Mayo 8, 2008

Pruebas de supervivencia

¡No es que estuviese muerto, simplemente andaba de parranda!

Andaba en mis propias vueltas, que tienen que ver con Feria Internacional del Libro de Bogotá y un fin de semana bastante largo, con dos días festivo en el medio. Por eso, había estado completamente desconectado de la actualidad taurina en España, que con verdad reproducen aficionados en los que he llegado a confiar plenamente.

Al volver me he enterado de cosas buenas, otras bonitas, otras tristes y mucha terribles.

La buena, el nuevo blog de Rosa Jiménez Cano, El Blog de Toros en ELPAÍS.com, cuya versión 2007 fue el primero que me llevó a los caminos de la taurósfera.

La más bonita, las fotos de la corrida concurso de Zaragoza en la suerte de varas. Que bello ver una suerte así ejecutada. Y que el festejo allá dejado a tanto buenos aficionados contentos. No es fácil.

Lo triste, pos muchas cosas. Lo de siempre, los burracos mansos. Lo de ahora, el circo que se forma contra los antitaurinos.

Y lo terrible, aquel video espantoso del Bulldozer torero (ojo que nada tiene que ver con bulls, no). Es algo inaudito. Cómo putas a alguien se le ocurre echar una máquina de esas al ruedo para sacar a un morlaco. Que vergüenza. Que insulto.

Sigo en contacto, leyendo todo lo que pasa en San Isidro, esperando que no resulte en un fiasco como el de Sevilla.

Un saludo,

Abadía Vernaza

Abril 26, 2008

II Encuentro de Aficionados - Zaragoza

II Encuentro de Aficionados

La suerte de varas es el EJE de la lidia. Por una fiesta íntegra.

Como no podía ser menos, desde esta plazuela de verdaderos aficionados, me suscribo con toda mi energía y pasión a este encuentro, deseando lo mejor para todos los asistentes y que éste represente un verdadero cambio por el bien de nuestra Fiesta. Desde la Colombia taurina nos adherimos y confiamos en los cabales aficionados que harán de este encuentro un punto de quiebre en la regeneración taurina.

Un saludo,

Abadía Vernaza

PD: A pesar de estar un poco alejado, no he olvidado nada la Fiesta, ¡jamás! muy pendiente de las noticias en España, y muy feliz por la reciente compra de un capote y un muleta. Espero estrenarlos pronto. Saludos.

Abril 19, 2008

Comentario a video-denuncia…

[Este post lo escribí el mismo día que empezó a circular enla taurósfera el mencionado video, pero que lo dejé en Borradores para, supuestamente, meterle mano más adelante. Por obligaciones académicas no lo hice, y se me estaba refundiendo, así que decido sacarlo tal cual quedó en ese momento. Como salió, salió].

No quise dejar mi opinión en la página donde vi la video denuncia sobre el afeitado (aquellos 4 deditos que se pueden quitar, como si fuese un puto lapiz y no el pitón de un toro). Quise hacerlo desde mi plazuela por dos razones: 1ra. En lugar de repetir la noticia -que enlazo, evidentemente- preferí dar mi voz desde mi propio espacio, para ratificar el compromiso de esta casa por la integridad de la Fiesta, por la limpieza y sobretodo por la dignidad de todos. Y 2do. porque así le daba un poquito de movimiento a esta plazuela, en tiempos de stand-by.

Sobre decir que me indigna de gran manera ver cómo se vapulea un ritual tan arraigado a la cultura de varias naciones. Como se irrespeta a todas la personas que ven en éste una experiencia más allá de la razón y la lógica humana. Que la viven como un espacio mágico plagado de significancia y de valor inmaterial. Para todos nosotros los que no vemos en las Corridad de Toros un espectáculo deportivo, con contrataciones millonarias, ídolos de 15 minutos, inventos mediáticos, etc. Las Corridas de Toros no son un espectáculo, no son un deporte. No son una plataforma para la fama de los hombres. No son mass-show. Tiene algo que va más allá. Un algo especial. Un algo de sagrado. Tal vez, más al nivel de la religión y no de un partido de fútbol.

Por qué. Porque para que sean posibles las Corridas de Toros hay un ser en especial que usualmente paga con su vida para que este rito sea posible: S.M. El Toro. Aquí no pienso entrar a justificar nada. No quiero debatir el porqué si deben y el porqué no CELEBRARSE la Corridas de Toros. Nunca he querido hacerlo. Escapa a toda razón humana. Pero sí defiendo la dignidad de aquellos que solo tienen los pitones, su fuerza, su bravura, su instinto, su naturaleza, para luchar por su vida en una batalla que aparentaba justicia, pero ahora con tanta trampita (cuales que trampita, tanta hijueputada, traición, basura) que hay por ahí en este mundillo del taurineo no tiene “razón” de ser. La verdad, es que así, realmente nada tiene importancia. Porque no hay nada. Solo un hijueputa tramposo vendiendo la vida de un animal a otro hijueputa más tramposo que se tapa en plata comprando muchos de esos bichejos para vender las boletas de un show circense a un público güevón, que van a gritar como bestias al ver a otro hijueputa más tramposo aún, que se para en la mitad de un círculo de arena, dándoselas del bravo y del valiente, a matar a un animal que, aunque aquí de entrada me contradiga por ser ferviente seguidor de las corridas (cosa que sé que es así para cualquier aficionado cabal y sensato que sea conciente de la verdad de esta Fiesta), no tenga porqué estar ahí, con 4 dedos menos -y muchas cosas más. Simplemente porque así no son las cosas. De qué vale todo eso. Pa’ ni mierda. Da lástima

