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¡6Toros6! Una Corrida – 4ta. de abono.

Este creo que es el post más difícil que he tenido que escribir en este bló de recocha taurina. Claro, cuando todo es una mierda es fácil regarse en una diarrea mental, burlesca y altanera. Es más fácil, más divertido hacer uso de cualquier palabreja sarcástica para caerle al caído. Y no crean que lo voy a dejar de hacer, tampoco. Simplemente hoy, cuando me enfrento a la Verdad, cuando esa búsqueda de años ha dado sus frutos y la espera en medio de tanta oveja, parafernalia y despropósitos ha valido la pena, siento que no voy a encontrar en mi léxico, slangs e invenciones, palabra alguna que pueda dar una idea algo cercana a lo que nos entregó Mondoñedo en la lluviosa tarde de ayer: la más grande corrida de TOROS vivida en los últimos años, y sin mucho miedo a exagerar, tal vez, la más verdadera que he presenciado en mis años de aficionado.

Es una vaina muy complicada reconstruir este ventarrón de recuerdos que sacuden mi cabeza y que, pasado un día entero, aún siento como si siguiera en la Plaza, temblando de miedo, lleno de respeto por los animales que imponían su presencia en el ruedo. Emocionado hasta las vísceras porque durante dos horas y pico todo esto de la tauromaquia volvía a tener sentido. Por muchas tardes todo fue sopor, indignación y aburrimiento. Tardes tristes, esperando, soñando con un encierro que parecía que nunca iba a llegar. Añorando una ilusión que no parecía ser real. Pero lo fue. Mondoñedo nos devolvió la esperanza, la afición, el sentido a la Fiesta Brava, el respeto hacia el TORO Bravo. Por dos horas y pico, Bogotá se entregó a una corrida que, a pesar de los miles de asientos libres, los que creímos y seguiremos creyendo en esto nos debemos sentir privilegiados.

En el paseíllo, un cartel para muchos descolorido: Ramsés, Bolívar y Naranjo. Tres colombianos, para la mejor ganadería de este lado del charco. Contreras puros pa’ un rolo, un caleño y un paisa. Graderías vacías, si algo un 1/3 de Plaza. Estábamos los que somos y alguno que otro invitado que creyó en nuestro sentido de aficionado y se dejó llevar a esta corrida “tan poco” importante. Gris el cielo, en el mejor gris bogotano. No era una tarde de tropicalismo montañero. Bien pudo ser una tarde de sombrero y ruana. No era la típica tarde de sol, guaro, bullicio y farándula. Algo iba a pasar. Y así fue.

Se abrió la puerta de toriles por 1ra. vez en la tarde y de la oscuridad salió un hermoso TORO negro, serio y encarado. Su pinta arrancó los aplausos de los presentes y los primeros gritos de ¡Toro! no se hicieron esperar. Algunos aficionados, aún adormilados, saltarón de sus puestos cuando en su primer arranque por poco se lleva a la humanidad de Ramsés. Con los ojos de todos en el ruedo ya nadie los pudo quitar. En la vara, pelea de varones. Una abominable pica, que claro, tuvo que rectificarse en lugar de volver a entrar, así hay cosas que ya paila. Había toro, temblaban las manos de los presentes, había miedo. Miedo, respeto, bravura y frío, mucho frío. Ramsés mostraba susto y no pudo encontrar el mejor sitio para lidiar y sentirse seguro, no dejaba sus pies quietitos, así que despachó rápido, después de no dar mucha pelea. El 1ro. nos había devuelto la esperanza. En el segundo turno de Ramsés, (4to. toro de la tarde), saltó el más pequeño de los 6, pero que nada falto de bravura, embistió con una nobleza desbordada. Con un pelea brava pero menos intensa, también persiguió en banderillas. Ramsés inició con arte, pero se fue diluyendo en una lidia más novilleril y sin belleza y mucha falta de sitio. Para mi, un toro completo y honesto que se vio sin gran oponente. Pudiendo reventar la Plaza, el bogotano se quedó a mitad del camino. Vuelta al toro, aplaudido con estruendo por los presentes. Saludo y vuelta para el torero, en medio de muchas críticas.

