Archivo de la etiqueta: Juan Bernardo Caicedo

Cañaveralejo y sus 440

Una Plaza parrandera, que tiene nombre de orquesta: Cañaveralejo y sus 440. Ay, Plaza de segunda, donde ser flaco y escurrido es lo que está de moda.

Los toros de Juan Bernardo Caicedo tenían buena cara, algo de casta pero todo rondando todos los 440 y algo kilos. Y eso cuando llegan. Que desconfianza brava la que genera cuado el cartel marca el 440 cerrado. ¿Será que eso pesa, así cerrado, como número para el chance? ¿O cuánto faltó para llegar al peso de reglamento? Igual acá el reglamento es una cosa que existe just for fun. De ahí a su aplicación, Ja! O sino, vea a la Presidencia de Cañaveralejo y su rector que ni sabe cuándo cambiar el tercio. O si no me cree, vea a los subalternos que piden capote después del primer par sin esperar al segundo. Y los que lo hacen se quedan mamando. Maricadas de esta Plaza, vos sabés.

Ayer era corrida mixta, con Javier Castaño, Guerrita Chico y Pablo Hermoso de Mendoza, el de los caballos.

Hace rato no me perdía un primer toro. Los trancones de Cali así me obligaron. Llegué al segundo de Guerrita. Ahora resumo eso, a lo bien.

En el rejoneo hubo un poco de bulla, parche, pero con rejoneador a bordo. Aunque dejó tocar varias veces a los caballos. Ese arte en puntas… Pero Pablo Hermoso cumplió, sin reventar a la afición. Primera tarde, pasado mañana vuelvo.

Guerrita Chico volvió a Cali y ¡mi madre, por favor no más! No te odio, para nada, pero ya es hora de ver otras cositas. Guerra tiene perserverancia y aguante al chiflido. Pero de buena onda, no hay nada.

Javier Castaño mostró torería, por allá escondida. Algo que casi no se ve en Cali, porque se llega a esta Plaza con una displicencia. Castaño se ha curtido, todos lo sabemos. Ahora lo vimos, dejó algo en la afición, pero parece que nunca es suficiente. Eso sí, al aficionado de verdad lo deja esperando. A ustedes les dejo el dato: Manizales, 6 de enero, Mondoñedo, Javier Castaño, Andrés de los Ríos, Eduardo Gallo. Consideren.

Ahora, una corrida más, de poco peso, picante, pero que aún deja qué desear.

Abadía Vernaza

1 comentario

Archivado bajo Abadía Vernaza, Cañaveralejo, Corridas, Reseña

Al que no quiere caldo… 3ra. de abono.

Para comenzar, debo que decir que pasada la “pelea” entre varios miembros de esa peña-parche que nos reune en la fila 15 de sol (y en Facebook porque somos muy digitales), me fui a la Plaza de Toros con la intención de dejar de lado tantos rencores, amarguras y apasionamientos y mirar la corrida con tranquilidad. Con algo de asepsia periodística, por lo menos… No lo logré.

Definitivamente, no puedo ver una corrida de toros de las de ahora sin entrar en un estado de sopor profundo, mezcla del aburrimiento, la indignación y la lástima de ver cómo se diluye una Fiesta que es parte esencial de mi propia vida. La corrida del 29 fue un completo despropósito, una galería de imágenes para los antis. Como sería que ni siquiera los tropipops encontraron qué jalear en una tarde que logré resumir en algo menos de 1000 caracteres y que hoy, a fuerza de no dejar caer este blog, inflo en modo pseudo-conocedor de todo esto que, dicen, es tauromaquia. Pseudo-conocedor porque la verdad no entiendo ni la mitad de las cosas que pasan, en medio de premios y de vueltas al ruedo sin valor. Ahora, en un ejercicio doble-propósito, me ahorraré las palabras ya dichas y pegaré los tweets enviados ayer, en un intento de reducir una triste tarde a su mínima expresión. Y claro, la idea es que también nos sigan ahí. Después diré algo más… creo. [Si el caso es de pereza, bien podés saltarlos].

1.

2.

3.

4.

5.

6.

Coda.



___________________________________________

Entonces, de qué vale repetir lo que ya hemos dicho muchísimas veces sobre esta neo-tauromaquia pop. Lo más triste, la inaceptable presencia de los juanbernardos, novillos todos, paradójicamente, con mucha falta de pienso y otro con falta de Reduce Fat Fast. Lo indignante el afeitado, aka. cornicure de todos los novillones, no sólo los de rejoneo. Todos pasaron por el mueco. Cuando los cosas van mal, como gringo echando napalm, no hay quién se salve.

