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Un oasis de seriedad y tauromaquia

Se me ha vuelto costumbre, tal vez más mala que buena, escribir sólo sobre la corrida de Mondoñedo. También es cierto que el número de corridas a las que me he animado a ir en los últimos dos años ha caído drásticamente. Siendo esto una realidad, este texto busca menos la difícil tarea de hacer justicia a las emociones vividas en tan importante tarde y más una excusa para disertar sobre el estado actual de la Fiesta, de la afición, propia y ajena, y sobretodo, dar cuenta de lo esenciales que son corridas como la de ayer, 5 de febrero, para la afición.

¿Por dónde empezar?  Corrida de toros muy seria. No sólo muy bien presentado el encierro de Mondoñedo, muy entipada y bien armada, sino también un cartel rematado con tres toreros, de cortes muy distintos pero curtidos o con buen oficio, que auguraba por lo menos una tarde de toros con mucho interés. El juego de los bureles fue muy serio y encastado, unos en manso, otros en bravo, pero todos con mucha casta y genio. Toros muy bravos al caballo sin excepción, derrochando sangre Contreras. Una corrida de toros en todas sus letras. Esa es la primera razón. La seriedad de esta corrida es un oasis  en medio de un temporada mediocre, con una cabaña brava en crisis de casta y un trapío a la baja, con toros pequeños, noblones, sosos, carentes de verdadera emoción.

La crisis de la tauromaquia es innegable en Colombia, no sólo políticamente hablando, sino también desde las oficinas taurinas, donde el ventajismo y la falta de toros en propiedad no sólo está acelerando el fin de las corridas y la afición, situación para nada nueva, sino que también está estandarizando -para mal y hacia abajo- el toro que se lidia en cada Plaza. Una corrida como la de ayer es un muestra viva de que con el Toro-Toro, esto sí va. Y va porque ante un Toro, en todas sus mayúsculas, hay que ponerse con cabeza y técnica, con seriedad torera, dignificando el oficio antes que la exhibición. Ante toros en su extensión hubo toreros que entregaron la verdad de su profesión, aún en sus propias limitaciones.

¿Crisis de afición? Tal vez. Más bien, falta de afición a esa cara de la tauromaquia insulsa que se está desperdigando por los ruedos colombianos. Encierros escurridos, rayando en novillo, descaradamente arreglados, descastados y bajo la excusa de colaborar con el arte, en exceso tontos. Animales sin emoción o riesgo, que anulan el componente trágico del rito y lo hacen rayar en lo patético. Seguramente esa es mi crisis de afición, al no concebir el ritual sin el componente peligroso que debe infundir un toro de lidia. Esta es la segunda razón, al infundir respeto los toros de Mondoñedo, todo lo que bien se hiciera en el ruedo tenía su mérito. Y lo que no, la afición y el mismo bicho lo cobraba. Ante este panorama, en mi concepto, se desdibujan otras “apoteosis” toreras ante animales de medio pelo. Ya vendrá uno a saber si es de aficionado “ya un poco pasao”, como lo decía Domingo Ortega, “que cuando veis el toro con facilidad, pues no se entusiasma”. No lo sé. Pero él mismo dijo que “cuando veas un toro hecho y derecho y un hombre que sale y está bien con él, verás como vibra la gente de otra forma que cuando es una cosa de andar y pasar, andar y pasar del el arte de torear”. De esas palabras harán 60 y algo más de años, pero su verdad sigue siendo la misma. El toreo de carril, la obsesión por el pasar no soporta la afición, la verdadera tauromaquia, la ética del toreo y la sabiduría del oficio, que sigue aflorando cuando un toro de verdad lo exige. Sin corridas como esta, el ritual sería más una mala comedia, en lugar del triunfo y honra simbólica a la muerte, al miedo, al peligro y a la tragedia.

Volviendo a la corrida de ayer en la Santamaría, precisamente lo que se vio fue una Plaza vibrando de otra forma ante hombres, especialmente Rafaelillo y José Garrido, que estuvieron francamente bien ante toros que no entregaron su vida y sus dominios con facilidad. La tarde de ayer fue el conjuro de toros exigentes y toreros valientes que cuando sucede refresca o mejor dicho, confirman mi entendimiento profundo de la tauromaquia como un ritual de lucha titánica, de poderío, ritual frentero y verdadero.