En el segundo lugar, a Bolívar le tocó otro negro negro en suerte, con una presencia imponente, bien armado y poderoso que también arrancó aplausos de salida. Rápidamente, el caleño lo embarcó en el capote y dio pases a la verónica con valor real. Puesto en suerte para la pica, arremetió con fuerza y el varilarguero no reacciónó, rayando feamente el lomo del toro y apenas logró conservar la cabalgadura. Se les había olvidado qué era un toro de verdad en la vara, al parecer. En los palos, se sentía el miedo. Gustavo García “Jeringa” no logró ponerlos en su sitio. La lidia se complicaba. Bolívar dio pases valerosos, que mostraron la embestida del animal. Pero como toro complicado y curtido, se fue saliendo de sus manos, adquiriendo sentido y midiendo la embestida. Manseando el toro, Bolívar le arrancó algo más de faena a un animal que rápidamente se empezaba a defender. Buena estocada y una oreja sufrida, algo larga, pero que le debió dejar los pies dolidos a Bolívar. Le hizo sudar.

El quinto toro de la tarde fue el TORO que más me ha enamorado EVER. En serio, soy como una quinceañera cuando pienso en ese animal. Un castaño quemado, 530 kilos, casi 5 años, ¡un varón! Es que sólo este animal pagará todas las chotadas que me he chupado y me alimenta la afición por muchos años más. Salido de chiqueros la Plaza se pusó en pie a aplaudirle. Bolívar sabía que hay estaba el TORO. Lo capoteó con dominio y deteniendo este tren de carga. Bien llevado al caballo, se vivió una pelea única. Sin miramientos, se fue sobre el caballo, metió la cabeza, levantó sus patas por encima de la mona, con el rabo erguido en una estampa perdida de la suerte de varas. El picador, mérito propio, logró mantener la cabalgadura y pelear con el mono. Aplaudida esta suerte, el del caballo se descubrió la cabeza y estábamos extasiados. Al menos yo. Como la constante, en los palos había miedo y respeto. Bolívar trasteó él mismo a su animal, era suyo. Tres palos en lo alto y el caleño salió a torear montera en su cabeza. Bravura vs. torería. Las primeras tandas fueron buenas, pero pronto el mono se fue encima del moreno. Desmonterado, Bolívar empezó a sudar y TORO a aprender, exigía una mano MUY dura. Yo al quinto muletazo ya estaba entregado a la embestida de este castaño. Su embestida era genuina, como su arremetida al caballo. La cara abajo, besando la arena de la Santamaría. Su rabo arriba, sacudiéndose con alegría. Para mi, y si no estáis de acuerdo nos vamos a los golpes (no mentira, ni pa’ tanto) era un animal de indulto. No tenía que ver más. Su trapío, su alegría a la salida, su poder, su pelea en varas, su peligro en banderillas, como humillaba en la muleta… I loved you, mono. 4 real. El animal, exhausto por una pelea a muerte, se entregó. Bolívar tampoco quiso dar más. ¿Faltaron muletazos para el indulto? No creo, al menos yo ya lo pedía. La pelea se diluyó, ni público ni Presidencia otorgaron algo, pero el TORO había pasado por ahí. Eso me importa más. Lo había visto. Bolívar, una oreja larguísima. Las contradicciones de la Fiesta.

Barriendo la arena

Besando la arena.

Besando la arena, fotos por mi amigo Andrés Rivera.

(Uff, estoy cansado y aún faltan 2 animales y colofón de la corrida).

En tercer y sexto turno estuvo el paisa Naranjo. En el tercero de la tarde, le tocó en suerte otro negro poderoso y lindo. A la salida se llevo el cemento de la puerta de chiqueros. ¿Descornado? Naaah, esos eran de verdad. Malayamente picado, dio una brava pelea. Bien puestas las banderillas y Naranjo al trapo rojo. El animal exigió mano y a pesar de la voluntá del paisa, el toro agarró sentido y se complicó. Se le montó encima. Siendo un peleador mañoso, empezó a medir más sus embates y con cara de peligro, ajustaba un golpe certero. Se le veía en la mirada. Naranjo sacó una lidia voluntariosa y deslucida, esquivando esas embestidas cada vez más duras. En el último de la tarde ya habíamos visto 5 toros y no esperábamos menos. No nos defraudó. Salió un animal de 500 kilos, y 4 años y medios. Como sus hermanos peleó, arreó, embistió y triunfó. Naranjo, en un gran gesto torero, brindó el animal al mismísimo ganadero, lo que la Plaza agradeció con emoción y sinceridad. Después del gesto, salió valeroso, dando lindos trincherazos de salida. El resto de su lidia fue hecha con decencia pero su escasa experiencia le pasó factura. Al final, triunfó la divisa.