Así, duele ver cómo vuelve la burra y patea. Y patea. Y patea. Ay dió, si no fuera por mis pacientes compañeros de tarde, siempre dispuestos a repartir bota, patacón, jamón y guaro. A escuchar con amor los ácidos comentarios de este amargado de los toros, riéndose con amabilidad cuando me da por bailar choque en medio del sueño o burlarme del jaleo que se arma cuando los caballitos llaman con las patitas al toro. Y es que así parece que será la “fiesta” para quienes queremos conservar la esencia de lo que debe ser una verdadera corrida de toros, confinándonos a las páginas olvidadas de la tauromaquia de El Cossío o los ensayos admirados de don Ernestico Hemingway.  Tal vez, reducido a la memoria youtebeana del “milagro del toro blanco de Osborne” en las manos del Maestro Antonio Chenel “Antoñete” (QEPD) o a la esperanza de una Francia, dicen “torista”, que procura salvar a lo que ya nadie le para bolas… En fin, así podría seguir tirando ejemplos de una ilusión que parece que no volverá a aparecerse en los ruedos. Siendo así las cosas, como quien dice, al que no quiere caldo… Con lo que llevamos, me han dado 4 tazas.

Como nos tocará ver esta “Fiesta”:

Lo que vemos, porque no hay nah.

Foto, as usual, por Andrés Rivera.

Porque así se ve en verdad:

Lindo el afeitado del novillo.

La prueba, por Andrés Rivera (dar click para agrandar).

Fuck you all!

Abadía Vernaza.

Deja un comentario

Archivado bajo Abadía Vernaza, Corridas, Reseña, Santamaría

4ta. y 5ta. de abono.

Por diferentes razones, entre ellas una absoluta pereza de escribir, dejé pasar las corridas de Santa Bárbara y Juan Bernardo Caicedo. Trataré de hacer memoria de lo ocurrido en esos dos días. Cualquier inconsistencia atribuidla a mi falta de constancia y pereza mental. Quedamos así.

En orden, la 4ta. de abono fue una corrida interesante, enviada por el capitán Barbero a Bogotá. Toros bien presentados, con cara, trapío y buen peso. Frente a ellos estuvieron Diego Urdiales (torero que me apetecía ver por lo leído en la taurósfera española), a Miguel Abellán (torero español que recala siempre en Cali, donde hace y deshace, por fuera del ruedo, of course) y Sebastián Vargas (torero colombiano con valor y suerte. Sobretodo, suerte). De detalles ya poco queda en mi memoria de aquella tarde. Lo que sí recuerdo es el encierro de Santa Bárbara que puso en aprietos a los de a pie. Una corrida con sabor y picante que permitió ver la gama que va de la bravura a la bravuconería. También, recuerdo un temerario par al violín de Sebastián Vargas a su primero, arriesgando de verdad las carnes, sí, sí. Diego Urdiales no estuvo a la altura de lo que esperaba de él. Y Miguel Abellán no estuvo en “modo caleño” pero tampoco rescato mayor cosa de sus faenas. Al menos, nada se me ha quedao’ en la memoria. Eso sí, salí contento con el encierro de Santa Bárbara, preguntándome por qué la “corrida de los 80 años” no fue para Mondoñedo, pero bueno, los toros cumplieron y eso es más importante. Seguíamos con animales que daban de qué hablar, usualmente para bien.

