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Triste decepción – 5ta. de abono.

Ya sabía mi instinto de aficionado, instinto que se sustenta en ir a casi 20 corridas en Colombia por sólo ver una, que repetir lo vivido el domingo anterior no iba a ser fácil, si es que era posible. No es pesimismo, es que la tauromaquia se compone de excepciones, no de repeticiones. Vale más un solo muletazo de verdad, que 100 mantazos, uds. entienden mi idea. La expectación despertada por las fotos que circulaban de los santabárbara, del cartel de “media tabla” pero con toreros forjados a fuerza, la promesa de una tarde solitaria, de sólo aficionados, de 1/3 de Plaza. Una de esas tardes que, como me decían en el tendido, gustan a los aficionados, más no a las Empresas. Así se formaba una tarde que prometía y que se transformó en una triste y profunda decepción por el espantoso comportamiento de los animales del capitán Barbero. Pero les voy contando parte por parte.

La tarde estuvo precedida por un fuerte aguacero, con granizada incluída, que retrasó media hora la corrida. En ese tiempo, el equipo de monosabios logró arreglar un pantanal y convertirlo en un ruedo presentable y apto para la lidia. Well done! Desde el principio el cielo nos obligó a usar los ponchos y resguardarnos en las carpas del guaro. ¡Claro, para el frío! A las 4:00 inició el paseíllo, tan extraño para nosotros como lo sigue siendo el de la Santamaría. Me gusta más el de mi decadente Cañaveralejo, partiendo Plaza. Detalles. Maricaditas.

El cartel estaba compuesto por toros de Santa Bárbara, del capitán Barbero y que pastan por estos lados tan cercanos de La Calera. Toros que iban para Diego Urdiales, Iván Fandiño y el colombiano Juan Solanilla. Como dije más arriba, a mi estos carteles sin tanto bombo en cuanto a figuras y anunciando ganaderías que considero serias, me alientan a comprar el abono y volver a la Plaza. El día que no haya al menos una de ellas, paila, nothing else matters. Y con lo lindo que pasé el domingo anterior, tenía esa afición renovada. No voy a ser fatalista y decir que ya todo se fue al carajo. De hecho, sí se está yendo al carajo, pero ganaderos como el Sr. Barbero o la familia Sanz, mantienen, así sea languideciendo, este cuento de los toros. A pesar de que este domingo el encierro de Santa Bárbara vino de mal en peor y no dio ningún juego.

Los 7 toros (ya que Iván Fandiño regaló uno más, el de irnos) estuvieron completamente faltos de raza y de verdadera bravura. De presentación muy desigual, hubo mono grandes y pesados (sobre los 520 kg) y otros, más flacos y muy armados (algo más de 470kg). A todos, en mi opinión les faltó cara de toros, esa cara que no sólo la da el tamaño y la edad, sino también la casta, la raza y la bravura. Se supone que uno debe ser completamente objetivo pero ver una ganadería tan seria y con tanta afición como Santa Bárbara reventar con tanta falta de todo, duele. Y mucho. Sin conocerlo siquiera, imagino al capitán Barbero descosiéndose los sesos, tratando de descubrir qué salió mal. Estoy seguro que estará herido en su orgullo ganadero y apenado con la verdadera afición bogotano, que dejó la comodidad de su casa en medio del granizo para ver su corrida. Y lo digo porque en años anteriores, Santa Bárbara ha dado corridas serias y verdaderas, que le han merecido lo que hoy escribo. A re-tentar, a volver a probar, a desechar y seguir en la búsqueda de la raza, es lo que le queda. Lástima y mucha.