Se terminaba una Corrida de Toros… el verdadero 6Toros6. Seis hermosos Mondoñedos, con edad, trapio, peso y casta. ¡Uff, la casta, esa condición tan olvidada y denostada! Seis animales poderosos. ¡BUUM!, la onomatopeya de la tarde. En los capotes, en los petos, en las tablas, en las columnas. Seis animales desbordados de casta, de integridad, de Verdad. Hoy, el día después, respeto a los que a ellos se enfrentaron. Pero vamos, que así deberían ser todas las corridas, en esto se constituye el valor. Me decían al oído, con sinceridad y razón: “Esto es muy diferente a lo que sucedió el domingo pasado. Acá sí se siente miedo por ellos”.

Esta tarde única no podía terminar de otra forma: el ganadero a hombros. Los aficionados, en sus puestos esperando el saludo de los criadores… ¡Toro, toro, toro! ¡Ganadero, ganadero, ganadero! ¡Mondoñedo, Mondoñedo, Mondoñedo! La tarde esperada llegaba a su fin, pero esto fue apenas el principio de los recuerdos. Un estruendoso aplauso, a pesar de la falta de público, retumbaba al paso de don Gonzalo Sanz de Santamaría junto a Luis Bolívar, cargados por los monosabios. Pero quedaba algo más, un detalle único. Don Fermín, a pesar de sus años, inició una sentida y lentísima vuelta al ruedo, ayudado por sus nietos -o bisnietos-, recogiendo los aplausos que una ganadería como Mondoñedo se merece. La afición bogotana, peñas, porras y parches, todos presentando sus respetos a un Señor que ha entregado su vida a la Fiesta y a cuidar la casta que tienen sus toros. ¡Qué corridón, for Christ sake!

Y así, ayer supe que no soy un amargado, sino un enamorado del Toro Bravo. ¡Gracias, Mondoñedo por darle sentido y verdad a esta Fiesta tan apaleada! Estoy en paz.

Abadía Vernaza.

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4ta. y 5ta. de abono.

Por diferentes razones, entre ellas una absoluta pereza de escribir, dejé pasar las corridas de Santa Bárbara y Juan Bernardo Caicedo. Trataré de hacer memoria de lo ocurrido en esos dos días. Cualquier inconsistencia atribuidla a mi falta de constancia y pereza mental. Quedamos así.

En orden, la 4ta. de abono fue una corrida interesante, enviada por el capitán Barbero a Bogotá. Toros bien presentados, con cara, trapío y buen peso. Frente a ellos estuvieron Diego Urdiales (torero que me apetecía ver por lo leído en la taurósfera española), a Miguel Abellán (torero español que recala siempre en Cali, donde hace y deshace, por fuera del ruedo, of course) y Sebastián Vargas (torero colombiano con valor y suerte. Sobretodo, suerte). De detalles ya poco queda en mi memoria de aquella tarde. Lo que sí recuerdo es el encierro de Santa Bárbara que puso en aprietos a los de a pie. Una corrida con sabor y picante que permitió ver la gama que va de la bravura a la bravuconería. También, recuerdo un temerario par al violín de Sebastián Vargas a su primero, arriesgando de verdad las carnes, sí, sí. Diego Urdiales no estuvo a la altura de lo que esperaba de él. Y Miguel Abellán no estuvo en “modo caleño” pero tampoco rescato mayor cosa de sus faenas. Al menos, nada se me ha quedao’ en la memoria. Eso sí, salí contento con el encierro de Santa Bárbara, preguntándome por qué la “corrida de los 80 años” no fue para Mondoñedo, pero bueno, los toros cumplieron y eso es más importante. Seguíamos con animales que daban de qué hablar, usualmente para bien.