En su primero, el murciano estuvo muy entregado, y aunque se vinieron a menos tanto toro como torero, la sensación que quedó fue la de una faena con la verdad pegada a los machos. En el segundo, Rafaelillo lidió con aún más oficio y pureza, al que tal vez fue el más difícil y con más guasa del encierro. Un bicho muy bien armado, bravo en el caballo, que en momentos se puso por encima de los actuantes y que le obligó a plantear una pelea donde lo que más resaltó fue la valentía. Esa sustancia que cargan los verdaderos toreros y que sacan cuando un toro de tanto genio busca vencerle y hasta matarle. Es de mi entender que el valor, el oficio y el dominio vienen primero que el arte, porque no hay arte sin lidia, aunque pueda haber lidia sin arte, así en la tauromaquia actual se lidien animales que no exigen lidia y vienen ready made pa’l arte. Aunque hasta cierto puntos, las faenas de Rafaelillo no terminaron de cuajar, su quehacer en ellas, poniendo la ética por delante, demostraron su maestría en la lidia, en el dominio de los toros, en el rescate de la pureza del combate y además de esto, una impecable dirección de lidia que dan cuenta de su verdad, que es suficiente para llamarle torero y esperar que el próximo año regrese a refrendarse en su torería.

Quien sí logró cuajar dos faenas importantes fue José Garrido, que a menos de dos años de su alternativa ha curtido su oficio y dado la talla en serias corrida en Plazas como Bilbao, en Sevilla como novillero y ayer en Bogotá. Le vi francamente bien, con buen sitio, toreando con profundidad y reposo, buscando más el toreo caro, ante dos Mondoñedo que exigieron su torería a fondo. Particularmente, me gustó más la faena a su primero. Parado en salida, no pudo ligar más que dos capotazos antes de la entrada de los caballos. Mal augurio. Sin embargo, en honor a su casa, el bicho sacó su casta en el tercio de varas y a partir de ahí, vino a más. Buena conjunción entre un animal difícil pero que se fue metiendo en la pelea y un Garrido dominador que le llevó a donde quiso y le estoqueó bien. Una de las faenas más serias y cuajadas de la Temporada y digna de 5 años de espera, en mi caso y el de Mondoñedo, de volver al coso del barrio San Diego.

En el sexto, la corrida había ido a más, con el público poniéndose boca abajo con los contreras, sus buenas peleas, su honda seriedad y la admiración que esta Plaza profesa a esta solerísima ganadería. Tocayito, de nombre, cumplió con altísima nota en todos los tercios, y rápidamente se ganó el favor del público, acompasado por un Garrido inteligente y bien puesto. Se dio el indulto y la Plaza se hizo un clamor. ¡Mondoñedo, Mondoñedo, Mondoñedo! La Plaza no sólo estaba a los pies del extremeño y del sabanero Tocayito. También a los de Don Gonzalo, el ganadero y el recuerdo de su padre, don Fermín, fallecido el año anterior. Fue corrida de justas dimensiones, donde el toreo se celebró en su verdad. Esta es la cuarta razón, el dar la mayor dimensión a la buena tauromaquia, la que necesita del toro, donde este es su eje y verdad y no un mero accesorio. Donde se hace realidad el viejo dicho de hoy sí vinimos a los toros.

¿Crisis del toreo? Pues algunos ya me dirán que no tiene sentido una tauromaquia simplemente basada en el derroche de valentía, ante toros imposibles, entendimiento arcaico del ritual. Sin embargo, yo hablo de una conjunción tan difícil de suceder en corridas mediocres, donde el toro peca por su ausencia. La reconstrucción de la afición, la salida de su crisis, parte por entender que el toreo moderno deshonra al toro, le reduce a su mínima expresión, en una interpretación maniquea donde el toro debe colaborar con el torero y no, en su naturaleza, luchar por sus pagos y su vida. Crisis que por demás sustenta cierto animalismo aficionado que busca la reducción del castigo, en un afán de defensa del toreo, pero que desconoce y al tiempo caricaturiza al toro, lo vuelve un actor de reparto, inherentemente secundario, en una lucha donde su combatividad le hace protagonista.