Uno por uno, en el primero estuvo Iván Fandiño, que confirmaba en Bogotá. Al frente tuvo un toro manso, receloso y probón, que huyó a los capotazos de los subalternos. Metido a fuerza de mano al capote de Fandiño, lo llevó al caballo donde dio una pelea bravucona. Igual de receloso en las banderillas, llegó con su poco poder y raza a una muleta muy poderosa del español. Con una lidia muy completa y conocedora, Iván Fandiño logró exprimir las condiciones del toro, logrando una faena que se vio coherente y bien hecha. Probando y recelando durante los tercios anteriores, podría decirse que el toro se vino a más, pero por voluntad y lidia del de a pie. Me gustó su faena y me gusto su honestidad torera, dando lo mejor para lidiar un animal que muchos hubieran zafado por manso. Aún así, a su pesar, no logró rematar su labor en la suerte más importante, la que les da su nombre de matador y así se fue la que quizá hubiera sido la oreja más verdadera de lo que va de temporada. Al menos, yo hubiera pedido una. En el quinto de la tarde, Fandiño poco pudo hacer frente a un manso de libro, vacío, parco, sin raza. El español despachó rápido con buena estocada y quedándose sin encierro, sin premios del público y con las ganas de agradar a Bogotá, ofrecióse para lidiar un séptimo toro, si la Presidencia y sus alternantes lo permitían. Siendo así, saltó un 7mo. toro, el más avacado del encierro y creo el menos contrahecho. Siguiendo el comportamiento de sus hermanos, careció de valor y rápidamente busco el refugio del rajado. Fandiño lo trasteó con valor, dándole ventajas de toro manso y arriesgo un poco en favor de agradas. El público, agradecido por la ñapa, le entregó una oreja y seguramente, dejándo la Plaza en buenas migas para volver el próximo año.

El que ya no está bien parado con la afición bogotana es Diego Urdiales. En el segundo de la tarde (por ceder el 1ro. a Fandiño), Urdiales tuvo en suerte un rajado, bravucón, que no quería saber nada de nada. El español, con miedo manifiesto destoreó al animal hasta llevarlo al punto del soponcio. Siendo así y tratando de abreviar, convirtió la última suerte en un despropósito. Un pinchazo hondo y yanosécuánto intentos de descabello, se vino la Plaza encima. Con una Presidencia indulgente que le regaló cerca a 45 segundos, tocando sólo dos avisos y esperando un par de segundos (en el tiempo de la suerte suprema, cada uno es una eternidad). A nuestra consideración de aficionados, debieron ser los tres avisos y puntilla. Una gavilla de Usía, que no debería darse. Así se iba pitado con algo de razón. Pudiendo sacar la espina a punta de pundonor, a Urdiales se le metió el miedo también en su segundo (4to. de la tarde). Era un castaño armado, bravucón y traicionero, que se revolvía con prontitud. El de a pie, manifestando la condición en exceso peligrosa y a falta de voluntad, se fue a la 3ra. o 4ta. tanda por el estoque y ahí sí lo hizo con decencia. Ya no había pitos, había indiferencia. Así, simplemente le he visto 3 tardes y en las 3 ha salido como si nunca hubiera venido. Ha venido de paseo a estas tierras americanas. Quién sabe si vuelva. No creo. Colombia no fue lo suyo, my friend.

El último del cartel fue el colombiano Solanilla. En su primer animal se enfrentó a un toro de decente hechuras. En mala lidia, el animal no fue picado, la pica no llegó a cruceta y el animal nunca humilló. Solanilla estuvo bien con el capote, pero hasta ahí. El toro era noblón y Solanilla pudo mantearlo sin templar un solo pase. Con sentido, el animal empezó a defenderse y el colombiano siguió manteando a media altura y sin mucho sitio. Poco expertise. Plantó una buena estocada y el público concedió una oreja larguísima. LAR-GUÍ-SI-MA. El sexto toro de la tarde ya venía con el peso de una corrida donde no había encierro a pesar de que, si mal no recuerdo y siendo largo, fue el “mejor” de la tarde. Mejor muy entrecomillas. Así, fue el peor presentado del encierro en sus hechuras, de pitones bien chiquitos. A mi memoria de lo poco que recuerdo viene que fue el más fijo de la tarde y que menos buscó tablas. Ya no sé. Aún así, recuerdo que Solanilla estuvo muy destemplado, sin sitio, sin lograr embarcar la embestida. Le falta mucha mano. Ya recuerdo que me decían que así, pequeño y desarmado, iba a servir. Pues ahí sirvió, pero la falta de recorrido de Solanilla se evidenció en un animal que no exigía mayores papeles tampoco. Por ahí salvó una cornada cantada, gracias a la falta de palitos del burraco. Solanilla debió cerrar una tarde que fue de 7 mansos por el regalo de Fandiño.

