El papismo hecho pachanga.

Crónica de la 1ra. de abono de la Temporada Taurina (alterna) de Bogotá: corrida. Casi lleno.

Que estamos ávidos de toros… sí. Que adoramos a Mondoñedo sobre cualquiera dehesa en Colombia… sí. Que Puente Piedra en el orden de las cosas es una Plaza de 3ra categoría… sí. Que triunfa cada día más la pachanga disfrazada de papismo, póngale usted la firma y al que no le guste lo que aquí voy a decir, me puede llamar y decir lo que quiera.

La corrida de hoy en Puente Piedra osciló entre un papismo disfrazado de torismo y una pachanga descarada. Alguien decía que es una Plaza de 3ra., con afición de 1ra. categoría. Yo no estoy seguro ni de lo uno, ni de lo otro.

El encierro de Mondoñedo fue duro, encastado, tirando a manso. En general, correctamente presentado, aunque algo falto de más cuajo. Ninguno entregó nada barato y sin descollar, fueron animales interesantes y nunca la tonta del bote. Por eso nos gusta tanto este encaste, que entrega lidias y muertes caras. Pero así se empezó con el papismo. No se debe confundir la dureza, o la casta difícil que tanto nos gusta, con bravura y menos con la parafernalia de darle la vuelta al ruedo a un toro que no merecía en lo mínimo ese premio. Este segundo fue un toro fiero, que no se entregó nunca, ni para bien, ni para mal. Vendió su muerte encastada y el público, que cada día confunde su “primerismo” con pachanga, gritó Toro y logró una vuelta ante una Presidencia sin criterio. Algunos decían que nunca fue concedida. Peor todavía. El papismo empezaba a devenir en parranda.

En el primero y cuarto vimos a un Cid entregado, aunque con lógica contagiado al final de un jolgorio que le valió una oreja. Buena estocada y digo que estuvo bien, aunque sabiendo a poco ese trofeo.

El lote de Libardo fue el menos complicado. Para mí, el colombiano estuvo lleno de decoro y salió perdiendo en el invento de una Plaza que quería dárselas de torista. Me cae que Libardo es lo poco que ahora tenemos para ofrecer en el escalafón de matadores mundial. Al menos, tiene torería y no se llena de vulgarismo, tan frecuente en estas tierras. En el quinto estuvo más desmoralizado, seguramente, por un resultado adverso en medio de críticas que no venían al caso. Pasó sin pena, ni gloria en este que hizo quinto, y la tarde devenía cualquier cosa.

Al tercero salió un mármol, el peor de la tarde, que Roca Rey lidió con recurso y plasticidad. Cada que lo veo no tengo duda que será figura. Sacó faena y dio seriedad a una lidia de toro manso y difícil. Pero vino el sexto y sexto bis y el supuesto papismo de esta Plaza se hizo un zafarrancho.

Primero, en ningún momento vi el tal impedimento físico para devolver al bicho a los corrales. Para mí, de nuevo, un invento de un público que cada momento se hacía más insoportable y una Presidencia que ni sabía a qué pitos tocar.

Y en el sexto bis, se comprobó cómo esa audiencia que venía hacer de rectora terminó hecha un pillo malcriado. Impaciente por la dificultad de regresar un toro en esta Plaza, particularmente, recibió a Roca Rey queriendo jalear cualquier cosa. Y montando de figura al peruano, se mal lidió a este bicho que atendía al nombre de Periodista.

Roca Rey y el sexto bis

Quedando crudo en varas, donde todos cumplieron, fue muy mal pareado y el poco criterio de la Presidencia cambió el tercio con un solo palo, ni siquiera un par, puesto, dando muestra final de su incompetente criterio. Este toro mostró complicado y estando entero en la muleta, puso en evidencia un Roca Rey más desbaratado y una Plaza queriendo inventarse de nuevo lo que no había. La espada y la lidia son justas y ahí se embarulló el peruano, entrando a matar más de tres veces, descabellando cinco, y recibiendo dos avisos. Una Plaza realmente justa hubiera abroncado esta última faena del chico, o en lo mínimo callado con respeto. La verdad es que para curtirse en el toreo también deben sucederse esas tardes de fracaso y gracias exclusivamente a una lidia muy mal dirigida, debió reprenderse y no jalearse con ese falso grito de “torero, torero”. Una tarde de poco criterio y seriedad, porque como empezamos, el papismo realmente viste de pachanga.