La 5ta. de abono correspondió a la ganadería de Juan Bernardo Caicedo y con ellos venían en el cartel “El Cid”, Luis Bolívar y Daniel Luque. Sin desear ningún mal y una pronta recuperación a Castella, ese cambio de último minuto fue mi agrado. No es para nadie desconocido que el toreo del francés me aburre, como si viera 60.000 veces el mismo video en Youtube. Y por eso, el cambio por El Cid era, al menos, algo que me motivaba. El Cid es un torero que me gusta. Tiene algo que me hace creer en él. Y para mí, ese domingo lo demostró. Salió a torear de verdad, especialmente en su primero, templó, mandó y lidió. Tal vez alguna de sus orejas fue muy larga, pero sinceridad demostró en el ruedo. Además, esa tarde El Cid ebullía torería, toreando, agradando y mandando como director de lidia. A mi, que me tildan de “enemigo” de los toreros, me agradan ese tipo de detalles y los aprecio. Son reflejo de no sólo vestirse, sino sentirse torero. Ahora, de Daniel Luque debo decir que también me gusta (¿será que me estoy ablandando?). Me gustan sus formas poco ortodoxas de interpretar el toreo, sin perder el sitio y el temple. En su primero ejecutó una bonita faena que fue rematada con un “estoconazo” de antología. En serio, propinó una muerte certera y digna a un buen ejemplar de Juan Bernardo Caicedo, que si no recuerdo mal fue premiado también con vuelta al ruedo, ganando a ley una oreja por su lidia y otra por la estocada. Una comunión que poca veces ocurre. En su segundo estuvo muy por debajo y apenas recibió unas tímidas palmas. Sin embargo, Luque sigue siendo (en esa única tarde que le vi este año) un torero con mucho futuro y obviamente, mucho camino por recorrer para alcanzar la maestría. Al menos va por buen camino. Camino que no ha seguido Luis Bolívar. El colombiano ha pasado de ser una promesa de la verdadera torería a un enorme promotor del destoreo, la falta de sitio y los truquitos. En ambos animales (y en varios durantes las últimas dos temporadas) Bolívar ha demostrado que su arte se está diluyendo en un mar de mentiras. Toreando a control remoto, dejando espacio pa’ que pase una tractomula entre toro y él, Bolívar apela al discurso de ser “el torero colombiano con mayor proyección en los ruedos españoles” para obtener el favor del público voluble que colma la Santamaría y a punta de orejas demasiado, pero DE MA SIA DO largas, ha salido triunfante cuando sigue sin volver a demostrar por qué en algún momento fue considerado promesa del toreo (el de verdá, pa’ que no queden dudas). Lástima por Bolívar, de tanto idolatrar al santo se le termina quemando. Paila, como diríamos los más pollos. Los toros de Juan Bernardo sí fueron algo destacable. Bonitos, bien hechos, de buen juego en general, siguieron poniendo una buena nota a esta temporada de mucho toro y poco torero. Entre bastidores cuento que se quedó un hermoso sobrero en los corrales de la Santamaría, por culpa del tejemaneje en el sorteo y la CARA que tiene ese mono de JBC. Seguían los toros buenos y de verdad. Ay, cómo me estaban dando de gusto!

Les dejo tres galerías de fotos, una de la 4ta. de abono, otra de la 5ta. de abono y una de los juanbernardos en los corrales, todas de mi gran amigo, “más amigo de los toreros que yo” y cada vez mejor fotógrafo, Andrés Rivera. De paso, lean su bló, se los recomiendo. De las diferentes perspectivas, decía un buen aficionado venezolano, “es que el mundo del toro es muy arrecho”. Eso es verdá.

Abadía Vernaza.

PD: Esta tarde o mañana escribo lo ocurrido en la 6ta. y última de abono en Bogotá (y de la temporada taurina colombiana… 😥 SNIFF). Eso aún lo tengo fresquito, fresquito.

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Gravísimo error.