Lástima por una ganadería seria y de las que me gustan a mi, pero así son estas cosas. “La búsqueda”, como la llamó mi amigo Botija, es un camino más lleno de amarguras que de alegrías. Esto es una Fiesta, más no una parranda. Y los matices grises y oscuros son los que de verdad contrastan las verdaderas apariciones de la Tauromaquia. Pocos, los más pacientes, llegarán a verla en su esplendor. Así lo creo yo.

Abadía Vernaza.

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4ta. y 5ta. de abono.

Por diferentes razones, entre ellas una absoluta pereza de escribir, dejé pasar las corridas de Santa Bárbara y Juan Bernardo Caicedo. Trataré de hacer memoria de lo ocurrido en esos dos días. Cualquier inconsistencia atribuidla a mi falta de constancia y pereza mental. Quedamos así.

En orden, la 4ta. de abono fue una corrida interesante, enviada por el capitán Barbero a Bogotá. Toros bien presentados, con cara, trapío y buen peso. Frente a ellos estuvieron Diego Urdiales (torero que me apetecía ver por lo leído en la taurósfera española), a Miguel Abellán (torero español que recala siempre en Cali, donde hace y deshace, por fuera del ruedo, of course) y Sebastián Vargas (torero colombiano con valor y suerte. Sobretodo, suerte). De detalles ya poco queda en mi memoria de aquella tarde. Lo que sí recuerdo es el encierro de Santa Bárbara que puso en aprietos a los de a pie. Una corrida con sabor y picante que permitió ver la gama que va de la bravura a la bravuconería. También, recuerdo un temerario par al violín de Sebastián Vargas a su primero, arriesgando de verdad las carnes, sí, sí. Diego Urdiales no estuvo a la altura de lo que esperaba de él. Y Miguel Abellán no estuvo en “modo caleño” pero tampoco rescato mayor cosa de sus faenas. Al menos, nada se me ha quedao’ en la memoria. Eso sí, salí contento con el encierro de Santa Bárbara, preguntándome por qué la “corrida de los 80 años” no fue para Mondoñedo, pero bueno, los toros cumplieron y eso es más importante. Seguíamos con animales que daban de qué hablar, usualmente para bien.

La 5ta. de abono correspondió a la ganadería de Juan Bernardo Caicedo y con ellos venían en el cartel “El Cid”, Luis Bolívar y Daniel Luque. Sin desear ningún mal y una pronta recuperación a Castella, ese cambio de último minuto fue mi agrado. No es para nadie desconocido que el toreo del francés me aburre, como si viera 60.000 veces el mismo video en Youtube. Y por eso, el cambio por El Cid era, al menos, algo que me motivaba. El Cid es un torero que me gusta. Tiene algo que me hace creer en él. Y para mí, ese domingo lo demostró. Salió a torear de verdad, especialmente en su primero, templó, mandó y lidió. Tal vez alguna de sus orejas fue muy larga, pero sinceridad demostró en el ruedo. Además, esa tarde El Cid ebullía torería, toreando, agradando y mandando como director de lidia. A mi, que me tildan de “enemigo” de los toreros, me agradan ese tipo de detalles y los aprecio. Son reflejo de no sólo vestirse, sino sentirse torero. Ahora, de Daniel Luque debo decir que también me gusta (¿será que me estoy ablandando?). Me gustan sus formas poco ortodoxas de interpretar el toreo, sin perder el sitio y el temple. En su primero ejecutó una bonita faena que fue rematada con un “estoconazo” de antología. En serio, propinó una muerte certera y digna a un buen ejemplar de Juan Bernardo Caicedo, que si no recuerdo mal fue premiado también con vuelta al ruedo, ganando a ley una oreja por su lidia y otra por la estocada. Una comunión que poca veces ocurre. En su segundo estuvo muy por debajo y apenas recibió unas tímidas palmas. Sin embargo, Luque sigue siendo (en esa única tarde que le vi este año) un torero con mucho futuro y obviamente, mucho camino por recorrer para alcanzar la maestría. Al menos va por buen camino. Camino que no ha seguido Luis Bolívar. El colombiano ha pasado de ser una promesa de la verdadera torería a un enorme promotor del destoreo, la falta de sitio y los truquitos. En ambos animales (y en varios durantes las últimas dos temporadas) Bolívar ha demostrado que su arte se está diluyendo en un mar de mentiras. Toreando a control remoto, dejando espacio pa’ que pase una tractomula entre toro y él, Bolívar apela al discurso de ser “el torero colombiano con mayor proyección en los ruedos españoles” para obtener el favor del público voluble que colma la Santamaría y a punta de orejas demasiado, pero DE MA SIA DO largas, ha salido triunfante cuando sigue sin volver a demostrar por qué en algún momento fue considerado promesa del toreo (el de verdá, pa’ que no queden dudas). Lástima por Bolívar, de tanto idolatrar al santo se le termina quemando. Paila, como diríamos los más pollos. Los toros de Juan Bernardo sí fueron algo destacable. Bonitos, bien hechos, de buen juego en general, siguieron poniendo una buena nota a esta temporada de mucho toro y poco torero. Entre bastidores cuento que se quedó un hermoso sobrero en los corrales de la Santamaría, por culpa del tejemaneje en el sorteo y la CARA que tiene ese mono de JBC. Seguían los toros buenos y de verdad. Ay, cómo me estaban dando de gusto!