Así lo vi yo,

Abadía Vernaza.

La nota más positiva: la respuesta de la afición y una buena organización logística, aunque hay que cuidar muchos detalles.

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Un recuerdo a José Cubero “El Yiyo”

Todas las artes tienes sus genios precoces, que se fueron, para el imaginario colectivo, demasiado pronto. Andrés Caicedo en nuestra literatura, James Dean, en el cine, Janis Joplin o Kurt Cobain en la música. En el toreo, uno de los niños precoces de Madrid, El Yiyo, a quien un toro le partió el corazón hace 30 años hoy, en la Plaza de Colmenar Viejo.

De esas figuras nunca sabremos cómo hubiera añejado su talento, y tal vez es de las cosas que más nos duele. Sin embargo, “dejar obra”, como lo repetía Andrés Caicedo, en tan poco tiempo, es una invitación para todos nosotros mortales que la vida es frágil y sobretodo, que la verdad está en el presente.

Les dejo con este corto video, que muestra la entrevista a José Cubero “El Yiyo” y sus impresiones después de la trágica muerte de Paquirri, 11 meses antes de su partida. La cornada, ampliamente recordada, fue fulminante.

 

Abadía Vernaza.

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Por qué ir a toros? El arte del birlibirloque.

(Hace casi 10 años, el periodista taurino Antonio Caballero publicaba este texto en un suplemento taurino para la Temporada Grande en Colombia. Al no encontrar su fuente original, lo reproduzco).

Una niña de unos 10 años bostezó interminablemente en el tendido, y cuando hubo terminado por fin le preguntó a su padre:”Papá ¿y por qué venimos a los toros?”.

El padre hizo unos gestos vagos, se encogió de hombros, señaló el redondel, en donde no sucedía nada de interés, balbuciño unas palabras imcomprensibles y se dio por vencido. Respondió: “No sé”.

La pregunta de la niña es sin duda la más pertinente de todas las que pueden hacerse en torno al espectáculo taurino, y a su misterio. Porque lo de torear se entiende: el placer, el peligro, la adrenalina que se desborda, y un ojo puesto en la embestida y el otro puesto atrás, en el tendido: a ver si me está mirando esa. (Decía Luis Miguel Dominguín que no existiría el toreo si no hubiera mujeres en los tendidos). Torear tiene su gracia. Pero ¿por qué ir a toros? Suele ser aburridísimo, salvo para quien es la “esa” de marras y se pasa la corrida en un “¡Ay!”, tarareando para sí misma la letra de un pasodoble:

“En los carteles han puesto un nombre

que no lo quiero mirar:

Francisco Alegre y olé,

Francisco Alegra y olá…”

Repito: los toros suelen ser aburridísimos. No voy a negar esa evidencia. Pero cuando no son aburridísimos son absolutamente maravillosos. Un buen toro, bello y bravo; un buen torero, valiente y artista; la confluencia de los dos, su acople en armonía, en un juego de hermosura impredecible, siempre nueva, siempre recomenzada, como el mar.

José Bergamín, un poeta que comprendía el misterio del toreo, tituló uno de sus libros al respecto El arte del birlibirloque. Y eso es: el arte de lo asombrosamente inesperado. Dice el diccionario sobre la palabra “birlibirloque”: “Por arte de encantamiento. Por arte de magia. Sin que se sepa cómo ha ocurrido”. Pero ha ocurrido ahí, delante de nuestros ojos incrédulos, y nos los frotamos todavía como para hacer penetrar lo visto más hondo en la retina. Ha ocurrido ahí, en ese mismo redondel en donde unos momentos antes no pasaba nada de interés en medio de los bostezos de los niños y el tedio de los padres.

A la pregunta de su niña, el padre de esta anécdota hubiera debido responder diciendo: “Vinimos a esperar”.

Antonio Caballero.

[Fragmento tomado de TOROS; No. 1, Diciembre de 2006].

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El fracaso no es lo que parece.

