos el juego a los toreros que quieren ganarse sus honorarios sin esfuerzo, engañando al público con el “cuentico” que el toro salió parado del puyazo. Pues claro, si lo mataron con la intensidad del mismo!)
Ordenado por el presidente de la corrida el cambio de tercio, los picadores cesarán de inmediato en el castigo y únicamente podrán defenderse de las embestidas del toro hasta que se retiren del ruedo.
Los lidiadores o subalternos de a pie que infrinjan las normas relativas a la ejecución de la suerte de varas serán sancionados como autores de una falta con cinco (5) salarios mínimos legales mensuales vigentes.
Los picadores que contravengan las normas convenidas en este artículo serán sancionados con como autores de una falta con cinco (5) salarios mínimos legales mensuales vigentes.
Parágrafo: A partir del año 2011 se prohíbe la suerte de pica en los espectáculos taurinos señalados en el presente reglamento.
( Vuelvo a lo ya comentado. Si lo que se pretende es terminar con la Fiesta de los Toros el vehículo no es esta reglamentación que dejará el espectáculo regido cojo y por una colcha de retazos. Si de acabarla se trata la forma es bien otra, mas derecha, menos sesgada. Prohibir la pica del toro es igual decretar la desaparición de la fiesta por sustracción de materia. Ningún torero se enfrentaría a un animal de quinientos kilos, en puntas, sin que sus arrestos hayan sido “hormados” con la puya)

O sea, este se fue al caño, literalmente. No más Fiesta! Malparidos.

Abadía Vernaza.

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