Les dejo tres galerías de fotos, una de la 4ta. de abono, otra de la 5ta. de abono y una de los juanbernardos en los corrales, todas de mi gran amigo, “más amigo de los toreros que yo” y cada vez mejor fotógrafo, Andrés Rivera. De paso, lean su bló, se los recomiendo. De las diferentes perspectivas, decía un buen aficionado venezolano, “es que el mundo del toro es muy arrecho”. Eso es verdá.

Abadía Vernaza.

PD: Esta tarde o mañana escribo lo ocurrido en la 6ta. y última de abono en Bogotá (y de la temporada taurina colombiana… 😥 SNIFF). Eso aún lo tengo fresquito, fresquito.

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Dos últimas de abono, Bogotá.

Con un aforo hasta la teclas en ambas corridas, las de 14 y el 21 de febrero fueron las únicas que lograron llenar la plaza de la Santamaría. La 1ra. por la expectativa de Enrique Ponce y El Juli, y José Tomás y Manzanares en la última. En ambas, el cartel era completado por un humilde torero de la tierra, el toricantano Moreno Muñoz y el curtido Pepe Manrique. El 14 se corrieron 6 burracos de Alhama. El 21, de Las Ventas del Espíritu Santo.


El 14 de febrero fue una corrida insufrible. Si usted, querido aficionado bogotano, se preguntaba cómo era la temporada taurina en Cali, el encierro de Alhama le mostró cómo está la decandente plaza de Cañaveralejo. Ese día podemos hablar de una “cañaveralización” de la Santamaría. Toros mansos, aburridos, insufribles. Carteles de postín con toreros que le llevan fácil. Al final, la más completa decepción porque no hay ná de ná. Así es Cali y así se está convirtiendo Bogotá. Por poco y en unos años firman a Puerta de Hierro. Es que si hay algo que saben hacer los ganadero-empresarios de Cali es lobby. Y el Dr. Castro es el papá de los helados en eso. En últimas un encierro descastado a morir y una terna de toreros intentando de todos, toreo y destoreo pa’ armar la chupamelculo. Y ni así se pudo. Lo más de la corrida fue la cogida de Moreno Muñoz, que no pasó de una luxación lumbar pero sí demostró la falta de técnica del joven torero y su obstinación por seguir parado frente a la cara del toro. A este mancito lo van a coser a cornadas, lo presiento.

De verdad, me sabía a Cali, al sumarle los calores que están haciendo en la otrora fría Bogotá por culpa del fenómeno del Niño. Más de una pensaría que se había equivocado de plaza. Y así seguía una temporada que, exceptuando 1 y media corrida, no levantaba cabeza.