La 5ta. de abono correspondió a la ganadería de Juan Bernardo Caicedo y con ellos venían en el cartel “El Cid”, Luis Bolívar y Daniel Luque. Sin desear ningún mal y una pronta recuperación a Castella, ese cambio de último minuto fue mi agrado. No es para nadie desconocido que el toreo del francés me aburre, como si viera 60.000 veces el mismo video en Youtube. Y por eso, el cambio por El Cid era, al menos, algo que me motivaba. El Cid es un torero que me gusta. Tiene algo que me hace creer en él. Y para mí, ese domingo lo demostró. Salió a torear de verdad, especialmente en su primero, templó, mandó y lidió. Tal vez alguna de sus orejas fue muy larga, pero sinceridad demostró en el ruedo. Además, esa tarde El Cid ebullía torería, toreando, agradando y mandando como director de lidia. A mi, que me tildan de “enemigo” de los toreros, me agradan ese tipo de detalles y los aprecio. Son reflejo de no sólo vestirse, sino sentirse torero. Ahora, de Daniel Luque debo decir que también me gusta (¿será que me estoy ablandando?). Me gustan sus formas poco ortodoxas de interpretar el toreo, sin perder el sitio y el temple. En su primero ejecutó una bonita faena que fue rematada con un “estoconazo” de antología. En serio, propinó una muerte certera y digna a un buen ejemplar de Juan Bernardo Caicedo, que si no recuerdo mal fue premiado también con vuelta al ruedo, ganando a ley una oreja por su lidia y otra por la estocada. Una comunión que poca veces ocurre. En su segundo estuvo muy por debajo y apenas recibió unas tímidas palmas. Sin embargo, Luque sigue siendo (en esa única tarde que le vi este año) un torero con mucho futuro y obviamente, mucho camino por recorrer para alcanzar la maestría. Al menos va por buen camino. Camino que no ha seguido Luis Bolívar. El colombiano ha pasado de ser una promesa de la verdadera torería a un enorme promotor del destoreo, la falta de sitio y los truquitos. En ambos animales (y en varios durantes las últimas dos temporadas) Bolívar ha demostrado que su arte se está diluyendo en un mar de mentiras. Toreando a control remoto, dejando espacio pa’ que pase una tractomula entre toro y él, Bolívar apela al discurso de ser “el torero colombiano con mayor proyección en los ruedos españoles” para obtener el favor del público voluble que colma la Santamaría y a punta de orejas demasiado, pero DE MA SIA DO largas, ha salido triunfante cuando sigue sin volver a demostrar por qué en algún momento fue considerado promesa del toreo (el de verdá, pa’ que no queden dudas). Lástima por Bolívar, de tanto idolatrar al santo se le termina quemando. Paila, como diríamos los más pollos. Los toros de Juan Bernardo sí fueron algo destacable. Bonitos, bien hechos, de buen juego en general, siguieron poniendo una buena nota a esta temporada de mucho toro y poco torero. Entre bastidores cuento que se quedó un hermoso sobrero en los corrales de la Santamaría, por culpa del tejemaneje en el sorteo y la CARA que tiene ese mono de JBC. Seguían los toros buenos y de verdad. Ay, cómo me estaban dando de gusto!

Les dejo tres galerías de fotos, una de la 4ta. de abono, otra de la 5ta. de abono y una de los juanbernardos en los corrales, todas de mi gran amigo, “más amigo de los toreros que yo” y cada vez mejor fotógrafo, Andrés Rivera. De paso, lean su bló, se los recomiendo. De las diferentes perspectivas, decía un buen aficionado venezolano, “es que el mundo del toro es muy arrecho”. Eso es verdá.

Abadía Vernaza.

PD: Esta tarde o mañana escribo lo ocurrido en la 6ta. y última de abono en Bogotá (y de la temporada taurina colombiana… 😥 SNIFF). Eso aún lo tengo fresquito, fresquito.

Deja un comentario

Archivado bajo Abadía Vernaza, Corridas, Santamaría

Dissapointment (porque el año pasado ya hubo uno llamado “Decepción”.

Uno se empercha, se pone los zapatos apropiados, se llena de ilusiones para ir a la Plaza, se acomoda en el tendido y espera que la Fiesta empiece. Bolívar, hasta Castella y los juanbernardos en el cartel. ¿Qué puede salir mal? Esta es Cali. Y las cosas no salen, que el toro, que el toro, que el toro. A ver, en serio, esta vez fue pura desidia torera. Que decepción verr a Bolívar tan poco entregado, perdido, encartado con los juanbernardos. Toros bravos no eran, lo sé. Pero eran unos hijoputas, pura mala leche, animales peligrosos, de verdad. Toros en comportamiento, así sea para volverse unos malparidos malgeniados, con sentido agudo y avispado. Es que, a ver, el Toro es un animal con un inteligencia desbordante, animal de lucha constante. Los hay nobles, los hay traicioneros. Los hay bravos, los hay bravucones. Y obvio, salen mansos estúpidos.