Constantemente me estoy preguntando porqué voy a SUS corriditas de (…….). A ver qué. A ver este juego de estúpidos empresarios, ganaderos, toreritos e ignorantes que de mágico y sagrado no tiene nada. Para qué. Para qué putas. Para que el toro termine muerto a los 15 minutos. Tirado en la arena. Como una masa inerte de carne sin sentido. Un muerto más, mientras que el hijueputa anda comiéndose a toda mujer que se le pase por el frente, tomándose fotos ridículas, mirando al suelo y con los pies descalzos para dárselas de místico mientras que de sensible no tiene ni mierda, dándose la gran vida con millones de euros, programas del corazón, en carros últimos modelos y en las islas de Caribe, convencido en la fama de valeroso guerrero que arriesgó su vida cuando nada de eso es cierto, a la par de otros grandísimos hijos de puta que crian en masa animales que no tienen esa Majestad, a los que nos les tienen el más mínimo respeto, sino que son carne de cañón para ellos forrarse también, e irse todos juntitos de las manos a la misma islita del Caribe.

Esto está escrito desde adentro. Poco me importó aquí la decencia y los buenos modales. Poco me importó el orden y la lógica. Porqué debería importarme el cuidar mis palabras, si a todos esos les tiene sin cuidado mi concepción de la Fiesta. Yo solo hablo desde acá, desde las entrañas, desde donde nace mi pasión descontrolada. Porque por mí, si las cosas van a ser así, que se acabe toda esta mierda. La verdad, así no tiene importancia. Así no quiero ver más animales muertos por ahí, de la manera más vil y traicionera. Así no. Porque no tiene importancia su espectáculo de mierda. Es una payasada.

No más hijueputas tramposos. Sé que no todos son así, pero son estos los que están acabando con todo, y llenándonos de más razones para mandar todo al carajo. No más tramposos.

Abadía Vernaza

(Además enlazo la justificación para la presencia de un torero en el ruedo por Opsen. Y embebo el video de YouTube, para que siga dando lora esta maldita verdad).

Marzo 25, 2008

Test de Windows Live Writer

Un centro de edición y publicación todo en 1. Si alguien conoce alguna opción diferente a la de Windows se los agradezco -usualmente funcionan mejor, y pues de puro chévere-

Saludos desde mi abandonadísimo blog,

Abadía V.

Marzo 1, 2008

Un intermedio bastante largo

Con profunda tristeza llegó el final de la temporada taurina acá en mi tierrita colombiana. Se han acabado los festejos, los remates, incluso  las tertulias. Ya entramos a ese intermedio larguísimo que va de marzo a diciembre. Son 10 meses que a veces se me hacen eternos, y la nostalgia se me presenta con muchísima intensidad.

Pero bueno, esta casa no cerrará sus puertas, ni mucho menos. Aún quedan cosas -muchas, tal vez las más importantes- por decir y otras cuantas -la mayoría- por aprender. Es solo un slow-down a este ritmo taurino en plena temporada-que a mí nunca me cansa, pero como todo en la vida, hay que pararle bolas a otras responsabilidades. Seguiré pendiente de la taurosfera. De los blogs que no dejo de revisar a diario y a través de ellos mantener ese fuego interno que cargo y que se desborda cada vez que voy a la plaza de toros o pienso en ella.

Ejercicios para este año: seguir pendiente de la temporada española, por supuesto. Revisar el siempre gentil Youtube para ver faenas y sentir un restico de la emoción de los toros. Leer e aprender más sobre la Fiesta. Procurar ir a alguna corrida de provincia (por ahí en fiestas de pueblo se organizan un par) para conocer cómo es el maní allá. Y sobretodas las cosas, seguir defendiendo la integridad de la Fiesta y de S.M. El Toro.

Agradecimientos a todos los amigos hechos en estos cortísimos tres meses de actividad; a los de Torero, Toro y Afición, al apreciado Betialai, a Lupimon, a todos los que han leído y participado en esta cazuela, tan sencilla y bonita como la placita de mi infancia. Tan honesta y entregada a la Autenticidad, a la Integridad y a la Justicia dentro de la Fiesta Brava. Y que con verdadera humildad trató de brindar una perspectiva diferente sobre la temporada colombiana: la del aficionado.