Y llegó el final de la temporada. El cartel de postín, postinazo. JT, JM y PM (nadie entendería nunca que me refiero al compatriota Manrique). Toros del Maestro Rincón. Se sabía que era una corrida más escogida, completamente personalizada. Como quien dice, vaya a McDonalds y arme su propio McMenú. JT va primero, JM después y Manrique, échele al buche lo que quede. Y así como es costumbre, en palabras de JT en noticias nacionales, venir a principio de año a Bogotá, también lo es lidiar la ganadería de Rincón. Un encierro bien presentado en edad, con toros por encima de los 4 y medio.

Pepe Manrique, el director de lidia (en teoría) le tocó, expresión común, “en suerte” el lote más complicado del encierro. Con más pena que gloria, creo que Manrique lidió con honestidad y trató de estar a la altura de mansurrotes.

JT salió y pa’ qué pero el man impone. Tiene percha. Muy adornado en su “novillo”, se olvidó de su categoría de matador propinando un par de pinchazos, una estocada y par de descabellos hasta escuchar un aviso. Una faena con color distinto pero que no me convencía. El quinto toro y su respectiva lidia fue la quintaesencia de lo que es la “tauromaquia post-moderna”. Un animal aparentemente bien hecho, bien presentado, con 500 y pucha de kilos 4 y medio o más años. Pero, a mi modo de ver, era el animal más triste que he visto en mucho tiempo. El bicho no podía con su animalidad y era estúpido a más no poder. Me recordó ese consejo de mamá que dice “ser noble no es ser güevón”. Este tipo de torito-artista es criado con tan poco peligro y poder que es menos que una carretilla. JT podía pegar 30, 60, 90, 120 o 150 pases y el animal no lo rozaría ni pa’ darle un besito. Es más, de tumbarlo sin querer, el bicho se voltea, le pide disculpas al de Galapagar y vuelve a la muleta. Además, como ya habíamos dicho, no podía con su animalidad, entonces JT le aplica la dosis postmoderna del toreo a media altura, con algodones y pinzas, porque someter y hacer humillar a alguien que es tan buen tipo como que no. En definitiva, el torito iba y venía a diestra y siniestra, eso sí, sin fuerza ni poder de toro bravo. Una pantomina animal y con eso JT armó el zafarrancho, de tauromaquia posmoderna, por supuesto.

En el tercero, Manzanares aplicó una lidia elegante a otro manso que no podía con su alma. Y sale. Bonito, pero y eso pa’ qué? Del sexto pude ver, por fuerza mayor, hasta la segunda tanda. El único toro alegre con transmisión. Y con el bullicio a flor de piel eso olía a indulto desde que abrieron los chiqueros. Santana, magistral con las banderillas, a lo que el subalterno español (perdón no tener su nombre) que venía con Jose María en replica recetó otro gran par, de una forma que con todo respeto no estamos acostumbrados a ver de los subalterno españoles. Y hasta ahí llegué. Opiniones encontradas sobre la faena de Manzanares. Pero yo no puedo decir nada. Lo único que quiero rescatar es un cuadro que me narraron dos personas muy cercanas: “Manzanares sostenía la muleta en su mano derecha, parando como debe ser al toro que en su casta y bravura humillaba y se aprestaba a arrancar la embestida. Y justo en ese instante, como sostenido en el tiempo, el resoplido del bravo toro a la arena hacia ondear la falda de la muleta y parecían abrazarse así durante siglos. Pero en lo que era un abrir y cerrar de ojos, el toro embestía de nuevo y Jose María templaba haciendo el toreo”. Imágenes de una Fiesta que, todos ya lo sabemos, está herida de muerte.

Y “sanseacabó” esto en Colombia.

Juzguen Uds: José Tomás en la Santamaría (lidia del 5to. toro).