Desde ayer algo no me cabe en la cabeza y es pensar que la corrida fue un fracaso. Cierto es que nadie va a una Plaza de Toros a pasarla mal, ni deseando que a Pepito le vaya mal. Vale la cara larga porque la verdad es que Fandiño no estuvo a la altura, las razones las sabrá él. ¿Pero un absoluto fracaso? La corrida fue un lleno total, conjugación de apuesta y hierros, se habló antes, durante y después. Las 6 ganaderías apostaron tanto como Iván y salieron también crucificadas al no tener los animales lo que sus criadores creían que tenía. Lo mismo que Fandiño quiso dar al anunciarla y no pudo. Pero que no haya orejas, o puerta grande o que salgan no toros facilones no deja de hacer de la tauromaquia lo que es. Es ingenuo creerlo. El torero perdido, el toro manso, el toro complicado hace parte de la grandeza y dificultad de la Fiesta. Todo seríamos toreros o ganaderos si así no fuera.

Así para mi, en línea con el valioso argumento de la variedad por el futuro de la Fiesta, me parece un despropósito aquellos que están apuntando al fracaso “torista” de la encerrona. Es ridículo, los toros cumplieron en presentación y un par de ellos tenían juego para ser toreados y así lo exigían. Pero como al parecer quieren toros de carril, tontos y noblones, pues ahí ves cómo se cargan su pachanga táurica. El fracaso no está en que no haya salido el torito “amorantao” para cortar orejitas y armar la chupipandi. Lo más duro fue para Fandiño. Más que fracaso, la tauromaquia le dio una bofetada a su momento, cosa que no es nueva y hace parte de la cruda realidad del rito más cruel y hermoso de todos. Ahora, que la gente se indigne porque hay toros difíciles frente un torero limitado por su propia humanidad y que por esto no haya triunfo y olé, ese es el verdadero fracaso de la tauromaquia actual. Lo demás, es parte de la Fiesta. Y doy gracias por eso.

Foto de @fueradecacho. Toda la propiedad es suya. Creo que es una buena representación de un importante corrida de toros.

Abadía Vernaza. (@Cañaveralito).

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¿Para cuándo el centavo? – 2da. de Feria.

Crónica de la 2ª de Feria: Corrida de colombianos. Toros de Paispamba para Manuel Libardo, Ricardo Rivera y José Fernando Alzate. 7000 personas.

El de ayer era un cartel que interesaba a cierta parte de la afición, sabiendo que Paispamba podía tener casta adentro y que los tres colombianos, a pesar de lo duro que han sufrido la profesión podían cuajar una tarde importante. En dos paréntesis de seriedad en el primero y calidad en el sexto, el grueso de la corrida decepcionó y de muy mala manera.

Los toros de Paispamba de irregular presentación, en escalera. Dos toros serios y bien puestos. Cuatro con leña pero al filo del peso y falto de remate. En comportamiento, mansos, cantando la gallina y reculando, a excepción del sexto, Bujón, que embistió metiendo la cabeza y con buen tranco. Un toro en el sentido completo de la palabra y que levantó un poco la tarde, en una corrida que yacía en el pozo.

Dos de los de a pie eran los toreros nacionales que más interés me producen: Libardo, que conoce el oficio y tiene las cualidades de un buen torero, y Ricardo Rivera que atrapa con un aire extraño, algo desquiciado. Alzate habitual ya en estas corridas va y viene. Buen cartel.

En el 1º, Solterón, fue un toro muy serio, en tipo y comportamiento. Poniendo a todos en su sitio, había toro y la lidia así mismo fue muy seria. Tomó la vara bien puesta y en banderillas se cambió la habitual capea por un tercio pulcro y bien ejecutado. Libardo tomó vuelo en una faena que auguraba. Pero ahí quedó. Toro y torero se vinieron a menos. Sospechoso se hizo tardo y Libardo perdió los papeles quedando sin mando y pareciendo superado por el bicho. Palmas divididas al toro y silencio a Libardo. En el 4to. tuvo un suerte un manso justo de fuerzas, que fue lidiado con cautela y aún así no llegó al final. De nuevo, tomó vuelo la faena de Libardo para esta vez caer de repente en la segunda tanda, cuando el toro buscó tablas y se echó. Ahí quedó todo. Silencio.

Ricardo Rivera venía en segundo turno. Sus dos toros fueron mansos, marmolillos, que no tenían mucho adentro. En el primero, rebuscó y exprimió los inexistentes pases a un toro de piedra que no transmitía nada. Digno en ello, la gente desesperó y empezó a protestar. Primer sainete con la espada y algunos pitos. En el segundo, lo mismo. Alarga la faena degenerando en arrimones y mantazos a otro convidado de piedra. Aburre y la gente de nuevo desespera. Segundo sainete con la espada y el descabello y la Plaza en contra. Algunos pitos.