Me ratifico con el Manifiesto: Nada tiene importancia si no hay TORO ¡Por una fiesta íntegra, auténtica y justa!

Un saludo muy especial a todos. La casa queda abierta.

Abadía Vernaza

PD: Ya mi novia podrá “descansar” porque tendré más tiempo para ella, pero nah que ni se crea, porque al toro siempre lo llevo en la mente ¡Y olé!

Chapa

Febrero 28, 2008

El fin de semana taurino

(El Botija me acompañó -o yo a él, más bien- en ese viaje a Medellín. Aquí, su mirada).

Por El Botija

Este podría representar el sueño de una vida perfecta: viajar, ver toros y sobre todo hablar mierda; mierda que permita la catarsis de lo vivido cada tarde en la plaza.

No viajamos en primera clase, ni mucho menos en avión, sino en la gran flota de Expreso Bolivariano. Así el bus 720 (que podría ser número de toro en ganadería) nos trasladó hasta Medellín en pos del sueño un viaje taurino.

Jueves 20 de febrero a las 10:20 pm: estábamos rumbo a la ciudad de la eterna primavera, el viernes un poco de faranduleo y exceso de vino en la noche, y pues la ansiedad de ver la penúltima corrida del maestro, y conquistar otro de los cosos colombianos a los que solamente nos habíamos acercado por Radio y por las notas de farándula de Noticias RCN.

Sábado, y los preparativos casi listos, un poco mal dormidos y con la resaca típica del vino salimos a la plaza a tratar de vender unas boletas que sobraban, y luego a preparar las botas. Bota Jerezana, fue el nombre de la escogida: sangría, vino tinto jerez y triple sec.

Fue curioso el comentario de los familiares que se encontraban con nosotros, “ustedes solo se visten bien cuando van a los toros” yo solo pensaba que era parte del rito, de lo sagrado de la fiesta.

La llegada a la plaza, un poco traumática y la caminada de casi 600mts hasta la deformada caja de galletas, que solía ser La Macarena. Ahora es un mix entre plaza tradicional y coliseo polideportivo de ciudad semigrande. Entramos de afán mientras el resto esperaba a los que faltaban de la gran comitiva. Nosotros no nos íbamos a perder ningún detalle.

La llegada al puesto fue extraña y un poco decepcionante, pues perdíamos casi un octavo del ruedo por lo empinado de las nuevas graderías (y abuso del termino pues a eso no se le puede llamar Tendido). Nos separaba de la fila siguiente un rompe olas, como los utilizados en los estadios para frenar las turbas de aficionados.

La corrida empezó cartel de lujo: El maestro, Ponce y una de las posibles promesas del toreo colombiano Rivera. César bien con su primero, cuidándose mucho y con un toro de poca casta. Su segundo toro nada que hacer, igual la Macarena lo entendió y a gritos de CEEEEEEEEEEEESSSSSSSSSAAAAAAAAAAAARRRRRRRRR y TOREROOOOOOO TOREROOOOOO lo pusieron a llorar con la cabeza recostada al callejón.

Ponce, dando clases de buen toreo, suavidad, inteligencia y comunicación con el animal. Su único problema no le entendió mucho los terrenos y le pesaron algunos pases en querencia. Cuidó un animal exageradamnete flojo de remos, que reemplazaba el asignado por sorteo, animal que después de una vuelta campana quedó con ambas manos totalmente desconectadas y caminado con enorme sufrimiento sobre los codos. Sin embargo la cabeza fría y su suavidad hicieron una faena majestuosa en que este se vió sobre todo torero. Valga la pena la redundancia MUY TORERO.

En el primer toro de Rivera, nunca encontró conexión, el público lo sacó a chiflidos y y se vió decepcionado ante la expectativa de la posible nueva promesa. Incluso la presidencia autorizó apuntillar al toro cuando por falta de casta se echó con apenas un desubicado e incompleto pinchazo. En su segundo salió favorecido con el mejor toro del encierro, perdón, lo único del pauperrimo encierro, y este sacó el valor torero que guarda, se le vio concectado con hambre de triunfo y con una muleta que hablaba con verdad, Lástima la suerte suprema en la cual se vió su falta de tardes (a cogernos las bolitas señores empresarios y a dejar torear una promesa del toreo).

Los toros de la tarde habían acabado, y solo quedaba pensar en que La Macarena no vovlería a ver a l maestro, yo me sentía en mejor posición pensando en la tarde siguiente en Bogotá, pero ni siquiera esta certeza me permitió ocultar las lagrimas que se salían de los glóbulos viendo la calle de honor de niños silleteros (tradición antioqueña de hacer cajones con flores y cargarlo a espaldas) que decían Gracias Maestro. Muy emotiva la despedida paisa.