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Toreando – 5ta. de abono

Toreando es como un verdadero torero demuestra su calidad de Maestro y se saca la espina que la apuntalan las críticas y los desapruebos. No digo que esta faena la haya hecho para callarnos a todos los que el 28 de diciembre le criticamos su falsa faena y triunfo. No digo que lo haya hecho para nosotros, lo hizo porque eso es lo que sabe hacer Luis Bolívar: torear de verdad, con suavidad, profundidad y elegancia. En el fondo, no nos demostró nada que no supiéramos, simplemente sacó la sabiduría y maneras del pundonor torero e hizo una faena excepcional a un manso y complicado 6to. que en otras manos, ni se hubiera dado por enterado de su paso por el ruedo.

Volvimos a ver a Bolívar toreando, como dictan los cánones, con tandas ligadas, con suavidad de muñeca y profundidad, ceñidas a su cintura, despertando la embestida y el peligro a un mansorrete de Puerta de Hierro. Citando de lejos, sin floritura, embarcando al toro con temple, en un derechazo de gran factura. Parando al animal en su sitio, manejando los terrenos, los tiempos, pausando la faena y sin cometer errores, ni dejarse llevar por la emoción desbordada por los tendidos. Mandando con maestría, andando con elegancia torera, adornando la faena con pase de las flores en exceso ceñidos, cambiando de mano y toreando de verdad. Haciendo lo que sabe hacer, Bolívar había despertado al público en Cali, quienes caíamos presas del aburrimiento en medio de una descastadísima corrida, muy de los Puerta de Hierro, cosa que uno ya sabe y no sorprende -aunque si emputa- su mansedumbre y el por qué carajos siguen enviando bichejos año a año -Propietario de la Ganadería: Eduardo Estela Garrido, Pdte. Fundación Plaza de Toros de Cali: Eduardo Estela Garrido, no hacen faltas dos dedos de frente.

Pero volvamos a la magna faena ejecutada por Luis Bolívar. Después de la decepción del 28, ver a Lucho toreando con una verdad absoluta, plantado en el centro del redondel y sacando los más plásticos muletazos, llegó la sublimidad torera, acomodando al animal en un mejor sitio, ignorando los atrevidos pedidos de indulto a semejante manso, Bolívar se prepara a estoquear y provocando la embestida del bicho, lo mata recibiendo, estático, con una estocada hasta el fondo, tan certera que hizo rodar al toro sin puntila. Dos orejas, las únicas dos orejas ganadas a ley, ¡Son tuyas, Lucho, son tuyas! gritaba mi padre. Y así es.

El resto de la corrida una mierda. Los animales de Puerta de Hierro bien presentados pero sin nada por dentro. Nada es nada, la peor mansedumbre del mundo, mansedumbre irritante e insoportable. Tan mansos los hijoputas toros que ni Ferrera pudo hacer su show banderillero en su primero. Cuatro toros fueron insufribles, el 4to. permitió el toreo ratonero y populacho, lleno de voluntad pero sin una pizca de arte. Ferrera me ha parecido un torero honrado, con su estilo showcero, pero metido en la lidia, en el desarrollo de la corrida como jefe de lidia que era, mandando desde el callejón y hasta calmando los altercados que ahí surgieron -entre alguacil y Alex Benavides, subalterno colombiano. Son detalles de profesionalismo torero, que muchas figuritas deberían aprender, porque ahí no están frente a french poodles, están frente a bichos peligrosos y en cualquier momento pueder suceder alguna tragedia. Porque trágica sí es esta fiesta. Entonces, destaco esa entrega de Ferrera a su profesión y a su compañeros, con quites y mando a una tarde con varios sustos y problemas detrás de tablas.

Morante se fue en ceros, abucheado por el público de Cali, que no vieron sus pocos pases, robados a dos mansotes, el peor lote, que era estatuas vivientes. Los pases que robó fueron de buena factura, lo que deja ver un toreo diferente, más plástico, menos emotivo al tendido. Salió en su burbuja y ahí se mantuvo, con detalles que como admirador del arte, me llamaban la atención, dentro de su bohemia torera, pero de pelea, nanai. Aún me queda una tarde de Morante en Bogotá, vamos a ver.