Hoy, los juanbernados salieron más complicados que la cagada de un tullido. Habrán diferencias pero acá no nos ponemos que el 2do., fue potable, el 4to. no, y así. Acá vemos la corrida, hablamos mierda, tomamos guaro y gritamos “sandeces”. No hay tiempo pa’ hablar y/o rescatar irrelevancias. Eso que “resultado artístico”, nanai. Esto no es fútbol. Pa’ eso están los goles. Acá hay o no hay. Animales, al menos bestias brutas y peligrosas hubo, eso es parte de esta Fiesta. No esas caretillitas que se tiran y pasan que uno no se dá ni cuenta. No hubo toreros. No hubo lidiadores. No hubo tauromaquia. A Castella, su torería me aburre, me pongo menopáusico y tales. Es que es un torero egoísta, sin sitio, sin mando. Puro lucimiento pa’ él. Pa’l animal, nada! Y conmigo pérdidas. Ah, sí el man cortó una oreja. Y qué.

Bolívar, triste. Decepcionante. Sin lidia. Y ambos, mandando mantazos cuando los hoscos juanbernardos se les cagaban encima. Y nada de honor torero en medio de un Mano a Mano. Ni siquiera cuando el 2do. de la tarde se partió ambos pitones y Luis Bolívar siguió la lidia. ¿A quién? A un animal disminuido y malherido. Poca honra hacerle algo a eso. Triste.

Los toros eran una bravuconada con sentido y peligrosa. Pero habían animales, de esos que propinan cornadas y percances. Al menos, pedían lidia y toreo despierto. Y nadie se la dio. Y ¡no, pues, qué cagada! Corrida de expectación, corrida de decepción. Un día de estos me pego una borrachera y grito cualquier redondo destemplado que se pegue. Es que hoy me dijeron que era muy joven para ser tan ortodoxo. ¿O me las pico? Parecemos del Opus Dei. Don José María Escrivá de Balaguer estaría orgulloso.

Tengo que destacar un par de varas más allá de la costumbre que se tiene en Cañaveralejo.

Ahora, escucho en TV que los toreros tuvieron inteligencia y clase. ¿Puta, a mí dónde me criaron?

Abadía Vernaza.

1 comentario

Archivado bajo Abadía Vernaza, Cañaveralejo, Corridas, Reseña

Su majestad, el Toro – 6ta. de abono.

¡Ah, espléndida tarde donde el Toro-Toro se hizo presente para deleitarnos con su regia imponencia! Ese animal maravilloso, bestia llena de bravura y fuerza, señor de la Fiesta Brava, tuvo a bien dignarse a aparecer por una tarde en Cañaveralejo y alegrarnos una desesperanzada temporada. ¡Gracias a Don Juan Bernardo Caicedo por tremendo encierro! mucho toro para tan pequeña plaza. Afortunados nosotros que estuvimos ahí.

6 Toros 6, como debe ser. 6 toros bravos, encastados, alegres y nobles, hermosos de hechuras y con los pitones intactos. Animales que se ganaban el respeto de los presentes con sólo pisar el ruedo de Cañaveralejo. ¡Como es de hermoso ver a un animal que humilla, que se quiere tragar la muleta, que quiere embestir, dar pelea y montarse sobre la inteligencia humana, como la bestia reinante, como el más poderoso de los seres vivos! Tuvimos la fortuna de ver 6 toros de grandes condiciones, donde los pobre humanos no pudieron con su poder, y a mí modo de ver, son los derrotados, desbordados por tanta casta animal. Ninguno pudo mandar al animal, lidiarlo, cazar pelea y darle muerte, sin salir derrotados, expuestos en su inutilidad humana, sin maestría ni honor torero.

Hubo 2 indultos, dos indultos donde toda la gloria era de los bichos, porque los toreros apenas y se defendían como podían, haciendo gala de un toreo superficial y acomodado. Y la pusilánime Presidencia, la peor parada de todas, con su ignorancia descarada y desproporcionada.