Gravísimo error haber llamado “toreros honestos” a Uceda Leal y Matías Tejela. En la corrida del domingo demostraron esa total ausencia de honestidad torera, tratando de disfrazar su miedo e impotencia antes los cojonudos Mondoñedos como si fuera una falta de raza de los animales. Y mentira, los animales, especialmente los lidiados en 2do. lugar mostraban el genio y la casta que tienen los animales de verdad, y no la de los estúpidos burracos que algunos crían y les llaman toros-artistas.

Pido mil disculpas a mis cuantos lectores por cometer tan terrible error. Rectifico.

Para mí, la Mondoñedo siempre será una corrida de verdad, una que me hace ilusión. Como en este mundo de las corridas de toros, la crianza del toro es una lotería, un ritual donde la comunión deja mucho al azar. La sangre brava no siempre es brava, y la mansa, aunque siendo una excepción, no siempre es mansa. La corrida de Mondoñedo no deja de ser una corrida provocativa. Podemos llamarla la corrida más dura de estos lados del charco. Por eso, en el sorteo afloran todo tipo de discusiones, se tratan de tumbar animales, recurriendo a cualquier imperfecto para sacarle del encierro. Se discute, se acaloran, se pelea, etc. De todo pasa antes, durante y después de la corrida. Todos saben que ahí, en algún lugar, hay casta. Y muchas veces, de las más peligrosa.

Por eso, a pesar que los tres primeros fueron animales que mansearon, midieron y se rajaron, no eran insufribles. No eran burracos estúpidos. Animales con malicia indígencia, con sentido aguzado, con mala leche. Los 3 siguientes fueron animales bravos -o tal vez, alguno más bravucón. Animales que los toreros no quieren ver ni en un pintura de Goya. Es que ni siquiera en una de Botero. Y así sucedió con Uceda Leal y Matías Tejela. No los quisieron ni ver y trataron de engañar al público santafereños, que una vez más se limpió de la asistencia pop y no comió cuento.

Sebastián Vargas, el torero que en el papel tiene las menores condiciones, se destacó por su entrega y aunque toreó a control remoto y como sus limitadas capacidades lo permitían, por lo menos se le metió en el camino a ese tren que salió en 4to. lugar. Eso se llama pundonor. Leal y Tejela salieron despavoridos, para el hotel. Como se escuchaba a la salida en los pasillos: “¿A qué vino Uceda? ¿De paseo? Pitados, como pedo de loca.

Mondoñedo sacó la casta que su ganadería lleva por dentro. Porque esta tarde comprobé que a mí lo que me molesta es la estupidez insufrible y no la mansedumbre peligrosa, a la que no se le puede andar por ahí faroleando. Para mí, Mondoñedo debe ser la única ganadería obligada en cualquier plaza digna de Colombia. Es más, tienen la casta para lidiar en otras partes. Pero como todos sabemos que no son toritos-pop con ellos no hay bullerengue asegurado.

En varas, buenas peleas, que demuestran cómo son seleccionados y para qué son criados estos animales en las colinas del municipio de Mondoñedo, a apenas 30 minutos desde donde escribo estas líneas.

Abadía Vernaza.

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Mañana, la Mondoñedo.

Lastimosamente, no tengo los créditos de la foto. ¿Será que es alguno de los espléndidos ejemplares que se lidiaron en Cali por allá como el 23 de diciembre de 2007? A mi pesar, no se encuentran muchas fotos de tan bonitos ejemplares.

Mañana, saltarán al ruedo de la Santamaría 6 de estos animales. Confieso que me hace ilusión. Mañana hay promesa de toros. Y de toreros honestos.

¿Les conté la vez que tuve la oportunidad de asistir a una tienta en esta prestigiosa ganadería y vimos una maravillosa vaquilla embistiendo en repetidas ocasiones al caballo, desde querencia a contraquerencia con franca bravura y casta? Las maravillas de esta Fiesta.

Abadía Vernaza.

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Dissapointment (porque el año pasado ya hubo uno llamado “Decepción”.

