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Qué vergüenza, Alhama

Es que cómo es posible que se presente tan terrible encierro, en una tarde de tanta importancia para Cañaveralejo. Solo dos toritos cumplieron, el 2do. y el 3ro. pero tampoco para pedir indulto, don Luis Fernando, tampoco. No te lo vamos a indultar, para eso mandanos un toro excepcional. El resto, una manada de burracos. Es que eran más toreables los chivos mansurrones de Puerta de Hierro.

Los de Alhama, no servían para nada. Ni siquiera la entrega de Rincón y de Bolívar sirvieron para subirle el nivel a tan grande tarde de despedida. El primero un manso que a punta de sapiencia y buen sitio, César, logró arrancarle algunos pases llenos de profesionalismo. Pero a los otros, nada. No se les pudo hacer nada. y así la emoción despertada por la faena de Bolívar, en las que ganó dos orejas bien dadas, y la de Rincón al 3ro. que perdió todo sus apéndices por culpa de la espada -Siento mucho decirte esto, César, pero ahí tuviste algo de culpa. Pendiente de un indulto inexistente, alargaste la suerte innecesariamente y no fuiste decidido en la estocada. Ahí se diluyó todo. La tarde perdió toda emoción, toda alegría, todo el arte. Y solo quedó la entrega de ambos toreros, el profesionalismo, la calma y la lidia, que era imposible a estos abominables bichos. Y especialmente, el respeto por la afición. Aquel respeto que las directivas no han tenido, y por culpa de esto, Cali y su temporada taurina van en decadencia.

César Rincón ganó dos orejas, Luis Bolívar, otras dos. El resultado, una tarde triste, nostálgica, donde mucho quisieron ver la tauromaquia de Rincón, y la suavidad clásica en ascenso de Bolívar, pero como muchas veces le he dicho aquí, sin toro no hay nada. Aquí solo algo tuvo importancia, y fue la despedida del Maestro. Pero una despedida que se escapó a lo taurino. Lástima. Aún me quedn dos tarde de Rincón, y como le he dicho, abiertamente bolivariano, muchas de Bolívar. Pero no hay derecho. No es justo, es un robo, un insulto.

No más, por favor, no maten a Cañaveralejo. Si alguien lee este blog y esta interesado en sentar su voz de protesta, por favor, hagámoslo, que la Plaza está muriendo. La tarde de ayer fue un bajonazo.

Abadía Vernaza

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¡Farewell, maestro!

La corrida del 30 de diciembre fue verdaderamente emotiva. Por lo que humanamente significa. Decirle adiós a un maestro, a un torero que por más de 20 años de carrera como matador de toros hizo las delicias de los verdaderos aficionados a los Toros. Cañaveralejo, se despide de Rincón, del César. En este post no vamos a mencionar las calidad artística de la corrida -para eso hacemos otro post exageradamente vergonzoso. En este vamos a darle al César, a Julio César Rincón, lo que es suyo.

Saliendo en hombros, como tantas tardes, acompañado de Luís Bolívar, César Rincón dejó para siempre la quincuagenaria Cañaveralejo. Se despide a los 50 años de la Plaza de Toros, a sus 25 de alternativa. Fue un momento muy emotivo. Una calle de honor formada por los alguacilillos, las amazonas, ambos a caballo, y por subalternos, matadores, alumnos de la Escuela, monosabios, servicios varios y acomodadores. Un estruendoso aplauso que despedía al mejor torero del último cuarto de siglo. Cali le decía adiós agradecida, bajo una lluvia de confeti brillante que cubría el ruedo y algunos tendidos. Así, en un pequeño instante se fue la máxima figura, el verdadero torero. Y algunos lagrimas rodaron. Rodaron por la emoción, por la tristeza, por la nostalgia. Muchos sabiendo que era la última tarde que le verían torear, otros -que somos más afortunados por poderle ver en algunas tarde más- emocionados por ver un bonito despligue logístico, y sobretodo por verlo dejar la plaza que le dio su primera oportunidad, esta frágil copa de champaña que parece estar a punto de quebrarse.

Adiós, por ahora desde Cali, gracias por las tardes que te alcancé a ver en Cali, recuerdo varias. Y gracias por dejar el recuerdo a una afición agonizante. Afortunadamente, nos veremos en Bogotá. Once again, thank you very much, César.