Una corrida tan rematada como la de ayer es un oasis de afición y la Plaza de la Santamaría ayer fue un oasis de seriedad y canon, ante una temporada latinoamericana llena de mediocridad, triunfalismo y bufonería. Una revelación incómoda para algunos de una tauromaquia de dominio y valor, de técnica y saber, que revela el engaño del postureo en los toros. Ayer, cuando las verdades se revelan simples, yo sólo vi la materialización de las palabras de don Domingo Ortega, una Plaza vibrando de otra forma y cinco razones suficiente para sobrevivir esta afición a punta de mondoñedos.

 

 

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Manifiesto Libertario (A. Caballero)

(Mi única intención al reproducir este texto de Antonio Caballero es simplemente suscribir al pie sus palabras).

Para nosotros, los aficionados a los toros, el toreo es una manifestación de alta cultura. No porque lo hayan cantado los poetas o pintado los pintores, ni porque Francia, burocráticamente, lo haya declarado patrimonio cultural intangible de su tierra. Sino porque es una actividad que se expresa de muchos modos y es a la vez muchas cosas: una fiesta, un rito, un espectáculo, un combate, un sacrificio, un juego. Y un arte.

Las artes se definen por sí mismas, sin necesidad de demostración teórica: son como el movimiento, que se demuestra andando. Y en consecuencia se defienden también por sí mismas. Pero el arte del toreo, como todas las artes, tiene un enemigo, que es el poder. El de la Iglesia lo ha perseguido durante siglos, el de las autoridades civiles ha querido prohibirlo en muchas épocas y lugares, tanto cuando son despóticas – dictaduras o monarquías de derecho divino –como cuando se pretenden democráticas en virtud del derecho de las mayorías a gobernar. Olvidando el otro elemento esencial de la democracia, que es el respeto por las minorías.

Es esta última modalidad de acoso la que nos tiene reunidos hoy aquí, ante esta plaza de toros de Santamaría arbitrariamente clausurada por el capricho de un alcalde, que lo justifica en nombre de la estrecha aritmética que le dio el triunfo electoral.

Los aficionados a los toros somos una minoría, y sabemos que nuestros gustos no son universalmente compartidos. Por eso no aspiramos a imponerlos sobre los de otras minorías haciéndolos obligatorios, ni queremos tampoco prohibir los suyos, que pueden ser tan variados como la ópera o las carreras de motocicletas o la práctica del espiritismo, las procesiones religiosas o las maratones de marcha a pie. Sólo pretendemos que, recíprocamente, no nos impongan los suyos ni nos supriman los nuestros. No queremos ni mandar ni prohibir. Pero nos resistimos a que nos prohíban y nos manden.

No se trata únicamente de reclamar el derecho a asistir como espectadores a las corridas de toros. Se trata también de defender el derecho a elegir el propio oficio. En este caso, la profesión de torero, como lo desean estos jóvenes novilleros que llevan meses acampando frente a las puertas cerradas de la plaza de toros, como refugiados de una guerra. 

O como lo hicieron estas figuras del toreo venidas de España, México y Francia, y por supuesto también de Colombia, para acompañarlos en persona en una manifestación de solidaridad con ellos y de coherencia con sus propias vidas. Estamos aquí, en suma, para exigir la libertad. La libertad de expresión. La libertad de elección. La libertad del placer. Contenidas todas en el eterno sueño libertario que es la prohibición de prohibir.

Quien quiera suscribir este Manifiesto, bienvenido sea. Ya lo haga por su afición a los toros, o por su interés en el arte, o por su tolerancia hacia los gustos ajenos, o por su respeto por los derechos de las minorías, o por su amor a la libertad. Este es un Manifiesto para hombres libres.