José Fernando Alzate es torero de la casa, habiendo resistido una lucha a muerte el año con los bichos de Mondoñedo que le daban el sitio para este año. Con los paispambas, que no son esos Leonidas de Contreras, estuvo pantallero y vende-humo con dos toros que daban, cada uno en su condición, mucho más. En el primero no dio un pase, enganchones, salido de suerte, y apelando a trucos del destoreo pero ni así conectó. Apeló a taparse con la mansedumbre y una estocada, sí a ley, que le valió un durísimo golpe y la condescendencia amable del público fiestero. En su segundo llegó Bujón, muy serio de cara, cinqueño y con 476 kilos, con clase en la embestida, bueno y noble, le pidió toreo y de ello no hubo. Realmente era un toro con calidad, que cumplió en el caballo y que ponía una embestida de pocos problemas. Alzate sin un solo argumento, perfilero, sin cargar, sin un ápice de mando, se vio anulado por un toro de bien, en una faena descolocada y de poca verdad. Una oreja festiva es una cosecha exagerada a su faena, pero muy corta a lo que Bujón le ofrecía. Palmas al toro con petición de vuelta.

Así quedó una corrida a medio camino, en ese tan colombiano se “faltarle un centavo para el peso”, con un Libardo que sabiendo el oficio pagó cara su apatía en el primero, un Rivera que emborrona con la espada la dignidad con la que asume las suertes y los compromisos, y un Alzate muy limitado, vendiendo muy barato un triunfo de los caros y queriendo tapar sin argumentos sus propias vergüenzas (bis).

Hoy, mi última de Feria.

Abadía Vernaza
@canaveralito.

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El diablo es viejo, no siempre sabio.

Crónica de la 1ª de abono: novillada

Vuelven los toros a Cañaveralejo, la Temporada Taurina en el marco de la Feria de Cali. Aunque en el pasado no solía hacerse festejos el día 25, esencialmente por un evento masivo como la cabalgata y la resaca de la Nochebuena, de unos años para acá ocasionalmente se celebran festejos en este día de Navidad y es cierto que nunca han sido los de mejor asistencia. Aún así, ayer en Cañaveralejo habían +3000 personas en los tendidos, para ver una novillada que traía al venezolano Colombo como atracción y el runrún del peruano Roca Rey. Abría el cartel el colombiano Juan Camilo Alzate y el ganado, Ambaló. Una aceptable entrada, tomando en cuenta que no es una fecha habitual, habían eventos de Feria masivos a la misma hora y era lo que algunos mal llaman un festejo menor.

Los novillos de Ambaló en escalera, desiguales, aunque todos pasaron bien a secas. Mansos todos, teniendo los comportamientos habituales de esta ganadería: sueltos, cara arriba, probando las embestidas. También se agudizaron mucho, cogiendo sentido muy rápidamente y con muchas patas para pegar arreones y embestidas a traición. Fue una novillada dura, de esas que le muestran a la afición que para estar ante un toro hay que tener mucho valor y mucho sitio. Como siempre dijo Hemingway, de esas para llevar a neófitos y que vean con claridad lo duro y admirable que es el toreo. Y así, especialmente cabe reseñar a Pianista No. 70, 432 kilos, que se hizo duro y peligroso, muy orientado y poniendo en muchos aprietos a todos, sin excepción. De esas alimañas que no se dejan ganar la pelea.

En el primero, el de casa, Alzate planteó un faena calentana. Entiéndase pase de rodillas aquí, pase de rodillas allá, pico, pico, pico. Pero de torear, nada, nada, nada. División y silencio. En el cuarto, tuvo en suerte el mejor novillo del encierro, que embestía con mayor prontitud y pedía sitio. Y ahí se evidenciaron las limitaciones que el colombiano ha manifestado durante tantos años de novillero, sin lograr cuajar una tauromaquia considerable. Totalmente perdido, fuera de cacho, sin cargar la suerte, sin temple, sin mando, en resumen, sin argumentos para estar en Cañaveralejo. Siendo casi 10 años en el escalafón novilleril y habiendo lidiado en varias tardes de Feria, el diablo no se ha hecho sabio y sí viejo, dejando pasar el tren de nuevo. Poniendo las cosas en su justa medida, es momento de dar un paso al costado y especialmente que la Empresa anuncie otros novilleros, que vienen jalando detrás y que siendo escasos los espacios, merecen estar en Cali, con menos años, pero mucho más sitio y toreo.