Abadía Vernaza

César Rincón en su despedida de Cali

(Fotos de Agnes Peronnet – Ver Galería en burladero.com

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Mucha oreja, poco arte

Es que así estamos acostumbrados en Cañaveralejo. A repartir orejas a diestra y siniestra. Por que sí. Por un aceptable par de banderillas, por una larga cambiada, por pegar 30 muletazos ahí. Y todo es un ole. Mucha oreja, poco arte, la corrida del 29.

Los toros de Puerta de Hierro sosos como no es sorpresa. El marqués del toro manso, del toro brocho, del torito chiquito. Y aquí seguimos los que esperamos los verdaderos toros, preguntándonos a qué venimos, para qué perdemos plata, para qué permitimos que se nos robe de frente y sin escrúpulos. Por amor a S.M. El Toro Bravo. Aquel toro que no da derrotes, que no cabecea, que se traga el engaño con codicia, que humilla, que arranca al caballo, que pelea en varas, que persigue a tablas, que pelea con bravura, con nobleza, con casta. El Toro grande, bien armado, el toro bonito, con suficientes años para ser toro-toro, y no un novillete. Pero bueno, esto parece ser una ilusión en Cali.

Pero acá sin toros, sin nada, hay orejas. Muchas orejas. Cinco orejas bien ganadas en una tarde sería una maravilla, algo espectacular, increíble. Pero más increíble es una tarde de cinco orejas y salir con el corazón arrugado, con la tristeza de una tarde para el olvido. Ahora es así en Cali. Mucho tilín tilín y nada de paletas. Parece que se han creído el cuento de ser amables y cálidos con la visita -¡pa’ que vuelva, pa que vuelva!-, y como hay que ser buenos anfitriones se reparten orejas de cortesía -casi al mismo nivel de las boletas amarillas regaladas que reparte la Empresa pa’ ver algo de gente en los tendidos- con tal que los de afuera se sientan como en casa. ¡Que queridos que son! Orejas pa’ todo el mundo.

Esa es la verdad. La triste y regalada verdad. Porque de arte no hubo nada. Sin toros no hay nada y sin toreros, menos. Rincón demostró que algo, alguito se puede hacer con sapiencia y tauromaquia, pero es que Rincón solo hay uno. El resto, ay ay ay. Hasta ahora el más destacado, Luis Bolívar. El único que sacó algunos muletazos aquella tarde ante los mansurrones de Puerta de Hierro. Soy bolivariano, lo acepto -no confundir con prácticas políticas de izquierda, aunque sí la izquierda de Bolívar, nuestro Luis, es muy buena. Suele sacar hermosos naturales con la siniestra. Jamás Perlaziano, lo siento. (Por eso decidí no decir nada sobre el 27, se lo dejo a mi compay Botija).

Al ñañito de Cali, Sebastián Castella, parece cada tarde un video. Con guión y todo. Siempre el mismo pasa largo y cambiado. La misma arrimadera truculenta, la misma forma de ahogar el poquísimo recorrido de los torillos. Además que ahora se le ve destemplado, desubicado y sin gracia. Parece que tu cuartico de hora pasó, mi querido Sebastián. Al menos yo, ya no te creo. No sé cómo lo hiciste en Madrid, pero seguro que no es como lo hacés acá. Pero fresco, muchacho, que acá estamos de Feria, y te dan orejas de bienvenida y de despedida, además de mucha rumba en el Radisson Royal. Y a mi amigo Ferrara, pues qué le digo, valentía en los recortes al toro, me gusta como lo jugás, y algunos de tus pares, pero ya, no más. Y el toreo no son banderillas, es lidia, amiguito, es lidia. Ni arrodillarse, ni bailar, ni desplantar, ni mirar al tendido, es lidiar.

Y bueno, si la gracia es hacer sentir bien a los toreros, atenderlos (gracias mujeres de Cali, pero dejadles algo de energía, no los consumáis), y demostrar la calidez caleña, pues repartamos orejas. Sí, orejas, pero las de hojaldre, que son deliciosas y de esas si podemos mandar a hacer con cantidades, cientos de cajas, porque la del toro son solo dos, y esas se ganan de verdad, porque de esas no hay muchas.

Abadía Vernaza

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