Para termina esta pequeña crónica solo queda opinar sobre el público de Medellín, solo queda decir que a ponernos el poncho y a tomar aguardiente, no toda buena faena significa indulto…

Ya en e bus de retorno a Bogotá y después de acabar conversando con el maestro Anderson Murillo sobre el encierro del día, y otras cuestiones de la actualidad del subalterno en Colombia, caí en cuenta que no iba tener mucho que escribir sobre la corrida en sí, pues no logré convencerme de que estaba en la plaza, sino que todo se asemejaba a ver toros desde un Helicoptero, o en su defecto desde los balcones de las torres del paruque, en donde se ve el el suceso del ruedo pero se pierde el mito del coso taurino y se piensa en un estadio de Basketball con estructuras en el techo.

Febrero 25, 2008

La gran corrida de despedida (en Bogotá).

(Me valió separar en dos post, porque ambas merecen mención y son totalmente diferentes).

Ahora, en Bogotá, las cosas superaron toda expectación. Una corrida de toros. Con gallardía y torería por parte de ambos espadas. Un verdadero mano a mano entre dos grandes de los últimos 15 años. Un mano a mano con historia, que solo podía tener un final, el mismo que tantos aficionados presenciaron en muchas plazas del mundo. Ambos toreros saliendo a hombros por la puerta grande. Una imagen que se repitió en mi memoria. Era muy pequeño cuando la vi por primera vez, y hoy después de muchos años, al definitivo adiós de uno y (creo yo) la recta final del otro, pude volver a verle con esa emoción y nostalgia de mis primeros recuerdos taurinos. Y con mucha suerte, tuve a mi padre y a un amigo suyo, veterinario por varios años de la Junta Técnica en Cali (persona muy importante en mi afición a la tauromaquia), presentes. Y a mi hermanita que a sus poquísimos 15 años es una verdadera aficionada y en cuyo criterio siempre doy crédito. Pude revivir viejas épocas, emocionado hasta los cojones por ver tanta torería, tanta ortodoxia, tanto clasicismo en el ruedo.

César Rincón derrochó arte y técnica. Y Enrique Ponce no se quedó atrás y respondió con valentía, entrega y torería. Una tarde inolvidable. Tarde de 8 orejas (que no se sienten vacías) y dos indultos que son bastante discutibles pero que no vale la pena entrar en polémicas porque fueron la muestra de bravura y casta en el ruedo. En el primero de la tarde, Rincón brindó a toda su cuadrilla: Anderson Murillo, Viloria, Gustavo García, El Piña, Chiricuto y su hermano que siempre fue su mozo de espadas. Y cuajó una faena donde todos sus subalternos dieron lecciones de buena lidia, ubicando al toro donde debe ser, sin exagerar en los capotes. Picando y banderilleando como es. Todos sacaron una tarde de alta nota, en función de un maestro de orquesta que dirigía con grandeza la lidia de sus animales. Y con la muleta Rincón lidió con verdadera forma, logrando la poco frecuente comunión entre toro y torero, corrigiendo los “errores” de la bestia con cabeza e inteligencia.

Todos estabamos entregados ya, y nos restaban 5 toros. Enrique Ponce, con ese saborcito que me había dejado en Medellín, debía salir con aires de grandeza, a no dejarse opacar. A defender su orgullo torero. Y también se paró en la raya. A dirigir con maestría a sus subalternos. A lidiar en todo momento, con el capote, la voz y la muleta. Brindó con sincera admiración a César y con doblones muy toreros llevó al toro a los medios del ruedo. Ahí se plantó y ejecutó una faena de grandeza. Con una plasticidad, un arte, una ortodoxia que “contra-atacaba” a lo propuesto por Rincón. Pensé que estos enfretamientos no se daban ya en los ruedos, y acá se dio un verdadero duelo, de sangre, arte y arena. Pases de pecho, redondos en un palmo de tercio impávido, toreros desplantes. El público ebullía, y el toro -algo dulzón- seguía embistiendo. Pudo haberle matado, así debía hacerlo evitando tanta marrulla con el ayudado y la espada, pero la gente y el presidente concedió el indulto. Totalmente discutible, sí, pero ya había el salido el pañuelo amarillo y el triunfo de Ponce en la tarde más importante de la temporada colombiana estaba consumado. El toro era de vuelta al ruedo y eso, pero la faena de Ponce fue verdadera. Sin triquiñuelas ni ventajas. En su sitio, en su arte. Y la pelea estaba casada.