Suscribo al 100%

Abadía Vernaza
“Cañaveralito”

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Bravura, hambre y resistencia: los puntos claros.

Los taurinos bogotanos, entre los que me incluyo por vivir aquí hace 11 años, vivimos tiempos aciagos, llenos de incertidumbre por una ciudad y una afición que el despotismo de un Alcalde ha destruido, buscando tapar la incompetencia en su gestión con autoritarismo y demagogia. Han pasado tres años y lo que parecía una decisión sin fundamento y que pronto se iba a caer, se ha convertido en un gigante sin cabeza y no sabemos qué diablos hacer con él. Ninguno de nosotros se imaginó ver la Santamaría cerradas porque sí durante tres largos años, vejada, olvidada, burlada. Pensamos que la Corte solucionaría esto rapido. Que habrían de cuidarla por ser Patrimonio Nacional. Y tres años después, poco o nada les ha importado. ¿Por qué habría de importarles ahora?

Esta entrada se llama Bravura, hambre y resistencia primero, en honor a 8 admirables novilleros que se valieron de su fuerza juvenil para plantarse durante día y noche a defender sus derechos y los de todos los taurinos, sin importar la clase, el oficio, los matices y las preferencias. Y segundo, porque bravura, hambre y resistencia son tres palabras que creo nos deben guiar en nuestra lucha por conservar una Fiesta, a veces decadente, pero que de vez en cuando se levanta poderosa, encastada, como un Toro de leyenda.

1.

La bravura, primero, es esa condición obligada y única que sustenta la fiesta de los toros. El Toro Bravo es un animal como ninguno, un animal poderoso, temerario y acojonante. La bravura es la condición deseada por todo ganadero, por todo aficionado cabal, por todo torero valiente, porque es la bravura lo que legitima la tauromaquia. Es esa argamasa que lleva la moralidad del toreo al infinito, a lo fuera de este mundo, a lo increíble, a lo sobrehumano. Es la condición que convierte al Toro en un dios y al torero en un super-hombre. La bravura es una palabra que nos cuesta encerrar en una sola definición, pero cuando la vemos, la entendemos, admiramos su presencia, tanto en el ruedo como en la vida. Ahí está, simplemente es real, como la condición primaria de este ritual extraordinario.

2.

Ahora, segundo: el hambre. El hambre durante décadas y siglos pasados hacía parte de la lucha por ser torero, por ser un super-hombre, por ser alguien en la constelación taurina. En estos tiempos, muchos aficionados nos quejamos de la falta de hambre de novilleros, de los toreros más modestos, o de las mismas figuras. El hambre es recurrente en nuestras tertulias tarde a tarde. En el mundo de la abundancia y de la globalización, añoramos el hambre y el sufrimiento como catalizadores de una expresión artística que depende de la deriva y de la incertidumbre para ser excelsa. Y hoy, 8 novilleros colombianos han visto en el hambre auto-impuesta como la respuesta más valiente y torera para defender fuera del ruedo aquello que por derecho les pertenece. Decidieron pararse frente a esas profundas cornadas que da el hambre y poner a prueba su resistencia física y mental, como gesto y gesta del sentirse torero. Esa hambre encarna todos los valores del hambre de antaño, donde todas las privaciones eran un medio para lograr el fin más grande: luchar y sobrevivir, aún con el estómago vacío.

3.

Y por último, la resistencia. Esta parece ser una palabra relativamente nueva para la mayoría de los taurinos e incluso extraña a nuestra naturaleza contemplativa. Pero que debemos incorporar a nuestro canon de valores, como norte y soporte de nuestra lucha por la más bella de las tradiciones. Particularmente, siempre he entendido la tauromaquia como una resistencia, por su carácter de lucha, por su carácter de acto que desafía la lógica del enfrentamiento. La tauromaquia ha sido una resistencia popular, ha representado los valores y la hombría en la cosmovisión de un pueblo. Siempre ha sido una resistencia contra la mentira, la manipulación, contra el miedo, contra la falsedad. La tauromaquia ha sido la resistencia de la Verdad ante la corrupción, ante el fraude. Hoy se erige como una resistencia ante los valores del mundo posmoderno donde la virtualidad y lo inmediato superan a lo real y a lo profundo, incluso a lo trágico.