Uno se empercha, se pone los zapatos apropiados, se llena de ilusiones para ir a la Plaza, se acomoda en el tendido y espera que la Fiesta empiece. Bolívar, hasta Castella y los juanbernardos en el cartel. ¿Qué puede salir mal? Esta es Cali. Y las cosas no salen, que el toro, que el toro, que el toro. A ver, en serio, esta vez fue pura desidia torera. Que decepción verr a Bolívar tan poco entregado, perdido, encartado con los juanbernardos. Toros bravos no eran, lo sé. Pero eran unos hijoputas, pura mala leche, animales peligrosos, de verdad. Toros en comportamiento, así sea para volverse unos malparidos malgeniados, con sentido agudo y avispado. Es que, a ver, el Toro es un animal con un inteligencia desbordante, animal de lucha constante. Los hay nobles, los hay traicioneros. Los hay bravos, los hay bravucones. Y obvio, salen mansos estúpidos.

Hoy, los juanbernados salieron más complicados que la cagada de un tullido. Habrán diferencias pero acá no nos ponemos que el 2do., fue potable, el 4to. no, y así. Acá vemos la corrida, hablamos mierda, tomamos guaro y gritamos “sandeces”. No hay tiempo pa’ hablar y/o rescatar irrelevancias. Eso que “resultado artístico”, nanai. Esto no es fútbol. Pa’ eso están los goles. Acá hay o no hay. Animales, al menos bestias brutas y peligrosas hubo, eso es parte de esta Fiesta. No esas caretillitas que se tiran y pasan que uno no se dá ni cuenta. No hubo toreros. No hubo lidiadores. No hubo tauromaquia. A Castella, su torería me aburre, me pongo menopáusico y tales. Es que es un torero egoísta, sin sitio, sin mando. Puro lucimiento pa’ él. Pa’l animal, nada! Y conmigo pérdidas. Ah, sí el man cortó una oreja. Y qué.

Bolívar, triste. Decepcionante. Sin lidia. Y ambos, mandando mantazos cuando los hoscos juanbernardos se les cagaban encima. Y nada de honor torero en medio de un Mano a Mano. Ni siquiera cuando el 2do. de la tarde se partió ambos pitones y Luis Bolívar siguió la lidia. ¿A quién? A un animal disminuido y malherido. Poca honra hacerle algo a eso. Triste.

Los toros eran una bravuconada con sentido y peligrosa. Pero habían animales, de esos que propinan cornadas y percances. Al menos, pedían lidia y toreo despierto. Y nadie se la dio. Y ¡no, pues, qué cagada! Corrida de expectación, corrida de decepción. Un día de estos me pego una borrachera y grito cualquier redondo destemplado que se pegue. Es que hoy me dijeron que era muy joven para ser tan ortodoxo. ¿O me las pico? Parecemos del Opus Dei. Don José María Escrivá de Balaguer estaría orgulloso.

Tengo que destacar un par de varas más allá de la costumbre que se tiene en Cañaveralejo.

Ahora, escucho en TV que los toreros tuvieron inteligencia y clase. ¿Puta, a mí dónde me criaron?

Abadía Vernaza.

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Entre amor y decepción – 4ta. y 5ta. de abono.

Por Felipe Botero.

Quizá esta pueda ser la frase con que Luis Bolívar se presentó frente a la afición caleña, el 28 de diciembre, a mi concepto ha sido la presentación más decepcionante y mentirosa que le he visto a este joven promesa del toreo. Era claro que todos los matadores estaban frente toros complicados, no la típica carretilla o el ejemplar chiquito y sin mucho armamento al que se estaban acostumbrando los diestros de Cañaveralejo. Eran toros complicados, para lidiadores, para toreros que o les quedara grande un toro y le pudieran hacer una faena como los dioses paganos de la tauromaquia lo exigen, de verdad, en la suerte y enseñando a embestir.

Esto fue lo que le falto a Luis, torear con la verdad  a la que nos tiene normalmente acostumbrados, a un toreo de frente y mandando, a deleitarnos con su profunda derecha y sus certeros naturales, pero este día el toro le quedó grande, y Luis le dio por imitar a su colega Perlaza, mandó las rodillas exageradamente a tierra, toreo como el decálogo que público de Canaveralejo exige. Por todas estas razones y sin descuidar la poco armoniosa estocada, donde se perfiló salido de la suerte y el estoque estaba tan contrario que pareciera haber atravesado horizontalmente la caja del animal, fue premiada con dos orejas poco merecidas.