Al final, dos toreros en hombros cuando debió haber sido uno: Bolívar. Con una faena maestra, que lo ratifica como el mejor torero de Colombia, rehaciendo a su manera los pasos del Maestro de Maestro, César Rincón. Luis Bolívar demuestra que en Colombia sí hay talento torero, y no sólo esa tauromaquia vulgar, ratonera, efectista y mentirosa que ejecutan otros toreros de esta tierra. Ha salvado la tarde, la peor tarde de todas. Y a pesar de esto tan maravilloso, queda el sabor amargo de boca al ver a tan patético encierro, en tan importante cartel, llevando al traste las ilusiones del verdadero aficionado. Ya es hora de plantear medidas verdaderas contra la mafia que controla a la Plaza de Toros de Cali porque todo es manejado con una arbitrariedad que da miedo.

La Plaza no es de ellos, es de todos. Ya toca hacer verdadera posesión de ella por el pueblo caleño. ¡No más rosca!

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Entre amor y decepción – 4ta. y 5ta. de abono.

Por Felipe Botero.

Quizá esta pueda ser la frase con que Luis Bolívar se presentó frente a la afición caleña, el 28 de diciembre, a mi concepto ha sido la presentación más decepcionante y mentirosa que le he visto a este joven promesa del toreo. Era claro que todos los matadores estaban frente toros complicados, no la típica carretilla o el ejemplar chiquito y sin mucho armamento al que se estaban acostumbrando los diestros de Cañaveralejo. Eran toros complicados, para lidiadores, para toreros que o les quedara grande un toro y le pudieran hacer una faena como los dioses paganos de la tauromaquia lo exigen, de verdad, en la suerte y enseñando a embestir.

Esto fue lo que le falto a Luis, torear con la verdad  a la que nos tiene normalmente acostumbrados, a un toreo de frente y mandando, a deleitarnos con su profunda derecha y sus certeros naturales, pero este día el toro le quedó grande, y Luis le dio por imitar a su colega Perlaza, mandó las rodillas exageradamente a tierra, toreo como el decálogo que público de Canaveralejo exige. Por todas estas razones y sin descuidar la poco armoniosa estocada, donde se perfiló salido de la suerte y el estoque estaba tan contrario que pareciera haber atravesado horizontalmente la caja del animal, fue premiada con dos orejas poco merecidas.

Por su parte, Uceda brindó el mismo espectáculo de siempre, el que nos recuerda que los toreros son ante todo matadores de toros, y que un buen estoqueador produce ese enorme placer estético. Castella recibió otros dos regalos desde la presidencia, otras dos orejas que dejaron mucho que desear y mucho por esperar.

El 29 por su parte nos llegó con la presencia del gitano Morante de la Puebla, su traje luto y blanco y su espectacular capote de paseo negro, hacían de su presencia esa tarde algo místico, como para despertar expectativas. Pero si los toros no le iban, su orgullo gitano le permitió hacer nada con ellos y dejar el sin sabor en los miles de aficionados que estaban en los tendidos, Ferrera hizo disfrutar con sus tradicionales pares de banderillas, la única duda que se me genera es si el salto después del martilleo del par es para adornar o para tratar de confundir con un intento de asomada al balcón que todos sabemos es inexistente.

Para terminar regreso a Bolivar, el cual entendió que había cierto grupo de aficionados a los que literalmente habia decepcionado la tarde anterior y por tal razón se tenía que reivindicar. Esto hizo que Bolivar regresara a ser de nuestros amores, toreando como es, pausado, disfrutando la faena para él y su animal, con tandas largas de movimientos ortodoxos, llenos de plasticidad, jugando a ese ballet de muerte que es el toreo, con tanto temple que la mano del matador y el recorrido del toro iban a una sola voz. Enhorabuena, Lucho, porque no debes dejar de hacer lo que tu muy bien sabes.

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Y esto para qué…

Sin ánimos a generalizar, ni ofender a nadie, esta corrida fue como esas reinas de belleza que son divinas, pero por dentri dejan mucho qué desear. Una belleza superficial, la de los toros de El Paraíso. Jaboneros en la mayoría del encierro, con buena cara, aceptable cornamenta, algunos con buen peso, otros más cebados, diría yo. Toros que crean expectativas por su sola presencia -la cual pude ver desde el sorteo, y adivinar qué toros eran pa’ José Tomás, cuáles pa’ Finito, y cuáles le quedaban a Ramses. No me equivoqué en ninguno de Tomás, ni Ramsés, y solo en el sobrero.