Nuestra resistencia debe cada día dar más el pecho, cargar la suerte, dejar los complejos. Nuestra resistencia debe cada día tener más hambre, pasar más hambre, llevarla lejos sin importar las privaciones que el mundo, la sociedad o los gobiernos nos quieran imponer. Nuestra resistencia debe cada día ser más brava, más encastada, crecerse ante el castigo, ante la humillación, porque sólo así podrá ser consecuente con los valores excelsos que el Toro, el Torero y toda la Tauromaquia predican como únicos y verdaderos.

Bravura, hambre y resistencia, el canon de nuestra propia defensa.

Abadía Vernaza. (@canaveralito)

¡No olviden dejar su voz de apoyo con el hashtag #FuerzaNovilleros y una foto.

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Corrida dura, toreo blando: sobre la corrida de Mondoñedo

Esta vez decidí tomarme un tiempo para escribir sobre la corrida de Mondoñedo, sus incidencias y también un poco de reflexión sobre su significado. Del domingo a hoy se conocen ya varias opiniones sobre este día, acordando todas en la calidad del encierro, en cuanto a presentación y casta. Yo no soy la excepción. La corrida de Mondoñedo fue todo lo bueno que ya se ha escrito.

Los 7 toros corridos de Mondoñedo se presentaron con una seriedad única, muy en su tipo de encaste, y que también iba rematada con una casta abundante. En Colombia sí hay Toros y esos son de Mondoñedo. Analizar este tipo de toro creo que se debe hacer con detalle. Trataré de hacerlo.

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“Ola ke ase? Si tiene ganas de torear o ke ase”.

Como aficionado, sé que la casta y la bravura son cualidades indispensables para el desarrollo de la lidia. Pero otra cualidad que debería ser obvia es su presencia. ¿Cuánto toro bravo y encastado se lidia, pero siendo algo más parecido a un gato que a un animal imponente? Yo no sé ustedes, desconocidos lectores, pero la tauromaquia tiene sentido si inspira respeto y admiración, como cualquier arte. Pero también, al ser una tragedia debe inspirar miedo. Miedo a la muerte presente. La habilidad del hombre para aplacar su miedo y superar a un animal, a todas luces más poderoso, es el valor del toreo. En esta tarde se respiraba miedo y respeto. Más el primero que el segundo, por eso los toros estuvieron por encima del toreo blando. Existió esa condición de imponencia, esencial en una tauromaquia que valga.

También estuvo la casta y en ocasiones, la bravura. Toros de embestida poderosa, que recargaron en tablas, persiguieron y fueron con ganas al caballo, alguno embistiendo de lejos, otro al relance, pero por el toreo blando. También repitiendo al caballo, sin aplacarse y buscando pelea. Y dando tumbos. Sí, yo sé, ya se los habían dicho. Creo que Mondoñedo nos deja tranquilos porque sabemos que en Colombia existe una ganadería seria. Y además es una ganadería -y una familia- fundacional del Toro en Colombia cuyo compromiso con la autenticidad del Toro está más vigente que nunca. Un homenaje al toro bravo, como título Caballero en su reseña en El Tiempo.

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“Y como enseñó mi madre, con fuerza al caballo”.

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“Vamos que aquí hay pelea”..

También nos tranquiliza la existencia de espacios alternos, como el Centro de Eventos Marruecos, aka. Plaza de Toros de Puente Piedra, para la celebración de corridas especiales o alternas al calendario taurino, ojalá alejada del triunfalismo necesario para mantener el interés de una Feria y más cercana a la verdad y a la perpetuación de un arte que ya no lo parece tanto. Pero que sigue existiendo. De paso, felicito al Sr. Londoño por su Plaza, impecable, coqueta, un lujo en las cercanías de Bogotá.