Volvió al ruedo el Maestro Rincón. Recibiendo al toro y embarcándole la embestida con tan solo dos capotazos. Y ejecutando verdaderas verónica, con la tela entre los pies. Fajando una verdadera tanda en el tan desvalorado primer tercio. Salieron los caballos, los puso él mismo en su lugar, y pasando el capote por su espalda ejecutó una plástica serie de cacerinas (pase creado por el maestro Pepe Cáceres, similar a la Gaonera). Y galleando lo puso en suerte rematando con un artística revolera por la espalda. El toro, ni corto ni perezoso, arrancó con fuerza al caballo, y aunque no fue la vara mejor ejecutada sí cumplió su objetivo dentro de la lidia. Con cortesía, Rincón concedió una tanda de quites al sobresaliente Manuel Libardo y ahí se iba gestando una faena de esas de ensueño, de las de antes. Los subalternos prestos a poner en sitio al toro, a banderrilearle y hacerle el quite a un toro que se perseguía hasta las tablas con mucha codicia. El brindis fue a su padre, gestor de la afición al más grande torero de los últimos años. Y ahí comenzó la magia. La sabiduría de Rincón desbordó ante un toro mucho más bravo que su anterior hermano. Con buena embestida por ambos pitones. Humillando y tragándose la muleta. Y Rincón lidiando. Citando de frente, embarcando al toro con la panza de la muleta. Pasó a la mano izquiera y para mí ahí explotó todo. Una faena esencialmente al natural. Con arte que inundaba la plaza de toros. Y el animal, un bicho que transmitía alegría en su acometida. Pases de adorno. Molinetes, de la Flores, cambiadas, en redondo cambiando de mano. Creciéndose el torero y creciéndose el toro. Otra vez la plaza estaba -o más seguía- en ebullición. De nuevo, el público todo pedía el indulto. Discutible también, no sé por algunos gestos del toro, pero sin dudas más toro que el anterior. Tampoco lo hubiese dado, pero no soy la Presidencia y yo en ese momento estaba en extasis, viendo la comunión de hombre y animal. Por obvias razones, el toro fue cubierto con el salvador manto amarillo del indulto, y retornó a los chiqueros, y muy seguramente a la dehesa, a seguir con esa línea tan Domecq que tienen los toros de Rincón. Pero que acá al menos salió con el honor de toro bravo. No la última chimba de toro, eso sí. El Maestro había dado a su padre, y a los presentes, el mejor regalo de despedida, de agradecimiento. Estabamos ante un verdadero festejo, lleno de orgullo, valor, agradecimiento y emoción. Nadie había escatimado en nada. Y Rincón daba la vuelta al ruedo, con las dos orejas simbólicas a una faena completa. Con toda la plaza a sus pies, y con todas las nacionalidades del mundo taurino, literalemente en sus brazos. El torero del mundo daba la vuelta al ruedo en su plaza, en su natal Bogotá, donde hace más de 30 años toreaba a su perro en un popular barrio de la ciudad.

De nuevo el torero Ponce. En suerte, un bravucón tan peligroso como la fiereza misma. Y aquí, nuestro amigo Enrique, nos terminó por cerrar la jeta a todos. El toro era testarudo, con sentido agudizado, de embestida corta y se revolvía sin dar tiempo para nada. Al comienzo el toro estaba pudiendo con el torero. Pero este, a base de conocimiento fue llevando la terquedad del bicho, cuajando una faena de valor inigualable. Una pelea casada entre hombre y bestia. O sos vos, o soy pero de aquí no salimos los dos vivos. Se metió, se arrimó, lidió, enfrentó y triunfó. Con la gallardía del torero valiente, el profesionalismo de un grande, con el honor del mano a mano ante el mejor torero del mundo. Entró a matarse con la espada y recibió su paletazo. Pero el hombre había triunfado. El terco animal caía redondo, y Ponce recibía una oreja (valía más su faena). Completamente desfigurado, exhausto, con el peso de la muerte a cuestas, paseando el trofeo a su valentía.

La tarde ya había sido para la historia. Faltaban dos toros y no sabíamos que esperar. La tarde decayó un poco a nivel taurino, pero el arte, la técnica y el valor había hecho de esta tarde, una tarde para la historia. El quinto toro de la tarde terminó invalidándose ante tanto golpe en los burladeros y parecía que se iba a repetir la historia de Medellín. Rincón mató al lisiado y entró al burladero, pero ante la insistencia de los presentes, salió al tercio y anunción su dedo indíce otro. El séptimo. Como quien dice, esta tarde no se quería terminar. El sexto a Ponce resultó ser el de peor comportamiento. Manseando constantemente. Ponce lo lidió con la verdad en la mano, sacando los justos pases que el manso tenía, y salió con la frente en alto, con una tarde de triunfo real, ante todo tipo de bichos, ante todo tipo de arte y técnica.