Por su parte, Uceda brindó el mismo espectáculo de siempre, el que nos recuerda que los toreros son ante todo matadores de toros, y que un buen estoqueador produce ese enorme placer estético. Castella recibió otros dos regalos desde la presidencia, otras dos orejas que dejaron mucho que desear y mucho por esperar.

El 29 por su parte nos llegó con la presencia del gitano Morante de la Puebla, su traje luto y blanco y su espectacular capote de paseo negro, hacían de su presencia esa tarde algo místico, como para despertar expectativas. Pero si los toros no le iban, su orgullo gitano le permitió hacer nada con ellos y dejar el sin sabor en los miles de aficionados que estaban en los tendidos, Ferrera hizo disfrutar con sus tradicionales pares de banderillas, la única duda que se me genera es si el salto después del martilleo del par es para adornar o para tratar de confundir con un intento de asomada al balcón que todos sabemos es inexistente.

Para terminar regreso a Bolivar, el cual entendió que había cierto grupo de aficionados a los que literalmente habia decepcionado la tarde anterior y por tal razón se tenía que reivindicar. Esto hizo que Bolivar regresara a ser de nuestros amores, toreando como es, pausado, disfrutando la faena para él y su animal, con tandas largas de movimientos ortodoxos, llenos de plasticidad, jugando a ese ballet de muerte que es el toreo, con tanto temple que la mano del matador y el recorrido del toro iban a una sola voz. Enhorabuena, Lucho, porque no debes dejar de hacer lo que tu muy bien sabes.

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Decepción y rabia – 4ta. de abono.

Hoy me voy de corto, porque estoy aburrido con todo esto. Un va a la Plaza, con la esperanza de ver toreo, arte, tauromaquia, y lo único que hay es un toreo vulgar, incluso por toreros con verdad.

Ayer, a Luis Bolívar, este torero de la tierra, tan querido por esta casa desde el principio, que ha demostrado tener un futuro prometedor, plagado de triunfos verdaderos, con esa clase y torería, acompañada de creciente sabiduría, simplemente no se le dio la gana de hacer las cosas como deben hacerse y se dedicó a destorear, sin sitio, sin mando, sin nada. Obvio, la ignorancia en Cañaveralejo sigue siendo atrevida y lo premió con 2 orejas. Que tristeza, que dolor, ver a Bolívar deshaciendo su tauromaquia en 5 minutos, transformandose en un torero de pueblo, vulgar y efectista, para los cada vez más ignorantes tendidos de Cali. Decepción y dolor de gritarle al torero la verdad de su ausencia. Rabia por recibir la provocación grosera y altanera de Gustavo García “Jeringa”, quien no supo recibir nuestra justa crítica. Como ya no hay ni Peñas, ni nadie que diga algo en Cali, pues los pocos atrevidos son malrecibidos por los de plata, en una preocupación por lo que pasa en las grada y nunca, en el ruedo.

Uceda Leal destacó en su toreo pausado y sabio, sacando lidia a un bronco cuarto, con mando, temple y ortodoxia. Demostró ser ese buen estoqueador, fino y certero con la espada, para rematar una faena con conocimiento, a la cual el otra vez ignorante y atrevido público de Cañaveralejo casi no premia -comparado con la “pañuelitis” que afecta- con un única oreja que, para mí, debe de haberse entregado hasta el momento en la Plaza.

Castella, como siempre, haciendo gala de sus dotes superficiales de niño bueno y pop-star, para atraer el favor del ignorante público. Esos efectos tontos, ahogando la embestida y haciendo giros como cual trompo en Jardin de infantes.

Los toros de Ernesto González, broncos. De mediana presentación, excepto el segundo que era una ratón con cachos. Todos exigian una lidia sin lucimiento y bisuterías, sino con mando y sitio, para vencer el comportamiento tosco y estúpido que tenían estos complicados bichos. De ahí, sólo Leal sacó la casta de torero. Y Bolívar, que dolor, repito.

Si de pronto ves esto, Luis (o Jeringa), vos sabés hacerlo. Vos sabés, no me digás que no. Si se te olvidó, aquí te dejo. Video de la faena a un Victorino en la Feria de Otoño:

Luis Bolívar con Victorino en Otoño from Rosa Jiménez Cano on Vimeo.

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