Ahora, ¿qué me preocupa? El toreo blando en general, que claramente no se hizo ausente frente a los Mondoñedo. Argumentos a favor del valor de un torero se encuentran por doquier. Ya lo decía Hemingway, casi todo torero se defiende diciendo que es él y no el espectador que arriesga la vida. Como quien dice “shut up and take it for granted”. Me preocupa la falta de oficio y el exceso de mañas. Lo digo de frente y lo sostengo a quien quiera. Grandes toros, ¿pero para quién? El cartel estaba compuesto por Paco Perlaza, Ramsés y remataba el español Eduardo Gallo. Durante toda la tarde, muchas de las cualidades de los animales fueron tapadas por trucos de destoreo, consecuencia de la falta de técnica y sitio o por espanto.

Por muchas razones, sobretodo lo especial de la tarde, procuré ir sin prejuicios y abierto a la sorpresa y a reconciliarme con mi propia afición. Paco Perlaza nunca ha sido de mis respetos. Y en esta corrida no cambió en lo más mínimo mi opinión. Algunos dicen que pasa por su mejor momento, yo no vi nada nuevo. Contando con suerte siempre en sus lotes, son toros que se diluyen en un toreo carente de sitio. Toreo salsero, pasa la mano, tres pasos y vuelve a empezar. No hay sitio. Tampoco hay sensibilidad. Total ausencia. Sus dos toros fueron desperdiciados, porque además de las condiciones ya expuestas, fueron nobles, algo que en la dureza del encaste no es muy abundante. El toro de Mondoñedo es difícil. En fin, dos toros dejados a un lado, por falta de atornillarse y torear. Dos animales que le sobraron en seriedad y presencia.

Ramsés es un torero que conoce ya la ganadería y aunque en algún momento trató de sacar una lidia seria, que así exigían, se pegó una espantá de libro y no veía la hora de despachar y sacarse las luces. Sus dos animales estuvieron por encima también. La falta de oportunidad es comprensible en el toreo colombiano, pero también hay que saber aprovechar las oportunidades, superar el miedo y luchar como si no hubiera mañana. Pundonor. Ganarse el respeto o saberse retirar. Como en la vida misma. En su primero, luchó frente al que tal vez fue el toro más complicado, porfiando en ocasiones. En su segundo dirigió una lidia que se estaba descarrilando pero pronto se fue el valor y quedó el espanto. Pases cuidando las carnes y olvidando todo lo demás.

Eduardo Gallo, más curtido, venía con más carné, con más capacidades y de alguna forma, así lo hizo. En su primero estuvo ahí apenas, despachando rápido a un animal que tenía mucha cara pero aprendía y adquiriría mucha malicia y al que le faltó poder torero. En su segundo, luchó y dominó a un gran Mondoñedo, que según entiendo, se corrió en turno por la necesidad de apuntillar a Greñudo (2do.), al estrellarse con el burladero. Sudo una oreja, toreando al natural, de frente y recibiendo un fuerte levantón que asustó al tendido. Valía su faena y valió la vuelta al toro que fue bravo hasta el último suspiro.

Ya para terminar, cierro mi preocupación, como ya decía, por el oficio de las cuadrillas, que son las mismas presentes en todas las Ferias. No digo que no sepan lo que deben hacer, incluso hubo pares con nervio, sino que se encubren en una cantidad de mañas que descomponen la Fiesta y el sentido que cada acto tiene dentro de la Tragedia. Ejemplo, las dichosas banderillas y su empeño en poner sólo dos, desafiando a Presidencia y afición. O la capoteadera innecesaria. O la brega al relance. Apenas un saludo al tercio y poca brega para destacar. A los toros les dieron muy duro, arriesgando poco y castigando mucho. Les dieron muy duro, por culpa del toreo blando.

Al final, fue una corrida sin muchas sorpresas, que tranquilizan por el estado del ganado bravo, pero dejan otras preocupaciones, mañas de una tauromaquia blandita, que se replica por todas las plazas y que hace mucho daño al conocimiento y ejercicio de la lidia.

Eso sí, insisto que fue una rebelión de la verdadera afición, la primera cita de una grupo de amantes de la Tauromaquia. No puede ser la única. Hay que hacer esfuerzos para tener espacios legítimos, donde la integridad es lo más importante. De alguna forma siento que es por la periferia taurina por donde debe iniciarse el camino de la recuperación, celebrando corridas serias, buscando legitimidad, arte y valor, más que masas, triunfos y “apoteosis” contemporáneas.