Y como no queríamos que esto se nos acabara, salió el séptimo. Un castaño quemado de incierto comportamiento. Pero al cual Rincón le enseñó a embestir, se mostró, y hizo entender que la cosa era con él. Una de esas tantas faenas que solo Rincón lograba cuajar. Sacando una faena continua y completas a toros que aparentaban no tener nada, y que muchos toreros -estrellas, no maestros- hubiesen dejado ir como si nada. César Rincón se despedida y lo hizo con todo su abaníco de técnica y pureza. Dos orejas bien merecidas. Y una vuelta al ruedo en hombros, su última vuelta al ruedo. Después se levantó a Enrique Ponce, quien entregó todo esta tarde y logró estar a la misma altura del César. Por eso ambos salieron en hombros, y su unieron en un fraternal abrazo que cerró con broche de oro una tarde donde todo se había consumado. Un abrazo tan torero, entre dos personas, dos seres humanos, que esta tarde se habían enfrentado, se habían homenajeado y habían salido triunfantes ambos, demostrando su arte y su valor. Solo hubo ganadores esta tarde y la salida por la puerta grande, a oscuras con un haz de luz que los iluminaban, parecían ambos una visión del más allá, confirmaba lo que parecía una ilusión. Se iba el más grande torero, pero no habían lágrimas. Había fiesta, baile y música. Luces de colores los despedían. Y los corazones de los presentes aún estaban digiriendo tantas cosas sucedidas en una expectante tarde de toros.

Abadía Vernaza

Despedida Rincón

(Así lo captó mi humilde cámara, con un poco de manipulación fotoshopera. No es la mejor, pero es la mía. Ahí estuve.)

Febrero 25, 2008

¡Adiós, Maestro! (en Medellín)

Tal como informé hace unos días, tuve la suerte de ver a Rincón, en compañía de Ponce, en sus dos últimas corridas. En la Macarena, de Medellín y la Santamaría, en Bogotá. Ambos fueron festejos totalmente diferentes. Con notas completamente opuestas. Primero lo primero.

Medellín, esa plaza ultra-moderna (mejor conocida como Centro de Espectáculos La Macarena) me tenía algo desubicado. POr Dios, era como ver toros dentro de una nave espacial. La verdad, las mega estructuras -tipo Discovery Channel- aún no me cuadran con las viejas plazas de toros. El arreglo por fuera no era de todo molesto. Por dentro, era otro planeta. Y yo, me mantenía fuera de foco, olvidando incluso que estaba en una corrida de toros. Era algo irreal. Estaba en un segundo piso cuya inclinación exigia barandillas de seguridad tipo estadio de fútbol. Y como no veía la presidencia, en todo el frente tenía una pantalla que anunciaba las decisiones de ésta -además del nombre del toro, del torero, peso, hierro, picadores, banderilleros, etc. Y por supuesto los trofeos concedidos -no os imagináis mal salían un aviso luminos que decía Dos orejas, mientras titilaba. Faltaban los fuegos artificiales alrededor. O un cubo con 4 pantallas en la mitad -para ver el tercio de tablas que la inclinación del piso no permitía. Era una cosa muy extraña. La más bizarra de toda mi vida. Yo no sabía en dónde estaba.

Y no solo fue bizarra por la plaza como tal. El público de esta es el más desconcertante que he conocido. Juemadre no estaban en una. Y el encierro que tiraron los de Agualuna, el peor de todos los que he visto en toda la temporada. Una mierda, literalmente.  Toros inválidos que es lo más insoportable que puede haber en el mundo del toro. Pero vamos despacio, pa’ poder hablar de todos.

Los toros inválidos fueron la constante. Incluso por uno de ellos presencia una de las imágenes más hirientes que puede haber. El pobre bicho clavó sus pitones en la arena y dio la -ahora frecuente- vuelta o bote. Al levantarse había perdido el movimiento en ambas manos -según me explicaba el vet., una lesión cervical provocaba esa invalidez. Por sentido común, un animal que no puede caminar se apuntillá, de inmediato. Pero el presidente no hacía nada, y el hijoputa puntillero (no solo por esto) tampoco. Después, de puro miedo le pide a otro subalterno que se lo lleve al burladero -pero cómo güevón, no ves que no puede ni caminar. Le tocó colearlo a Rincón, mientras que otros toreros le tomaban de los cuernos y ahí se le dio muerte, después de varios intentos del miedoso puntillero. Otro bicho, que era lidiado por Ricardo Rivera, se echó después de un pinchazo en hueso del colombiano. Y no se paraba por puro manso, no por herida de muerte. Y ante mi estupefacción el presidente autorizó al puntillero de finiquitarle. No pueder ser. Y el malo de este lo paró con tanto descache. Después Rivera volvió a pinchar, el toro se volvió a echar y el puntillero después de varios intentos, lo mató. Y para terminar con esto bichejos, el primer toro de Ponce salió flojo de remos, pero no lo demostró hasta la muleta. Y el público tan sabio pidiendo cambio de toro. Como Ponce se empecinó en torearle a media altura, cuidando con algodones al lisiado torito, el público la cogió contra él, chiflando a toda su cuadrilla y al mismo matador, que a mi opinión estuvo muy torero y profesional. Le hizo una faena meritoria a este animalito de mentiritas, que estaba cogido con hilitos. Naturales a media altura que pesan bastante. Muy torero, Ponce, la verdad, y lo confirmó en Bogotá. Dejemos aquí los animales y el público.