El 4to. toro, un jabonero hermoso, bien armado de pitones, con una alegre bravura. Nada más verle rematar en tablas, no una, ni dos, más de 5 veces. Con la cabeza arriba, engreído, imponente. Verle probar el capote, cazar la pelea y arrancarse sin asomo de duda ni temor. Verle embestir al caballo con fuerza, con bravura, dando una pelea excepcional entre toro y caballo, de la cual, sin ninguna duda él Toro salió victorioso. Tercio de banderillas peligroso, con toro bravo, persiguiendo, provocando, dominando. Maldigo la muleta estúpida de Antonio Barrera, que no pudo con tanta bravura, perdiendo el sitio, perdiendo el dominio. Y por la misma estupidez le propinó revolcón. Muleta estúpida la que llevo al Toro al tercio, aquerenciandolo y rajando a un animal que se sintió superior y se desentendió de la lucha estúpida a la que le invitaba Barrera. Presidencia estúpida que cambió el tercio, aún cuando toro y afición esperaban la segunda pelea de tremenda bestia para confirmar la bravura de un Toro-Toro como casi nunca se ve. Presidencia estúpida que no escuchó los pocos pero sabios pedidos de indulto y menos los un poco mayores pedidos de vuelta al ruedo -se la concedió a un Salento de medio pelo, quién sabe por qué putas. Presidencia estúpida que concedió una oreja al insulso Barrera que sólo se defendió de un animal que fue mucho más que él. Presidencia estúpida que mandó al destazadero a un animal íntegro, con la casta y bravura suficiente para salir airoso de la pelea frente a la razón -o mejor dicho, estupidez- humana. En el ruedo hubo un Maestro, así se llamó el Toro, y la estupidez humana, de un Presidente que no tiene ni puta idea de esto, lo mandó a donde van los toros del diario y no los regios Toros que merecen volver al campo, como guerreros de mil batallas.

El 5to. fue un Toro también, un poco menos que el anterior, pero menos es decir casi nada. Un toro maltoreado por un torero egoísta como lo es Castella. Un toro que embestía de lejos, con alegría, que peleó en varas (dos veces, podría decirse), que acudió a banderillas, pero que terminó en la muleta ratonera de Castella, quien siempre termina con el maldito arrimón mentiroso, de torerito valiente, cuando este Toro era para lidiarlo de verdad, con profundidad, con ritmo, con pausa, con temple, dando la distancia entre Toro y torero, y no queriendo humillar como manso perro a un animal que se lo hubiera comido vivo. torero egoísta sos, Castella, pero ni mierda, el Rey es el Toro y por más que querás ser la Pop Star de los Ruedos, no vas a poder destronar a Su Majestad, el Toro. Otra faena donde el Toro, una pizca solamente menos Toro, salió victorioso, con el orgullo del Toro indultado aunque Castellita ofrecía su orejas como suyas, y no, eran un premio de reglamento a la decisión de un Toro indultado.

El 6to., también indultado, no desentonó y con poderío revelo la carencia de arte y técnica del pobre Guerrita Chico. Un pobre torero que no se quedaba quieto y se sacaba del recorrido de un bravo toro que los estaba volviendo papilla. Una faena pobre del torero, grande del toro, que demostró con sus argumentos, la casta y la bravura, las limitaciones de su adversario. De nuevo, un indulto, a mi modo de ver producto ya de la adrenalina que brotaba en el carnavalesco público de Cañaveralejo y los intereses de la Junta Directiva quienes pedían a voces el indulto, como espectadores de corraleja de 3ra. Pero no quiero demeritar al Toro bravo, que lo fue, y mejor por él, que pronto estará pastando con su reata de vacas en la dehesa de don Juan Bernardo Caicedo en las tierras del Tolima.

Al final, un encierro completo, con todas la de la ley y con las de más, que son las excepciones que hacen mágica a esta Fiesta. Al fina, para mí sólo debió -con rigor- concederse un indulto, que no se dio, y dos merecidas vueltas al rueda, pero creo que ya quedó claro que tenemos a una Presidencia estúpida. ¿O seré yo? Nah, con atrevimiento digo que es el de arriba. De nuevo, mil y mil gracias a tan serio ganadero que demuestra que los Toros bravos en Colombia existen y que están por fuera de esa mafia que maneja la Plaza de Toros de Cali, encabezada por Eduardo Estela Garrido y sus insoportables mansos de Puerta de Hierro. Queremos toros de verdad, no la mierda-toros de los Directivos. ¡Fuera todos ya!

2 comentarios

Archivado bajo Abadía Vernaza, Cañaveralejo, Corridas, Reseña

El placer de ver toros – 6ta. de abono.

Por Felipe Botero.

Después de 5 pésimas corridas, llenas de bueyes faltos de casta, no hay nada mas reconfortante que volver a ver toros, toros de verdad, esto permitió el encierro de Juan Bernardo Caicedo, 6 toros excelentemente bien presentados, aunque un poco corto de peso con el desarrollo físico y muscular necesario para que se brindara un buen espectáculo. Bien armados, astifinos, en total, toros para presentar.