Pero nada, es que no había nada de nada. Todas las expectativas se estallaban -ni siquiera desinflaban, eran un golpe seco. Pum. Como una vil aguja acababa con todo lo bueno que podría llegar. Una mansedumbre insoportable, una lidia mal ejecutada. Todas las suertes mandadas al caño. Un tarde de pavor, aburrimiento y tristeza. Por eso no quería escribir sobre esta 5ta. corrida de abono. Porque siempre es la misma güevonada. Y cada vez menos la emoción de ir a la Plaza de Toros. Para qué. Para ver como vuelven un circo algo que antes tenía una inusual belleza. Para ver como acaban sin ningún escrúpulo cada tercio, cada forma de la Fiesta. Cuando no son las Empresas, son los Ganaderos. Cuando no son los Ganaderos, son los Toreros-estrellas. Cuando no son los Toreros-estrellas, son los Públicos ignorantes, que van a toreros y a hacer vida social. Y cuando se unes todos, no hay quien salga vivo. Acaban con todo lo que está a su paso, como hordas de bárbaros. Eso son. En eso, hasta los anti-taurinos tienen razón.

El Quinto Evangelista, dicen de José Tomás. Me le cago de la risa. Y no porque sea un torero de mala técnica, ni mucho menos. Ejecutó algún desplante de gran plasticidad, que me arrancó un ole. Pero cuando uno dice tener la mística del torero antiguo, no arma de la Fiesta un zafarrancho de medios, jugarretas y exigencias. Uno torea, y hace valer cada suerte, porque por algo están ahí. Son parte fundamental de la lidia. Si uno viene a rescatar el toreo de antaño, defiende todo, sobretodo la verdad de la suerte de varas. Pero a punta de picotazos descaradamente no dados, banderillas puestas a diestra y siniestra y sin ton ni son, y una mala lidia, dando todas las salidas al toro manso, no estamos en nada.

Finito, te defendí algunas veces, pero ya terminaste de acabar toda indulgencia. Tampoco estás en nada. Y con la espada, sos una rata. Mejor dejemos así, la bronca que te llevaste es el peor insulto a tu orgullo torero. Y Ramses, el torero de la tierra. El ñañito de la Santamaría. Pues, vos sos como de buenas. Te salvaste de la cornada por puro milagro, ante un mansurrón para nada estúpido. Pero eso te pasa por pararte como no debés. Y por cosas de la vida, después de 7 toros salidos de toriles -6 paraísos y un  Achury Viejo con una cara de vaca, mal lidiado por Tomás- te salé el “mejor” toro de la tarde. Un toro que conectó con los tendidos, peleó algo en varas, fue excelentemente banderilleado por Hernando Franco, y te quedó a vos, con fuerza para ser lidiado con voluntad. Y ahí lo hiciste. Te llevás una oreja, la más merecidad del festejo, sin ser “nadie” para los empresarios, ni el mundillo del taurineo. Poniendo cada cosa en su lugar, sale todo mucho mejor.

Ahora ya me voy. Sin ilusión de nada. Sin esperar nada dentro de 8 días. Y con la tristeza, la nostalgia y la resignación de no ver más la más importante de las suerte para el Toro Bravo. La suerte de varas. La más maltratada, irrespetada e incomprendida de las suerte de la lidia. Duele ver cómo se convierte en un trámite más. En un roce de la pica con el morrillo del toro. Y como Presidencia, público, toreros y empresarios permiten eso para que los toritos lleguen con algo de fuerza al último tercio. Mi culo para ellos. Los toros bravos van al caballo, así de simple. Ahí está mucha de la esencia de la Fiesta.

Una vez más, sin toro nada tiene importancia. Y sin respeto a las suertes de la lidia, tampoco. Ahí sí nos llevó el putas. No más, que mamera todo esto.

Abadía Vernaza

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