La tarde era de Rincón. El peor lote le salió al maestro. El peor de los peores lotes que han salido esta temporada. Rincón, con valor y ortodoxia hizo lo que pudo. Pero aquí no habían toros, y yo por allá arriba tampoco los asimilaba. Enrique Ponce estuvo como ya dije muy torero. Muy clásico, muy artístico. Hace muchos años no lo veía, y después de ver videos de Acho y de Manizales no le tenía mucha esperanza. Pero me sorprendió gratamente, y con ganas de verle en Bogotá, al otro día, en la despedida del Maestro. Y Ricardo Rivera, dicen otro de los protegidos de Rincón junto a Bolívar, estuvo muy bien. Muy metido en su faena. Muy claro para estar en su tercera o cuarta corrida como matador de toros. Ahí terminaba lo taurino y vendría al día siguiente.

Pero la tarde no terminó ahí. La despedida de Rincón fue extremadamente emotiva. Tanto o más que en Cali. El segundo de Rincón se terminó invalidando, y ante la decepción de todos, el maestro tuvo que matarle prematuramente. Estocada bien ejecutada y la tristeza de una despedida sin toreo. El público se volcó ante él, produciendo una emoción incontenible. Hasta el propio César lloraba en las tablas del callejón. Llorando como lo más nóveles novilleros que lloran de impotencia ante una mala tarde con la espada. Dio una cortísima vuelta al ruedo, despidiendo a todos con su mano derecha. Después, al finalizar la corrida, Ponce había ganado a ley la salida en hombros, y lo acompañaba la salida simbólica del Maestro. Ambos a hombros dando varias vueltas, bajo el grito de Céeeeeeeeesar, Céeeeeeeesar. Y una lluvia de papelillos que inundó a la plaza de un amor por el maestro que se les iba (yo como pocos, tenía otra oportunidad). Sentimental, sí, pero muy sincera. Con amor del verdadero, y eso también vale en estas ocasiones.

La extrañeza de la corrida y del público me hizo respetar un poco más mi plaza de Cañaveralejo. Pero los sentí muy cerca con la despedida. Porque ambas plazas amaron a Rincón como el más, pero sufrieron las consecuencias de su ausencia por muchos años. Y ambas se entregaron a él, a pesar de lo poco que hubo a nivel taurino. Era la despedida de un grande y ahí es difícil ser objetivo.

Abadía Vernaza.

Febrero 23, 2008

Tauro-News Update: Myself (2)

Hoy, desde la Macarena en Medellín.

Mañana, desde la Santamaría en Bogotá.

Asistiendo en ambas a la despedida de César Rincón. A pesar de todo, vale la pena. Es una posibilidad única verle en Cali, y ahora en Medellín y Bogotá. De alguna forma, algo privilegiado. Vendrán comentarios, de todo tipo. De mi primer viaje exclusivamente taurino.

Y después no vengan viejos güevones a decirme que no me gusta esto. ¡Que fríjoles los míos!

Abadía V.

PD: Sobre el anterior avance sobre myself no he olvidado hacer los comentarios de la tienta en Mondoñedo. Solo estoy esperando que termine la temporada y darle la larga pa’ mantener semi-activo este bló. Saludos,

Toro de Osborne

Febrero 19, 2008

Un torero, pero no aquel que el público esperaba

Poco a poco va terminando la Temporada Taurina de Bogotá 2008, y el resultado no pinta muy bien. Al parecer, otra temporada mediocre -como la de Cali y Manizales- donde los toros no han pasado de ser unos bichos, en la mayoría de los casos, mansos, descastados y sin gracia. Alguno medianamente aceptable, pero ninguno de esos que quitan el aliento y llenan de gozo al aficionado con su bravura. Y de los toreros ni qué decir. Todos ahí, como si nada. La verdad es una pena ver hacia donde corre el agua turbia de este molino.

Como dije en la crónica de la corrida anterior -5ta. de abono- ya ni expectativas hay para la corrida siguiente, ni la pa’ la de después, ni nada. Es un cansancio, una resignación, porque cada tarde la decepción es enorme. Ni los nombres en los carteles, ni las ganaderías, nada provoca verdadera emoción. No entiendo cómo putas las Empresas hablan de corridas de “garantías” si no sale nada. Obvio, garantías pa’ ellos, porque pa’l aficionado de verdad no hay garantía de nada. Ni la presencia “de los más grandes toreros del momento”. Todos son figurines que se descabezan a sí mismos, sobretodo los que pasan cien mil euretes. Lease, J. Tomás, El Juli. (No valen lo que cobran, que cagada, pero bueno NO SON IMPRESCINDIBLES, oyeron).

La 6ta. corrida de abono en la Santamaría -penúltima, por cierto- fue en gran medida reflejo de esta mediocridad triste que se ha posado sobre el 99.9999999% de los ruedos del mundo. Los toros de Juan Bernardo Caicedo, me defraudaron, excluyendo el quinto y alguna medida el cuarto, que se partió una pata después de la pica, pero que en ella demostró bravura al caballo, la que tanto me gusta. El quinto fue un animal bravo y complicado. Con mucho genio. Toro pa’ lidiador. El resto, pa’l destazadero. Ahhh, y claro, el cuarto bis, un Guachicono de esos que salían antes, con bravura, con casta. Ambos, cuarto bis y quinto, peleando en varas, y eso sí que me gusta, sí señor.