La tarde fue de animales, casi que para tres induultos (esto con la vara de medida de la presidencia de Cañaveralejo). El 4 de la tarde, el jabonero de Barrera, era a mi concepto el más “indultable” del encierro, no es sino recordar con alegría, la iracunda pelea que dio en la cabalgadura de Ánderson Murillo, una vara como para recordar, como para pararsele a aplaudirle. El problema fue que le falto lidiador, un maestro que lo hiciera mas visible. Esto claro está sin decir que Barerra no lo haya hecho bien, puesto que además de iniciar su faena con una larga cambiada en el centro del ruedo me perduran algunas de sus tandas en los recuerdos.

Guerrita, no opinaré mucho, me alegra que haya indultado, pero les aseguro que el indulto fue por mérito propio del toro, no se hasta donde las dos orejas para él.

De Castella me imagino habrán leído la dura crítica de Abadía, de la cual concuerdo en dos cuestiones. En primer lugar, el toro era un toro de recorrido y no debió  arrimarse tanto, además que desaprovechó la embestida limpia con que arremetía el animal por el pitón izquierdo. Pero le reconozco que ese indulto si fue obra suya, ya que el animal de excelentes condiciones daba lo justo para una vuelta al ruedo, pero por mérito del matador el animal se mostró un poco más y el toreo pausado de Castella, seguro y arriesgado, a mí me convenció.

En fin de cuentas el gran triunfador de la tarde fue Juan Bernardo Caicedo y m alegro mucho por él. Si Mondoñedo no sale con nada, le aseguro el trofeo este año.

El comentario extra: reprochable la respuesta de Armando Rivera a los antitaurinos que se metieron al ruedo. Usted no es policía, Señor, y hasta no ser agredido no puede responder, menos en tal condición.

Deja un comentario

Archivado bajo Cañaveralejo, El Botija, Reseña

Un torero, pero no aquel que el público esperaba

Poco a poco va terminando la Temporada Taurina de Bogotá 2008, y el resultado no pinta muy bien. Al parecer, otra temporada mediocre -como la de Cali y Manizales- donde los toros no han pasado de ser unos bichos, en la mayoría de los casos, mansos, descastados y sin gracia. Alguno medianamente aceptable, pero ninguno de esos que quitan el aliento y llenan de gozo al aficionado con su bravura. Y de los toreros ni qué decir. Todos ahí, como si nada. La verdad es una pena ver hacia donde corre el agua turbia de este molino.

Como dije en la crónica de la corrida anterior -5ta. de abono- ya ni expectativas hay para la corrida siguiente, ni la pa’ la de después, ni nada. Es un cansancio, una resignación, porque cada tarde la decepción es enorme. Ni los nombres en los carteles, ni las ganaderías, nada provoca verdadera emoción. No entiendo cómo putas las Empresas hablan de corridas de “garantías” si no sale nada. Obvio, garantías pa’ ellos, porque pa’l aficionado de verdad no hay garantía de nada. Ni la presencia “de los más grandes toreros del momento”. Todos son figurines que se descabezan a sí mismos, sobretodo los que pasan cien mil euretes. Lease, J. Tomás, El Juli. (No valen lo que cobran, que cagada, pero bueno NO SON IMPRESCINDIBLES, oyeron).

La 6ta. corrida de abono en la Santamaría -penúltima, por cierto- fue en gran medida reflejo de esta mediocridad triste que se ha posado sobre el 99.9999999% de los ruedos del mundo. Los toros de Juan Bernardo Caicedo, me defraudaron, excluyendo el quinto y alguna medida el cuarto, que se partió una pata después de la pica, pero que en ella demostró bravura al caballo, la que tanto me gusta. El quinto fue un animal bravo y complicado. Con mucho genio. Toro pa’ lidiador. El resto, pa’l destazadero. Ahhh, y claro, el cuarto bis, un Guachicono de esos que salían antes, con bravura, con casta. Ambos, cuarto bis y quinto, peleando en varas, y eso sí que me gusta, sí señor.