En segundo orden seguía el venezolano Colombo, quien venía precedido por una polémica por anunciarse sin caballos en Cali en 2013 habiendo debutado con jacos en 2011, pero también con el cariño de un público que le quería volver a ver desde la Pre-Feria del año pasado. En el segundo de la tarde, la faena de Colombo fue voluntariosa, y que si bien conectaba con parte del tendido, acusó muchos vicios de la tauromaquia posmoderna, especialmente al poner banderillas. Silencio. En el quinto, por otro lado, sufrió, puede decirse literalmente, a Pianista, un novillo muy aguzado, que desde el primer momento se hizo amo del ruedo y que apretó y despapeló a quien se le puso en frente. Un manso duro, peligroso, defendiéndose con muchas patas. Primero revolcó a Ricardo Santana, puso en aprietos al resto de la cuadrilla. Tumbó al caballo en su primera vara y luego dio una pelea sucia, lanzando tornillazos con la cara arriba a Clovis Veláquez, quien también castigó con mucha fuerza y pegó duro, cosa que volteó la Plaza en su contra. Después persiguió con bellaquería, buscando presa. En banderillas, ya reinaba con terror impidiendo a Colombo poner algún par reunido y alcanzándolo en el último intento. Con un fuerte golpe, Colombo le despachó en una faena muy limitada en cuanto a lidia, que evidenció la mala leche del novillo y cómo, siendo un manso de libro, se hizo rey. Más bien, dictador.

El cartel se completó con Roca Rey, quien ganó su puesto a ley en la Pre-Feria, y venía detrás un rumor que exaltaba unas cualidades muy especiales. Había interés por verle y con voluntad, el peruano respondió en sus dos faenas. Lo que más me llamó la atención de este chino fue la capacidad de comprender la situación a su alrededor y hacer las cosas a su tiempo, con una coherencia precoz que le augura muchas cosas. Con mucha clase y empaque en el capote, temple y mando en la muleta, valor y sitio, aún deviniendo en arrimón. En mi opinión, mente de torero. En el primero, logró hacer una faena coherente, con un par de naturales bien dados. Mató de una estocada caída y recibió una oreja, la única del festejo. En el segundo hubo más lucha. En dos ocasiones (un quite por gaoneras e iniciando faena por estatuarios) fue arrollado y golpeado con fuerza por el novillo, que se orientaba con facilidad y más al embestir de lejos. El bicho buscaba los pies de Roca Rey y la quietud dejó en claro el valor real del peruano, quien sabiendo el medio camino que quedaba en su faena, se lanzó a matar sin muleta, en un desplante y gesto que la Plaza agradeció. Sin mucha efectividad con ese espadazo, dos descabellos y una aclamada vuelta al ruedo. Habrá que esperar el recorrido de este chino, quien tiene eso -tan difícil de expresar- que hace que los hombres sean toreros. El camino de la dureza como la tarde de ayer, las tardes de triunfo rotundo, y espero, una cabeza de novillero privilegiada que le permita diferenciar la gloria del triunfalismo, el valor real del postizo, el toreo verdadero y eterno de la majadería mantera del toreo posmo, le permitirán ser, por lo menos, el más grande torero peruano, cosa que también es refrescante en un país con más de 600 festejos y en una América Taurina que busca su nuevo ídolo propio.

Tarde de novillos mansos, duros y exigentes. Tarde de lidias tortuosas, donde más de un novillo puso la divisa por encima de los hombres. Y una tarde donde vimos lo biche, lo tibio y lo maduro, y no necesariamente el diablo más viejo hizo gala de ser el más sabio.

Abadía Vernaza
@cañaveralito.

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Al pan, pan, pero no había vino.

Faltan sólo tres días para el inicio de la temporada mayor en Colombia y aún sin iniciarla ya se han despertado airadas polémicas, debates, suspicacias y enconamientos de toda índole. Pasado el 12 de noviembre, el sistema ha vuelto a exhibir sus grietas y la cercanía de la temporada (que debió iniciar el 14 de diciembre) le ha sacudido fuertemente.