El Juli, con la MEGA-TENDIDITIS que lo caracteriza. La fiebre de El Juli (conocida como Julinitis) colmó los tendidos de la Santamaría a más no poder. Igual que con Tomasito hace 8 días. Pero al igual que el de Galapagar, el Julicito salió descabezado -en la peor tarde que a mi opinión le he visto, no estaba en nada, o bueno en algo verdadero- y confirmó mis intuiciones relacionadas con la actuación del año pasado. Un torero de masas, pero como la buena masa para asar arepas: blandito, blandito. Y cagado del susto con el Guachiconote que le tocó en suerte por culpa de las despaturrada del juanbernardo. No contabas con ese, Juliancito, y no supiste ni por donde meterle esa espada. Si es por el acero prefiero ver a Miguelito -el súperniño torero- matando que a vos con esa estocada de vergüenza. De hecho, toda la faena fue de vergüenza. Pero relajao, que te entró un jurgo de Euros o Dólares, o lo que sea, pero que es plata es plata.

Por el contrario, está Perera. La verdad no sé cuánto puede cobrar, ni me interesa. Su segunda faena es una de las más honestas que he visto en los últimos años. Una lección de torería, de valentía. De parar, templar y mandar a un bravo toro de J.B. A un bravo, pero peligrosísimo animal, en extremo codicioso y sordo testarudo. A punta de sitio, de temple, cuajó una faena cargada de tensión y peligro, donde los públicos más susceptibles le pedían que se cuidara, y los otros le pedíamos que siguiera así, que nos hiciera sufrir, que amenazara la muerte, que arriesgara la cornada y que triunfara con valentía. Así lo hizo, pa’ fortuna nuestra. Un torero que sabe torear, que sabe lidiar. Un faena profunda, mandando en la cara del toro, embarcándolo en la embestida y dándole continuidad, sin ventajas, ni triquiñuelas. Así quería verte desde Cali, y todo bien, Angelito, no me defraudaste, gracias. Demostraste lo que se puede hacer con un poco de güevitos y orgullo torero. Sin importar el ruedo encharcado, el sentido agudizadísimo del animal, de la frialdad de un público ignorante. La oreja mejor ganada hasta el momento, como dije, la más honesta y merecida.

Mención aparte hago al tercio de varas en esta misma faena. Una excelentísima vara, que acá casi nadie comprende, porque tan acostumbrados están al simulacro de puya, que se ablandan las sensibilidades al ver a un toro dando y recibiendo duro. Una pica que ahormó muchísimo la bravura de este malgeniadísimo Juan Bernardo. Como debe ser, pa’ eso están los caballos en la lidia.

Bolívar no me terminó de llenar. Y eso que soy muy bolivarista -pa’ no confundir con el socialismo latinoamericano del s.XXI- En su primero estuvo muy por debajo de todas sus capacidades. Por mucho. En el último cuajó una faena que en el fragor del momento no me disgustó, pero después me dejó un agridulce que no me agradó. No sé, faena voluntariosa, pero con mucho de criollo y tropical, también con algo de triunfalismo. No sé, muy promedio. Nada del otro mundo -obviamente, dos orejas gracias al público presente.

Así fue la penúltima corrida de toros este año en la Santamaría -puede ser antepenúltima porque se rumora un festejo de colombianos para el mes de marzo. Con un marcado contraste. Donde la figurota salió por la puerta de atrás, y los “menos importantes” han salido mejor parados -Castella frente a Rincón, Ramsés frente a Tomás, Perera y Bolívar ante El Juli. Una temporada que se va cerrando con un broche de plástico. Pálido y blandito como el público de la Santamaría. Una tarde de contrastes, donde hasta mi pasión y mi pequeño pero sincero conocimiento de la Fiesta fue groseramente ofendido y puesto entre dicho, por un viejo hijoputa (perdón el insulto) que no sé qué diablos se cree. Una lástima encontrarse personas así en la Plaza de Toros. Supuestos aficionados que se creen mejor que los demás, porque tienen plata, posición social, edad o apellido. Me vale culo eso. Yo voy a Toros porque me nace y qué. Y no soy cualquier pelmazo.

La corrida no me dejó del todo cabizbajo -gracias a Perera, sin duda. Pero la expectación pa’ la Corrida del Adiós es ninguna. Un mano a mano de “garantías”, pero repito, garantías para quién. Para mí no son, eso es seguro.

Abadía Vernaza.

PD: Tal como conté el viernes, estuve en una tienta, en la ganadería de Mondoñedo. Y fue una muy bonita tarde. Vale la pena hablar de ello más adelante. Y sobre aquella emblemática ganadería colombiana.

Next Page »