Hay Toros en Colombia. Ahora, a recomponer lo demás.

Abadía Vernaza.

Nota: Todas las fotos son tomadas por Andrés Rivera de Fiesta del Toro.

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Fotos de los toros del domingo (por Andrés Rivera).

El portal Fiesta del Toro publicó una galería de imágenes que nos acerca aún más a la camada a lidiarse el domingo en La Holanda, municipio de Mosquera, Cundinamarca. No es una costumbre común en Colombia el que se conozcan imágenes de un encierro, previo a una corrida. Así, he aquí más imágenes que muestran la seriedad de esta corrida. Escojo dos fotos:

Mondoñedo - Espatero y Tocayito

Espatero, No. 219, 520kilos, junto a Tocayito, No. 211, 492 kilos.

 

Mondoñedo - Greñudo

Greñudo, No. 505, 506 kilos.

 

Como sabemos, la línea común de Mondoñedo procede del cruce entre una vieja procedencia Santa Coloma con encaste Contreras, venido directamente desde los Hermanos Peralta, predominando este segundo.

Todas las fotos las pueden ver acá. ¡Buenas fotos a buenos Toros!

Les dejo también 8 consideraciones que tengo sobre esta corrida. Uds. dirán.

Abadía Vernaza.

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(Actualización) Se confirma que la corrida será en la Plaza Centro de Eventos Marruecos, Vía Subachoque, 1Km. Este cambio se debe a la temporada de lluvias e inundaciones que afectan la Dehesa. Esta Plaza es bajo techo, para comodidad de la afición.

Nota: Dejo el enlace directo a la compra de boletas por internet: Acá la dirección web para comprar los boletos.

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8 consideraciones sobre la corrida de Mondoñedo.

Para la corrida del 17 de febrero, la expectación es enorme entre la buena afición rola, no sólo por la ausencia de toros este año en Bogotá, sino también por el prestigio que precede a la ganadería de Mondoñedo (la más antigua y -por qué no- más importante de Colombia). Y siendo así, tengo unas consideraciones. Ustedes me dirán.

1.

Para empezar, es gratificante que una familia y una ganadería -Los Sanz de Santamaría y Mondoñedo-, que tanto han dado a la tauromaquia nacional, sigan al frente de ese compromiso tácito que adquirieron hace generaciones y permitan a los aficionados vivir la máxima expresión de la Fiesta, así sea sólo un día de corrida. Además, será en casa. Aplausos.

2.

Sin importar el transcurrir de esta tarde, ya que en este mundo nada está escrito, sabido o dicho hasta que el Toro y Torero se enfrentan, es una de las fechas más importantes los aficionados en los tiempos recientes, al homenajearnos y unirnos como la punta de lanza de la afición taurina en pro de la Fiesta. Coloquialmente, estaremos los que somos.

3.

Se vale creer que esto aún tiene sentido. Esperamos una corrida íntegra, no sólo en Toros (cuyas fotos ya hemos visto), sino también por parte de toreros, subalternos, picadores, Presidencia y durante toda la ejecución de la lidia. No pido un concurso de varas (¡que bonito sería!), pero sí una corrida completa, donde la pica vale por lo que es.

4.

¿No podrá ser esta corrida la manifestación de una verdad del Toro que se debería replicar año tras año? Sabiendo que en las Plazas de 1ra., por costo, convocatoria y jaloneos, es muy difícil una corrida de estas condiciones, ¿no es momento de pensar, guardando la proporción, en una especie de “Ceret” de nuestras tierras: una Plaza pequeña, sin ser una Temporada, un fin de semana, tal vez sólo un festejo, que celebre la afición que ama el Toro Bravo, al margen de las “capitales” taurinas en Colombia y que, incluso, refresque el calendario taurino? Yo me apunto.

5.