La más reciente de todos estas discusiones surgió a partir de una crítica hecha por el bloguero “El Loco Barrera” al periodista Guillermo Rodríguez, quien tiene a su cargo la sección Tendido 7 de Caracol. Diría uno que, en medio de un sistema podrido, donde nada parece ser lo que se ve, criticar una página o portal, que se supone es el más profesional y exigente dentro de los estándares de calidad de un medio nacional como Caracol, no es más que una nimiedad, un desafuero más de un sistema que a veces no tiene ni cabeza, ni cola. Pero no, no es así. La responsabilidad que se asume en ese tipo de espacios es completa: con la afición, con el medio, con la verdad, con el oficio y especialmente, con el lenguaje.

Y es ahí donde quiero terciar. Personalmente, no conozco al Loco Barrera más allá de cruzar tweets muy ocasionalmente. Deduzco que su oficio es el periodismo o en su defecto alguna actividad relacionada con la comunicación. A Guillermo Rodríguez tampoco lo conozco, más allá de oídas y con tristeza, tortuosas leídas, como periodista y editor en jefe de Tendido 7. Bien supongo que no sufre de halitosis, pero también comprendo a cabalidad la figura que utiliza barrera para ilustrar la escritura de Rodríguez.

En el ejercicio del periodismo, las fuentes son un bien invaluable, las conexiones lo son todo en un buen periodista, sea de radio, de televisión, de prensa escrita, bloguero o tradicional. Un periodista sin conexiones, sin fuentes, es un faro sin bombilla. Tendido 7 bien ha dado informaciones antes que muchos medios y los años de Rodríguez en el ambiente taurino le permiten saber cosas que los de a pie muchas veces no tenemos acceso. Por eso, visitamos Tendido 7 con cierta regularidad, buscando datearnos en la cosa taurina. Pero si las fuentes son ese bien incalculable que enriquece la credibilidad de un periodista, su habilidad comunicativa, en este caso, escrita, es el cimiento de este bien llamado información. El correcto uso del lenguaje, sus normas, sus figuras y la correcta aplicación y revisión del estilo no son adorno, sino cuerpo de lo que se quiere comunicar. Ahí es donde señor Rodríguez peca con frecuencia.

Ahora, en un mundo interconectado y de acceso abierto a la información, los medios han sido democratizados, dando paso a plataformas de publicación abierta y las personas con cierto interés por un oficio y una labor como el de comunicador o crítico hemos podido acceder a nuestros propios espacios, sin ningún control o limitación. Como toda tecnología, no es ella la trae los problemas y la carga negativa. Es el uso que cada uno le da y por ello, la responsabilidad pública que cada uno debe asumir al enfrentarse a la libertad de expresión y un ejercicio de la escritura y la crítica. Aunque los blogs iracundos y pésima manufactura sin abundantes, le democratización de los medios en lugar de traer caos y desorden, ha dado voz a miles de personas, y especialmente en nuestro entorno taurino a blogueros, periodistas y críticos independientes, enriqueciendo así el panorama informativo y la riqueza y variedad en el flujo de información y opiniones. Así, basta con dar una rápida mirada a portales y blogs taurinos, tanto aficionados como profesionales, que son de buena calidad y fin un gran uso del lenguaje, siendo un gusto leerlos. Si estos blogueros son capaces de editarse a ellos mismos, corregirse, trazar una línea editorial y forjar un estilo propio, asumiendo la labor de jugador y arbitro, no veo por qué un periodista, que toma el control de lo que pudo considerarse el principal espacio taurino, hacer el mismo ejercicio y revisar el estilo y la ortografía de sus columnas, cumpliendo con el estándar de calidad del medio al que se afilia y aún, si así no fuese, el rasero más estricto de todos: el propio.

No voy a adentrarme en la tarea ya hecha por ambos, de ser el cazador de gazapos. Si bien, todos cometemos errores y ningún ejercicio es perfecto, me quiero sumar a la crítica de Barrera, haciendo un llamado a la humildad periodística del señor Rodríguez, ya que no es un ataque infundado, al contrario, cuenta con mucha razón. Utilizando un lenguaje taurino, estas líneas no buscan ser necesariamente un quite a Barrera, pero sí otro puyazo a Rodríguez, quien a mi modo de ver, debería revisar dos veces antes de darle clic al botón de Publicar.

De las otras polémicas, ya se hablará más.

Abadía Vernaza
@canaveralito.

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