El Juli, con la MEGA-TENDIDITIS que lo caracteriza. La fiebre de El Juli (conocida como Julinitis) colmó los tendidos de la Santamaría a más no poder. Igual que con Tomasito hace 8 días. Pero al igual que el de Galapagar, el Julicito salió descabezado -en la peor tarde que a mi opinión le he visto, no estaba en nada, o bueno en algo verdadero- y confirmó mis intuiciones relacionadas con la actuación del año pasado. Un torero de masas, pero como la buena masa para asar arepas: blandito, blandito. Y cagado del susto con el Guachiconote que le tocó en suerte por culpa de las despaturrada del juanbernardo. No contabas con ese, Juliancito, y no supiste ni por donde meterle esa espada. Si es por el acero prefiero ver a Miguelito -el súperniño torero- matando que a vos con esa estocada de vergüenza. De hecho, toda la faena fue de vergüenza. Pero relajao, que te entró un jurgo de Euros o Dólares, o lo que sea, pero que es plata es plata.

Por el contrario, está Perera. La verdad no sé cuánto puede cobrar, ni me interesa. Su segunda faena es una de las más honestas que he visto en los últimos años. Una lección de torería, de valentía. De parar, templar y mandar a un bravo toro de J.B. A un bravo, pero peligrosísimo animal, en extremo codicioso y sordo testarudo. A punta de sitio, de temple, cuajó una faena cargada de tensión y peligro, donde los públicos más susceptibles le pedían que se cuidara, y los otros le pedíamos que siguiera así, que nos hiciera sufrir, que amenazara la muerte, que arriesgara la cornada y que triunfara con valentía. Así lo hizo, pa’ fortuna nuestra. Un torero que sabe torear, que sabe lidiar. Un faena profunda, mandando en la cara del toro, embarcándolo en la embestida y dándole continuidad, sin ventajas, ni triquiñuelas. Así quería verte desde Cali, y todo bien, Angelito, no me defraudaste, gracias. Demostraste lo que se puede hacer con un poco de güevitos y orgullo torero. Sin importar el ruedo encharcado, el sentido agudizadísimo del animal, de la frialdad de un público ignorante. La oreja mejor ganada hasta el momento, como dije, la más honesta y merecida.

Mención aparte hago al tercio de varas en esta misma faena. Una excelentísima vara, que acá casi nadie comprende, porque tan acostumbrados están al simulacro de puya, que se ablandan las sensibilidades al ver a un toro dando y recibiendo duro. Una pica que ahormó muchísimo la bravura de este malgeniadísimo Juan Bernardo. Como debe ser, pa’ eso están los caballos en la lidia.

Bolívar no me terminó de llenar. Y eso que soy muy bolivarista -pa’ no confundir con el socialismo latinoamericano del s.XXI- En su primero estuvo muy por debajo de todas sus capacidades. Por mucho. En el último cuajó una faena que en el fragor del momento no me disgustó, pero después me dejó un agridulce que no me agradó. No sé, faena voluntariosa, pero con mucho de criollo y tropical, también con algo de triunfalismo. No sé, muy promedio. Nada del otro mundo -obviamente, dos orejas gracias al público presente.

Así fue la penúltima corrida de toros este año en la Santamaría -puede ser antepenúltima porque se rumora un festejo de colombianos para el mes de marzo. Con un marcado contraste. Donde la figurota salió por la puerta de atrás, y los “menos importantes” han salido mejor parados -Castella frente a Rincón, Ramsés frente a Tomás, Perera y Bolívar ante El Juli. Una temporada que se va cerrando con un broche de plástico. Pálido y blandito como el público de la Santamaría. Una tarde de contrastes, donde hasta mi pasión y mi pequeño pero sincero conocimiento de la Fiesta fue groseramente ofendido y puesto entre dicho, por un viejo hijoputa (perdón el insulto) que no sé qué diablos se cree. Una lástima encontrarse personas así en la Plaza de Toros. Supuestos aficionados que se creen mejor que los demás, porque tienen plata, posición social, edad o apellido. Me vale culo eso. Yo voy a Toros porque me nace y qué. Y no soy cualquier pelmazo.

La corrida no me dejó del todo cabizbajo -gracias a Perera, sin duda. Pero la expectación pa’ la Corrida del Adiós es ninguna. Un mano a mano de “garantías”, pero repito, garantías para quién. Para mí no son, eso es seguro.

Abadía Vernaza.

PD: Tal como conté el viernes, estuve en una tienta, en la ganadería de Mondoñedo. Y fue una muy bonita tarde. Vale la pena hablar de ello más adelante. Y sobre aquella emblemática ganadería colombiana.

2 comentarios

Archivado bajo Abadía Vernaza, Corridas, Santamaría