Recuerdo que Hemingway escribió que era “ideal” llevar a un neo-aficionado a una novillada, por ser una especie de corrida menor donde, por inexperiencia en general, se puede medir el valor del miedo y de la técnica. No estoy de acuerdo, pero me atrevo a decir que Don Ernesto no permitiría llevarlo a una de esas posmo-corridas de media casta. Ahora, por el contrario, si alguien quiere mostrar la emoción de un corrida a un futuro aficionado a cabalidad, está bien puede ser una espléndida ocasión, por el encierro, la afición, el ambiente.

6.

Se ha despertado un debate en la “taurósfera” colombiana[1][2][3][4][5][6], sobre las corridas incruentas y demarcando una supuesta brecha generacional, que seguro se encontrarán en una pequeña Plaza portátil. Sin jalar para un bando o para el otro (jóvenes o viejos, ya sabéis que acá nos importa es el Toro, ná má), creo que será una coyuntura especial y le da un matiz picante a un debate donde se sabrá quién es quién y para dónde pegan. Lo cierto es que sigue el jaleo y ojalá no empañe esta corrida. Claro, se sobreentiende que esta debería ser una ocasión que debe unir a la afición en pro de la Fiesta y la Verdad. Que así sea.

7.

Sabiendo lo difícil que es organizar un evento como este, ya vemos que no es imposible. Leguleyadas y otras maromas no nos harán caer.

8.

La Fiesta Brava está viva. Y seguirá viviendo mientras exista emoción, casta, bravura, arte, valor y técnica. Más claro no podría estar. Ahí verán.

Coda.

Don Fermín y Don Gonzalo, si ven esto, les deseo la mejor de las suertes y que de alguna forma estas humildes consideraciones se hagan una realidad. Gracias. Y olé.

Abadía Vernaza.

(Actualización) Se confirma que la corrida será en la Plaza Centro de Eventos Marruecos, Vía Subachoque, 1Km. Este cambio se debe a la temporada de lluvias e inundaciones que afectan la Dehesa. Esta Plaza es bajo techo, para comodidad de la afición.

Cartel:
Cartel 17 de Febrero - Mondoñedo.

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Boletas para la Corrida en Mondoñedo.

(Actualización 2) Se confirma que la corrida será en la Plaza Centro de Eventos Marruecos, Vía Subachoque, 1Km. Este cambio se debe a la temporada de lluvias e inundaciones que afectan la Dehesa. Esta Plaza es bajo techo, para comodidad de la afición.
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(Actualización) Gracias a lo enterado de Andrés Rivera de FiestadelToro.com, tenemos el enlace directo a la compra de boletas por internet: Acá la dirección web para comprar los boletos.


Después de un par de semanas de espera, la Ganadería Mondoñedo ha informado los precios de la corrida para la afición, que se realizará el 17 de febrero a las 3:00pm.

Gracias a nuestro avispado amigo A. Rivera, del blog Fiesta del Toro, nos enteramos los precios y el modo de compra. Previamente, habíamos conocido que, por seguridad, la venta la iban a realizar a través de Ticket Express, lo que se confirma el día de hoy. Esta compañía también se encarga de la venta de boletas para la Temporada Taurina en Medellín.

Ahora, cito los precios publicados en Fiesta del Toro:

Sombra:
Barrera: 250.000 pesos
Contrabarrera: 230.000 pesos
Filas 1 y 2: 200.000 pesos
General: 120.000 pesos
Sol:
Barrera: 150.000 pesos
Contrabarrera: 130.000 pesos
Filas 1 y 2: 100.000 pesos
General: 50.000 pesos
Nota: Adicional se cobrará el servicio de Ticket Express ($10.000 y $6.000 en las de $50.000)

La demora también se produjo por presiones de grupos antitaurinos a la Alcaldía de Mosquera -municipio aledaño a Bogota y en cuya jurisdicción queda la ganadería-, aún así las boletas salen a la venta el jueves 31 de enero, informó Rivera.

Así, la espera es más corta, y gracias a esta ganadería de tanta tradición, los bogotanos no se quedarán sin Fiesta este año. ¡Y olé!

Abadía Vernaza.

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